Archivo - Agosto, 2011

En 1876 Vicente F. López ya anticipaba el debate por el Valor Agregado en Origen

El debate respecto de la orientación del país, si ser proveedor global de materias primas sin valor agregado (factoría fotosintética) o ser proveedor de alimentos de alimentos que han pasado por el proceso industrial (con consiguiente valor agregado) lleva por lo menos  135 años.

Es que en 1876, cuando se debatía la Ley de Aduanas, Vicente Fidel López, hijo del autor del himno nacional y destacada figura de la política, anticipaba la precariedad de una sociedad que no agregaba valor a su producción.  “Él (por Norberto de la Riestra) cree que nosotros, limitándonos a la producción de materias primas, podremos hacer frente con nuestras exportaciones al valor de las importaciones, ahora y siempre… tenemos que aclararlo: o dejamos de ser un país reducido a proveer materias primas, o persistimos en no producir sólo materias primas para llegar a ser ricos.  Si nos limitamos a seguir como hasta ahora, jamás saldremos de la pobreza, de la barbarie y del retroceso”, decía en ese momento en su rol de legislador nacional.

Otra frase es tan esclarecedora como esta: “Llamo la atención sobre la situación difícil en que se encuentra nuestro país (…) ¿y por qué? Porque no sabe manufacturar las materias primas que produce (…) nosotros tenemos nuestro desierto: pero nuestro desierto se agota tanto más cuanto que está habitado por gente que no trabaja y yo le diré al señor ministro por qué es que no trabajan; es porque cuando se tiene una expansión de 20 leguas que da una excelente renta al capitalista se la da a condición de tener la tierra y el país despoblado (…) es necesario que vayamos poblando nuestros inmensos campos y radicaremos menos (…) en la teoría de Azara que quería siempre el desierto con 40.000 habitantes y 40 millones de vacas. La república Argentina cuando tenga 40 millones de habitantes –que algún día no lejano lo llegará a tener- no ha de poder tener desiertos para 240 millones de ganados y aquel número de habitantes no lo podremos tener sino a condición de que seamos ricos por el trabajo. ¿Y sobre qué vamos a trabajar? Sobre nuestras materias primas precisamente”.

La argmentación de Vicente Fidel López es más que clara y cobra un vigencia inusitada. Hoy la remake del modelo agroexportador no alcanzaría para sostener un país de 40 millones de habitantes, como magistralmente preveía López. De ahí que esta reformulación hacia la “industrialización de la ruralidad” o el modelo del “valor agregado en origen” retoma el debate existente en el Siglo XIX.

Recientemente, un documento del INTA Manfredi plantea en términos muy sencillos el desafío que enfrentamos como Nación. Nuestras exportaciones tienen un promedio de 700 dólares por tonelada, mientras que las importaciones lo tienen a 1.800 dólares. Los productos industriales (MOI) exportados por la Argentina constituyen el 30% del conjunto, mientras que en las importaciones trepan al 90%.

Es decir, exportamos productos que dan trabajo fronteras afuera e importamos otros con el trabajo ya incluido. Para el grupo de Mario Bragachini esto significa que nos estamos perdiendo 400.000 puestos de trabajos.

Los de Manfredi traen a colasión ejemplos contundentes. Italia es proveedor reconocido de pastas y artículos de panadería, cuya materia prima es el trigo. El país europeo importa unas 6 millones de toneladas del cereal (mayormente de países de la UE) y le exporta al mundo productos industrializados por unos 4.500 millones de dólares. El documento sostiene que mientras 10.000 toneladas de trigo significan 15 empleos, 10.000 toneladas de pastas y panificados significan unos 314 puestos.

El caso más patente de la falta de agregación de valor lo da el caso del maíz: la Argentina ostenta el segundo lugar en el ránking exportador global, vendiendo unas 15 millones de toneladas sobre una cosecha de 22 Mt (68%). Brasil, que trilla 55 solo exporta 8, es decir el 14%.

La contracara de este proceso es que hasta 2002, la Argentina no existía como exportador de pollo, que es maíz y soja pasados por el tracto digestivo de estas aves. Las ventas externas no superaban los 30 millones de dólares. Hoy estamos ubicándonos como séptimos productores y exportadores mundiales, con exportaciones que se estiman llegarán a 520 millones de dólares este año. Pero el riesgo de perder lo hecho siempre está acechando a la vuelta de la esquina. Por eso es el momento de apretar el acelerador a fondo de la industrialización rural.