Archivo - Abril, 2009

Gobiernos y Cosechas ¿quién condiciona a quién?

Tal vez la historia política de la Argentina se pueda escribir a partir de las cosechas.

Por estos días he estado preparando un artículo donde trazo los paralelos entre los gobiernos de Alfonsín y los Kirchner en lo que a la cuestión del campo respecta.

Un dato interesante es que el radical había entrado al gobierno con una cosecha récord. Por primera vez se superaban las 40 millones de toneladas. Después vino la gran cosecha de la esperanza democrática y se llegó a las 44 Mt.

Por aquellos días, con Grinspun en Economía, Alfonsín decía que las retenciones eran un elemento de la política económica y que aquellos ingresos fiscales que se obtuvieran por encima de las 40 Mt iban a volver “en parte” al sector agropecuario que los había producido (rememora al Maíz Plus y Trigo Plus de CFK).

No voy a entrar en precisiones para no “quemar” el artículo que se publicará. Pero lo cierto es que la crisis de su gobierno, en 1988/89 coincide con una cosecha que se había desplomado a unas 27 Mt. De punta a punta había perdido el 40% de las toneladas.imagen-15

Saltando en el tiempo 20 años, los primeros años de Kirchner coincidieron con cosechas crecientes, aunque en esta ocasión los buenos precios de los granos eran un factor externo positivo del que no pudo gozar Alfonsín.

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La Persecución Ideológica del Glifosato y Otras Disquisiciones sobre el Ambientalismo

Días atrás ojeaba un proyecto de declaración de dos diputados provinciales en Buenos Aires, expresando su preocupación por las consecuencias que sobre la salud humana pueden tener las aplicaciones de glifosato que las empresas de ferrocarriles realizan en torno a las vías de tren.

En los fundamentos, los bienintencionados legisladores señalaban la movida que venían haciendo varias ONGs del partido de Vicente López para impedir la aplicación del herbicida.

Este hecho, si se quiere minúsculo, es la punta de un iceberg de un frente que, parado en la vereda del ambientalismo y la salud, pide a gritos el fin de los agroquímicos.

Pero antes de entrar en el tema, quiero señalar dos o tres cosas que me llaman profundamente la atención:

1) Si el glifosato es tan peligroso para la gente, que la sola fumigación de los yuyos en las vías del tren representa un riesgo para los vecinos, ¿como es que los contratistas rurales, que manejan los tractores y las fumigadoras, o los mismos ingenieros agrónomos no están ya todos muertos?

2) ¿No deberíamos entonces parar la fumigación contra el mosquito del dengue? Seguramente hay algún estudio científico que dice que el principio activo del insecticida genera mutaciones en el tracto intestinal del embrión de los batracios.

3) ¿Por qué los presuntos efectos nocivos del glifosato sobre la salud ocurren en proporciones escandalosas en determinados lugares, y en otros, donde las condiciones son exactamente iguales, parece que nunca hubo problemas?

4) ¿Por qué la única voz que se escucha es la del ambientalismo, y las cámaras empresarias de la industria de los agroquímicos guarda un extraño silencio, así como las asociaciones profesionales (salvo honrosa excepción) o las mismas entidades de productores? (corrección post publicación: el viernes Ciafa y Casafe salieron a cruzar las denuncias con un comunicado).

5) ¿Quién gana y quién pierde si se prohiben agroquímicos genéricos como el endosulfán o el glifosato?

Vayamos desgranando estas cuestiones.

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Matar al mensajero: El silencio informativo como herramienta de política

Normalmente, pasados unos 45 días cualquier persona con acceso a internet podía saber cuál había sido la molienda de cereales y oleaginosas de un determinado mes en la Argentina.

Por ejemplo, a mediados o fines de setiembre estaba disponible la información de julio, un mes después la de agosto y así sucesivamente.

Si bien esto no era lo ideal –ya que por un lado los operadores están obligados a informar prácticamente en tiempo real y por el otro existen dispositivos informáticos para procesar y hacer accesible esa información- al menos permitía darse una idea –hay que remarcarlo, con información oficial- de la evolución de esa actividad.

Llamativamente, a partir de diciembre esa información dejó de actualizarse.

Al principio podía ser adjudicable a alguna circunstancia puntual propia de fin de año, pero el hecho de que a abril de 2009 todavía siga siendo la de setiembre de 2008 la última información disponible sobre la molienda, habla cuando menos de la escasa prioridad otorgada a la acción de informar.

Sin embargo no se trata de un hecho aislado. Gran parte de la información que se suministraba acerca del mercado granario o vacuno ha sido suprimida o reemplazada por otra de menor calidad.

El último caso, público y notorio, ha sido el de las estimaciones de cosecha, donde la correspondiente a marzo seguía el viernes 3 de abril sin difundirse, lo que no hace sino acrecentar las sospechas sobre la manipulación de la información.

Sin embargo no se debe caer en la ingenuidad: sectores ideológicamente contrarios al gobierno han utilizado las estadísticas públicas para hostigarlo y, con el apoyo de sistemas de medios afines, crear en la opinión pública sensaciones negativas favorables a sus posiciones.

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