Archivo - Julio, 2011

Factoría Fotosintética o Agro con Desarrollo Industrial

Hace un tiempo publicaba en este mismo espacio que “la agregación de valor es lo que define al modelo”. Es hora de retomar la cuestión a la luz del debate eleccionario.

Podríamos imaginar una misma producción granaria, por ejemplo la de las 100  millones de toneladas, bajo dos formatos completamente distintos.

En el primero, el país importa todos los insumos y los bienes de capital que se necesitan para alcanzar esa producción -la genética, los fitosanitarios, los fertilizantes, los tractores, sembradoras, cosechadoras- y exporta esos granos tal cual como salen de los lotes.

En el segundo, también producimos 100 millones de toneladas. Pero todos los insumos y bienes se producen dentro de nuestras fronteras y el grano que se cosecha, se procesa y transforma ahí nomás de donde se producen.

En este segundo caso, en la Argentina hay fábricas de tractores, cosechadoras, sembradoras y fumigadoras, que consume energía y acero, y crean puestos de trabajo. Hay fábricas de fertilizante que demandaron inversiones multimillonarias y mucho conocimiento, generando además más puestos de trabajos. Hay ingenieros agrónomos argentinos con doctorados en mejoramiento genético junto a biotecnológos trabajando en semilleras pequeñas, medianas y grandes que crean germoplasma y eventos para los productores locales y licencian los frutos de su trabajo intelectual a otros países del Mercosur y más allá.

En este segundo caso en cada pueblo se ha montado una aceitera, que vuelca las harinas proteicas a los galpones de cría porcina y avícola que han surgido en torno a los campos de producción. Hay también plantas de bioetanol que producen energía para la región no solo a partir de granos sino también de la celulosa que hasta el presente se desperdiciaba.

Las granjas avícolas y porcinas se han integrado a la industria frigorífica y forman sus propias redes asociativas o se integran al tejido cooperativo rural.

De esta forma, el precio del grano ha ido dejando de arbitrarse por los puertos de exportación para basarse en la competencia de los transformadores por la materia prima. Pero muchos productores ya son socios o parte del negocio de la proteína animal, con lo cual ahora captan una tajada mucho mayor en la renta de la cadena agroalimentaria.

Por otra parte se ha desarrollado una fuerte cultura de marketing de los alimentos y ahora cualidades como el origen son reconocidos en el mercado internacional. Los productores, asociados en las industrias alimentarias, participan de los consejos de denominación de origen y marcas, y se integran a las misiones comerciales al exterior para posicionar sus productos.

Medido en toneladas de granos, el resultado sería el mismo, pero estamos hablando de dos países completamente distintos.

En el primero la Argentina constituye una plataforma fotosintética para que los cultivos capten la energía solar y el agua que cae en las pampas y produzcan el grano que necesitan los compradores internacionales.

En el segundo modelo, aprovechamos esa necesidad y la satisfacemos, pero generamos valor aguas arriba y abajo del eslabón productor de los granos. Podemos decir que así creamos riqueza con equidad.

En principio, ningún político diría que está en contra del segundo modelo. Sin embargo, la realidad nos muestra que el modelo de la factoría fotosintética se encuentra tan internalizado en algunos sectores políticos y sociales, que solamente haciendo explícita la necesidad de agregar valor en origen se puede revertir esa concepción del papel del agro en la economía argentina.