Archivo - Enero, 2011

La Mesa de Enlace es al kirchnerismo lo que Ubaldini al alfonsinismo

 

¿Busca la dirigencia rural una solución a la problemática de sus representados o su real objetivo es “desgastar al Gobierno” como alguna vez lo admitiera Eduardo Buzzi?

Hay varios elementos que llevan a pensar que la respuesta es el desgaste, bajo la cobertura de soluciones para el sector. A la natural poco afinidad de la dirigencia rural con el peronismo (a las pruebas me remito: ver por qué partidos han entrado los agrodiputados), se le suma el especial encono con el kirchnerismo, al que consideran heredero de la izquierda peronista de los 70.

La cuestión de fondo es la concepción del rol del Estado en la economía. El kirchnerismoles  representa una irreverente forma de protagonismo de la política en el mercado, lo cual resulta asbolutamente inaceptable para la dirigencia, particularmente la más conservadora, que se inclina por la opción liberal, aun dentro de los partidos tradicionales como el radicalismo (por eso no les gusta el alfonsinismo) o el peronismo.

De manera que más allá de la real y legítima problemática de la producción agropecuaria, el ruralismo transmuta de actor económico social a político.

Hurgando en antecedentes recientes sobre actores económicos o sociales que se convierten en herramientas políticas, podríamos remitirnos a Saúl Ubaldini y su CGT Brasil, en los años del alfonsinismo.

Montado sobre el también legítimo reclamo de los trabajadores, el sindicalismo peronista fue un factor clave para profundizar el desgaste del partido radical gobernante.

El disparador pudo haber sido el afán de Alfonsín para cambiar la ley sindical, en el inicio de su gestión, que tocaba los resortes del poder gremial. Tal vez la Ley Mucci haya sido para Alfonsín lo que la 125 fue para Cristina.

Pero más allá de la Ley Mucci o la 125, las condiciones ya estaban dadas para que el fermento de lucha política se expresara de alguna manera.

Hoy el ruralismo acredita en su activo haberle propinado la primera gran paliza política al kirchnerismo. Esto es admitido por la misma Presidenta. Pero la oposición hasta ahora no ha podido capitalizar el servicio que le prestó el campo.

Este año electoral comienza con un paro agropecuario. Las exigencias de la Mesa de Enlace se parecen más a las condiciones del Tratado de Versalles que a una propuesta de negociación.

Así, de acá hasta las elecciones es probable que veamos una situación de tensión permanente -montada sobre distintos disparadores- en función de una dirigencia rural que busca ser el factor decisivo de la derrota política de su gran enemigo.