Archivo - Junio, 2009

La ilusión de la carne barata abortó la oportunidad para desarrollar más la industria porcina y avícola

Si tomamos como punto de partida del conflicto agropecuario el momento en que se implementa el peso mínimo de faena, allá por agosto de 2005 (Resolución SAGPyA 645), la conclusión es que este Gobierno quedó atrapado en el laberinto de la carne vacuna, del cual nunca pudo salir, y que se fue propagando sucesivamente al trigo y el maíz, sumando en la carrera el problema de las retenciones.

Por qué la carne resultó ser un callejón sin salida donde se estrelló la política oficial.

Desde siempre, para los gobiernos la carne vacuna es un elemento sensible, por su valoración cultural en la dieta de los argentinos y por ende, por su impacto en el costo de la vida.

Como sociedad, constituimos una rareza global, ya que la mayoría de los pueblos que han accedido a las proteínas animales lo hacen a partir del cerdo y de las aves.

La carne vacuna en esos países es prácticamente una excentricidad o un lujo permitido solo en ocasiones especiales.

Pero por determinadas circunstancias históricas y tecnológicas, los argentinos hemos disfrutado a mansalva de este manjar y lo convertimos en un producto básico de nuestra dieta. Somos capaces de comernos 100 kilos por año, si el precio y la disponibilidad lo permiten.
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Carlos Leyba: “No hay condiciones para recrear un nuevo pacto social”

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Pasados sus 70 años, Carlos Leyba mantiene un lúcido análisis de la realidad político social argentina. Proveniente de las filas del Partido Demócrata Cristiano, se desempeñó como subsecretario de Programación y Coordinación del Ministerio de Economía, durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, durante la gestión de José Ber Gelbard.

En esos años fue testigo y partícipe del armado del Pacto Social, una experiencia política hoy casi olvidada que buscó el crecimiento económico con distribución del ingreso. La crónica de esos días fue volcada por Leyba en su libro “Economía y Política en el Tercer Gobierno de Perón” (Editorial Biblos).

En una sociedad actual con crecientes grados de intolerancia y radicalización, donde las opciones tienden a formas binarias extremas, ¿hay posibilidades de recrear un nuevo pacto social, un acuerdo de los argentinos en donde fijemos las metas y las formas de nuestra sociedad?

Sintéticamente, Leyba cree que no. Esencialmente porque no hay visiones de largo plazo en donde se apalanque el debate. Porque no hay liderazgos políticos como en aquellos días. Porque no hay producción intelectual del país que queremos a futuro. Y porque el aparato económico, en lo empresarial, sindical y estatal ha mutado en su naturaleza.

Sin embargo, deja la puerta abierta para otra vía de construcción. Leámoslo en sus propias palabras:

-(J.P.P.) En su libro hay un tema que es central: la posibilidad de generar un consenso entre los estamentos político, laboral y económico. ¿Sería necesario hoy recrear un acuerdo de esa magnitud? ¿Qué elementos faltan para poder hacerlo?

-(C.L.)Sin dudas, no hay ninguna posibilidad de resolver los problemas de esta sociedad sin un programa de largo plazo. Y para un país como la Argentina que ha caído por debajo de su potencial, que se ha subdesarrollado, se requiere una visión de largo plazo. La pregunta es, entonces, si la Argentina tiene disponible una visión a largo plazo. Y mi opinión personal es que no.

-¿Qué naciones cuentan con esa visión de largo plazo?

-No hay ningún caso de una nación que no lo tenga. No existe una política sanitaria, educativa, energética, de transporte que no tenga una visión de largo plazo. Después de eso, vienen las administraciones. Fíjese qué cosa importante, lo que legitima el poder, o la discusión por el poder es, justamente, una oferta de un proyecto a largo plazo. Qué sentido tendría que usted quiera el poder o pretenda retenerlo si no tiene una visión a largo plazo. Pero como nadie la tiene, ambos se deslegitiman; el opositor y el oficialista se deslegitiman mutuamente por no tenerlo y los dos tienen razón. Y ninguno de los dos lo tiene porque no lo tiene la sociedad. Si usted visita la CGT no se va a encontrar con ningún centro específico que esté proyectando la condición de la case obrera de acá de diez años. Si visita un industrial, tampoco. Si va a la universidad tampoco encontrará ningún centro poderoso donde profesionales, que los hay, estén estructurando una visión a largo plazo. Las carreras se construyen a ponchazos. Si usted va al gobierno nacional o a los provinciales, no hay más concejos nacionales de desarrollo ni institutos de planificación. La oficina, el centro del pensamiento a largo plazo no existe. Por supuesto puedo equivocarme, puede dar un pequeño ejemplo. Pero fíjese usted que si hubiera un proyecto de largo plazo en el tema de transporte, a nadie se le hubiera ocurrido plantear un tren bala a Rosario.

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