Este miércoles tuve la oportunidad de participar del Seminario de Aprocaboa sobre ganadería en el Mercosur.
El primer comentario que hay que hacer es que el tema sigue siendo convocante. Hace rato que no veía el auditorio de la Bolsa de Comercio de Rosario tan lleno, fenómeno que ocurrió desde la apertura y se profundizó sobre el cierre, lógicamente con la atracción que provoca el Rabino Bergman.
Pero vayamos al tema que nos convoca, la ganadería.
Diría que en líneas generales se observan dos posiciones, creencias, escenarios o como querramos llamarlo sobre la ganadería en la Argentina.
La primera reafirma la tradición ganadera del país, sus condiciones para producir carne vacuna, el prestigio de sus carnes y proyecta un retorno de la senda de crecimiento cuando se hayan eliminado todas las distorsiones que alteran el mercado, desde los ROE hasta los subsidios a los feedlots, pasando por la intervención de los mercados, pesos de faena, etcétera, etcétera, etcétera.
Esta visión toma los casos vecinos de Brasil, Uruguay y Paraguay y sostiene que esa línea de crecimiento podría haber sido la de la Argentina de no haber mediado la intervención negativa del Gobierno, particularmente a partir de 2006.
La segunda reafirma la tradición ganadera del país, sus condiciones para producir carne vacuna, el prestigio de sus carnes, pero agrega algunos “peros”.
El “pero” número uno apunta a la dinámica del mercado global.
Es que el de la carne vacuna no es el más dinámico de todos, precisamente. Pareciera incluso que es una torta relativamente estable, donde el crecimiento de unos se hace a expensas de otros. Por ejemplo, la salida de la Argentina del club de proveedores fue aprovechada por nuestros vecinos del Mercosur. Su éxito en buena parte se debe a nuestro fracaso. No se vislumbra que haya una “explosión” en el consumo de la carne vacuna en el mundo, lo que no quita que constituye un atractivo negocio.
El segundo “pero” tiene que ver con el costo de oportunidad de la tierra. Decía el brasileño Julio Barcellos que para que un novillo pudiera estar ocupando una hectárea de campo agrícola, el invernador debería cobrar tres dólares el kilo, para que su novillo fuera competitivo respecto de un cultivo.
La realidad es que en el mejor de los casos (Brasil y Paraguay), el precio del novillo ronda la mitad de ese valor, aunque es casi el doble de lo que recibe el engordador argentino.
El tercer “pero” apunta a la nueva concepción del negocio. Los grandes grupos frigoríficos brasileños no solo se están integrando en el segmento de la carne vacuna entre los distintos mercados (Brasil, Uruguay, la Argentina) sino que además están incorporando el negocio del pollo y del cerdo.
Para estos jugadores, el negocio van a ser “las carnes” y en función de cómo esté la dinámica de la demanda impulsarán o retraerán la oferta de su portfolio de pollo, cerdo o bifes.
Por otra parte, tendrán (de hecho la tienen) la posibilidad de direccionar el producto desde la región proveedora que más les convenga. Hay un comprador en Medio Oriente y un proveedor en el Mercosur, pero los bifes podrán venir de un campo y un frigorífico que tanto puede estar en Buenos Aires, como en Uruguay o en Rio Grande do Sul.
El cuarto “pero” tiene que ver con el patrón del consumo de carnes en la Argentina. Estamos totalmente desbalanceados, ya que consumimos enormes cantidades de una carne que en términos energéticos es muy cara de producir y por ende relativamente más costosa en el mercado global.
En este sentido hubo un consenso en que a futuro los argentinos deberemos resignar kilos de carne vacuna en nuestra dieta a favor de otras carnes (pollo o cerdo).
En lo que también hubo un principio de acuerdo es que más tarde o más temprano (según Víctor Tonelli empezó ya) el precio de la hacienda va a empezar a subir quiera o no quiera el gobierno.
La expectativa es que saliéndose la carne vacuna de estos valores artificialmente bajos, se va a generar una brecha de precios a favor del cerdo o el pollo, que impulsará su consumo y desarrollo (particularmente del cerdo).
Hay un quinto “pero”. Hay un modelo de ganadería basado en la idea del sujeto productor que cría sus vacas y que engorda sus terneros, los recría o los vende al engordador. En Brasil, este modelo asociado a la tradición “gaúcha” es el paradigma de los estados del sur.
Pero en los nuevos estados ganaderos tropicales no hay tradición. Hay fondos de inversión con anónimos accionistas de otras latitudes que gerencian el negocio ganadero, tomando decisiones empresarias sin influencias de la pasión por estos rumiantes.
No estamos exentos de este sistema en la Argentina. Hoy hay grupos inversores operando en tierras extrapampeanas invirtiendo en hacienda que se conseguía a muy bajo valor relativo en estos últimos tiempos y tomando decisiones en función del rendimiento del dinero.
¿Qué ganadería veremos en el futuro inmediato? ¿Cuál será su magnitud? ¿Quiénes serán sus protagonistas?
Tengo también otras preguntas más incómodas, pero me conformaría con ir abriendo el debate en estas tres.
RSS Feed
Twitter
Linkedin
