Archivo - Mayo, 2009

Retenciones Felices, la propuesta que unifica al arco político para el 28 de junio

Tal vez el primero en reconocerlo haya sido Ricardito Alfonsín, a poco del fallecimiento de su padre, cuando comenzó a tener mayor exposición mediática: nadie en su sano juicio podría prescindir de las retenciones para administrar el país.

Esta afirmación premonitoria comienza a tomar forma ahora, a medida que los contendientes del 28 de junio dan a conocer sus definiciones en el tema agropecuario.

De esta forma nadie podrá sentirse traicionado el día después, pero se da la paradoja para el sector agropecuario que aquello por lo que se luchó tanto, difícilmente cambie: las retenciones parecen haber sido asimiladas por la política como una herramienta insustituible para la gestión de gobierno.

Comencemos por Francisco de Narváez, que presentaría su propuesta el próximo 9 de junio en Pergamino, por lo cual para conocer su opinión en la materia hay que remitirse a la página web.

Allí, en el ítem “Economía y Producción”, dice en el Punto 3 que su propuesta es: “Impulsar la revisión integral de la política de retenciones, disminuyendo gradualmente las alícuotas y segmentando el tributo por cultivos, escalas y regiones”.

Lo concreto de la propuesta es “impulsar el análisis”, a lo cual se supone devendrá una disminución (no eliminación) gradual y por segmentos.

Más concreto fue el candidato del PRO en Entre Ríos, Armando Saliva, que dio un indicio respecto de qué tan gradual podría ser el proceso: “cuatro o cinco años” aseveró.

En el otro extremo del espectro ideológico, el Frente Progresista del gobernador Binner tampoco se propone la eliminación de los derechos de exportación.

En su Propuesta Agropecuaria, el binnerismo plantea “un régimen de retenciones segmentadas y progresivas, con un tope que no afecte la rentabilidad de los productores”.

Como se ve, acá directamente no se habla de disminución sino de adecuación del canon en función de la escala del productor. Y en cuanto a la alícuota, la define como “aquella que no afecte la rentabilidad”, es decir un concepto tan inestable como el que disparó el conflicto, allá por marzo de 2008.

Más concretos, Elisa Carrió y sus adláteres del Acuerdo Cívico y Social han manifestado que promoverán la eliminación de las retenciones al trigo, maíz, sorgo, carnes y productos regionales, pero no a la soja, que pasaría a tributar el 25%.

Las crónicas periodísticas cuentan que un productor autoconvocado que participaba de la reunión les espetó “Los veo dubitativos. Las retenciones deben desaparecer.

Los líderes del acuerdo fueron sinceros: “va a pasar un tiempo hasta que gradualmente podamos eliminarla”, le contestó Prat Gay.

Por otra parte, el economista consciente de que los números fiscales tienen que cerrar sí o sí, adelantó que el agujero que dejen las retenciones sería cubierto por un impuesto que grave la “renta extraordinaria”.

El pensamiento de Carlos Reutemann, otro emergente del conflicto rural, podría ser el que plasmó en su proyecto de ley presentado en ocasión de la votación de la 125: retenciones de entre 22 y 30%, con segmentación por escala y excedentes aplicables al pago del impuesto a las Ganancias (al igual que el 70% del gasto en fertilizante).

Más actual, en una misiva dirigida a las entidades rurales de la provincia, los candidatos del peronismo entrerriano, donde Jorge Busti aparece ligado al proyecto reutemista, señalan estar dispuestos a “discutir sobre el nivel de retenciones y segmentación sobre distintos productos”.

Barrandeguy, número 1 de la lista y Cristina Cremer de Busti, número 2, apuntan que “en el caso de los cultivos agrícolas pampeanos se tiene que debatir en el marco de una mesa técnica (…) los niveles de retenciones que garanticen a los productores una rentabilidad razonable“.

Conclusión: a 14 meses del inicio del conflicto de la 125 pareciera que la discusión en torno a los derechos de exportación ha servido más a los fines políticos que a los sectoriales.

La eliminación de las retenciones ingresa al plano de la utopía, aún en aquellos partidos que han captado la simpatía de los ruralistas, y la discusión en torno a ellas seguirá girando en torno a zonas grises como “segmentación”, “asegurar rentabilidad”, “escala”, etcétera.

Así las cosas, tal vez lo único que cambie después del 28 de junio sea la sensación de que antes había retenciones “malas” y que ahora llegarán las retenciones “buenas”.

Javier Preciado Patiño

El PJ chacarero, el contrapeso al eje bonaerense en la sucesión del kirchnerismo

La primera chicharra de alarma que sonó en el hasta ese momento monolítico poder kirchnerista vino desde dentro del PJ.

Fue un tiempo después de comenzado el conflicto por la 125, cuando un grupo de legisladores provinciales peronistas de Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, que respondían a los liderazgos de Jorge Busti, Carlos Reutemann y Juan Schiaretti, emitieron un documento crítico de la posición tomada por el Gobierno nacional respecto de la cuestión agropecuaria.

Fue crítico no por tomar partido por el ruralismo, cosa que no hizo, sino por no adherir incondicionalmente al dogma K que bajaba desde la Casa Rosada y Olivos.

Con el correr de los meses, a medida que la Mesa de Enlace tomaba un perfil netamente opositor, apalancándose en los espacios de la Coalición Cívica, el Pro y el Radicalismo, estos pioneros del disenso dentro del PJ aparecieron en una oposición intermedia.

Incluso el ex gobernador Busti mostró hasta dónde llegaba su juego, cuando criticó con dureza el apriete sufrido por su mujer, diputada nacional, a manos de ruralistas extremos.

Jorge Lagna, diputado santafesino reutemista, definió bien la posición en diálogo con quien escribe estas líneas. “Para nosotros, los peronistas de paladar negro, Reutemann nunca se gorilizó. Siempre marcó una posición de diferenciación con el gobierno, pero no participó de actos de la Mesa de Enlace y nunca se fue del peronismo, a pesar de que fue tentando para integrar un frente anti gobierno”, dijo el diputado.
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El conflicto del campo: Perdedores y ganadores, tras el cierre de las listas

El conflicto del campo dio un aire inusitado a una diversidad de personajes y políticos que transitaron hasta el cansancio los pasillos de los canales de TV y que dedicaron horas de su vida a estar frente al micrófono del movilero o el teléfono del entrevistador radial.

Sin embargo, el cierre de las listas deja en claro que la política es ingrata y que todos esos esfuerzos no significan necesariamente asegurarse un lugar para continuar o ingresar a la farragoso mundo legislativo. Veamos algunos casos.

And the losser is…

Pedro Morini, diputado radical por Santa Fe. Cuando El Federal le preguntó “¿Hay candidatos del campo en la lista radical de Santa Fe?”, contestó sin dudar, “Claro, ¡Pedro Juan Morini!” Sin embargo, el armado del Frente Cívico y Social binnerista lo dejó afuera a la hora de renovar su banca. Jorge Álvarez, en su lugar, será quien represente al radicalismo en el Congreso Nacional a partir de diciembre de 2009.

Francisco Ferro. Diputado nacional por la Coalición Cívia e incansable defensor de la causa rural. No le alcanzó para renovar. Aseguran que fue Margarita Stolbizer la que lo vetó. Otra vez será.

Alberto Cantero Gutiérrez. El titular de la comisión de Agricultura le puso el pecho a las balas durante el conflicto de la 125. Aseguran que con la ida de Alberto Fernández de la jefatura perdió su referencia en el firmamento K. No renueva y retoma su actividad docente en la Universidad de Río Cuarto. Suficiente de política.

Roberto Urquía. Ni se cruzó la posibilidad de que renovara su banca. Salió mal parado con el campo, por K, y con los K por tibio. Al lado de esto, el mercado de los commodities es un bálsamo de paz.

Osvaldo Salomón. El jefe de Chabás le puso todas las fichas a posicionarse como el intendente pro campo de Santa Fe. Contó con agente de prensa para facilitarle el acceso a los medios y todo. En el entorno despotrican contra Reutemann, diciendo que no lo quiso llevar en la lista por ser demasiado anti K.

Fernando Fischer, colega de Salomón en el municipio de Armstrong, hizo punta tomando posición pro campo cuando el conflicto arreciaba, siendo peronista. Se la jugó, pero no le sirvió. Tuvo la poca feliz idea de parodiar a Galtieri. “Si quieren venir, que vengan”, dijo en un acto ruralista. Se quedó afuera invocando las mismas razones que Salomón.

Mario Ardid. El diputado juecista tuvo un activo papel legislativo presentando proyectos favorables al sector agro, en particular al de las maquinarias. Pero la implacable “maquinaria” de la política no le revalidó los pergaminos. Otro que lo mirará por TV.

Héctor “Cachi” Gutiérrez. No se jugó demasiado durante el conflicto. Pero el cobista intendente de Pergamino cayó bajo el fuego de las operaciones de Lilita. Cuando se definían las listas le tiraron un escándalo prostibulario en sus pagos y se tuvo que bajar. Su lugar lo ocupó el intendente de San Pedro, Mario Barbieri.

Carlos Cheppi. Se especuló que iba a dejar la Sagpya para integrar la lista del Frente para la Victoria, por su pago chico: Mar del Plata. Pero las malas lenguas dicen que un sondeo le dio muy mal y lo bajaron. Lo concreto es que Cheppi levantó un poco el perfil de su figura como secretario de Agricultura. ¿Tendrá algo que ver?

And the winner is…

Raúl Rivara. El felipista ex ministro de Asuntos Agrarios bonaerense entró en el puesto 11 de la lista de Pro Peronismo, gracias a la salida (escandalosa) de Jorge Sarghini, ultra enfrentado con De Narváez. Tiene chances de entrar. Un ejemplo para creer en la fidelidad.

Gumersindo Alonso. Cantó bingo al encabezar la lista del juecismo para diputados nacionales por Córdoba. Es el partido que viene mejor posicionado para las elecciones y el ex secretario de Agricultura en las postrimerías del gobierno de Menem se luce a la cabeza, para volver a ocupar una banca.

Mariano West. Haciendo gala a su apellido, este legislador del oeste del conurbano y miembro de la comisión de Agricultura de la Cámara baja tuvo premio al ocupar un lugar destacado en la lista K.

Acerca de la Plasticidad Profesional de los Ingenieros Agrónomos

Siempre me ha llamado la atención el hecho de encontrar a profesionales de la ciencia agronómica ejerciendo muy eficientemente tareas que están más allá de las incumbencias profesionales.

Recuerdo especialmente, con mucho afecto, a uno que se desempeñaba como gerente de Relaciones Institucionales de una empresa de servicios de salud. O a un ex compañero de la facultad que ahora gerencia desarrollos urbanos.

Entiéndase bien. No estoy hablando de aquellos profesionales que por no haberse podido insertar dentro de las áreas naturales de trabajo tuvieron que desarrollar otras tareas para ganarse la vida, sino de aquellos que por sus competencias intelectuales y de liderazgo hicieron una brillante carrera en áreas completamente ajenas.

En este sentido, leyendo las recomendables memorias de Gustavo Caraballo (“Entre Las Bambalinas del Poder”) me topé con un dato que ratifica mis sospechas. Se menciona allí que Orlando D’Adamo, artífice del Pacto Social con el que Perón asume su gobierno en el 73 y “quien dirigía las riendas del Ministerio de Economía” durante la gestión de José Ber Gelbard, era ingeniero agrónomo.

Carlos Leyba, subsecretario en esos años, en el también recomendable libro “Economía y Política en el Tercer Gobierno de Perón”, lo menciona como “ingeniero” a secas, “intelectual” y “empresario”.

Caraballo se refiere así a D’Adamo:

“Había sido asesor en los dos últimos años de Frondizi y realmente era un hombre extraordinario. Íntegro, trabajador hasta más allá del cansancio, lúcido, ajeno a todo interés personal ni a ninguna figuración política (…). D’Adamo viene de la CGE (Confederación General Económica), era un ingeniero agrónomo. Tenía una compañía que hacía forestaciones. Era de origen socialista y llevó al Gobierno (de Perón) a dos compañeros suyos ingenieros agrónomos, uno de los cuales fue el ingeniero Lucas Tortorelli (…). El verdadero factotum de la política económica era Orlando D’Adamo”.

En tanto, en el libro de María Seoane, “El Burgués Maldito” (dedicado a José Ber Gelbard), aparece mencionado en cuanto a su formación como ingeniero forestal.

Lo relevante, en cualquier caso, es que alguien que venía de las ciencias agropecuarias tuviera un rol clave en administraciones de dos figuras relevantes de la política argentina como fueron Perón y Frondizi.

Más allá de los juicios de valor que los lectores de este blog tengan sobre la tercera presidencia de fundador del PJ, el hecho aquí es destacar lo que yo entiendo como un meta atributo de la formación profesional de los agrónomos: su plasticidad.

Desconozco si en otras carreras ocurren procesos similares, a excepción de los ingenieros industriales y ramas afines que han sido descubiertos como extraordinarios talentos para gerenciar corporaciones.

En lo que respecta a los agrónomos me permito aquí esbozar una teoría: La plasticidad profesional tiene que ver con la visión se adquiere al aprender a manejar los complejos sistemas biológicos. (más…)