Archivo - Octubre, 2010

¿Cuánto glifosato se aplica con avión?

El Movimiento Antisoja Argentino ha instalado en la sociedad, con bastante éxito por cierto, la imagen de un avión fumigando la soja con glifosato, como ícono de la amenaza a la salud y el ambiente.

Ahora bien, realmente, ¿cuánto glifosato se aplica con avión en la Argentina?

Hace pocos días, en Arequito, en una charla que daba para productores pregunté cuántos de ellos habían aplicado glifosato alguna vez con avión. Nadie levantó la mano.

De vuelta en Buenos Aires estuve indagando con aeroaplicadores acerca del uso más frecuente del avión.

Las tres fuentes que consulté indican lo más demandado es la aplicación de insecticidas, seguido de fungicidas.

Herbicidas, en cambio, no es más de un 10% de lo que trata un avión al año y de esa parte, el glifosato es mínimo.

Pero los aplicadores aportaban otro dato: la posibilidad de deriva aplicando herbicidas es mínima porque se usa un tamaño de gota mayor, entre otras cosas para evitar dañar cultivos aledaños.

Otra conclusión que surge de aplicar el sentido común es que al productor no le haría ninguna gracia pagar producto y aplicación que terminen más allá de su lote. Económicamente es un desperdicio.

“El chacarero te da lo justo o un poco menos, incluso”, reconoció uno de los consultados.

Conclusión: el avión que aplica glifosato es algo así como la fotografía de los marines plantando la bandera estadounidense en el monte Suribachi de Iwo Jima, es decir, una ficción magistralmente utilizada.