Lo que el sector porcino argentino presentaría como un logro, es llevado por La Nación a sus lectores como algo negativo. El espíritu que sobrevuela el artículo es claro: hacerse eco del reclamo de los productores de carne porcina brasileña porque caen sus ventas a la Argentina como consecuencia de las trabas gubernamentales al comercio exterior.
¿Qué dirán los Blaquier o los Paladini, o los cooperativistas de la ACA, o el mismo Eduardo Buzzi, del “problema” que tienen los porcicultores brasileños?
La nota de La Nación deja en evidencia dos cosas: a) que cualquier argumento para pegarle a los Kirchner es bueno y b) que no está claro cuál es la visión de la cadena de valor agroalimentaria argentina.
Vayamos al segundo punto, que es el que nos compete. Para lo que es nuestro consumo interno, rebosamos de maíz (aunque podríamos producir perfectamente 50 millones de toneladas) y de soja, dos granos que pasados por el tracto digestivo de un monogástrico (cerdos o pollos) agregan un valor infernal y crean trabajo para argentinos.
El gobernador Urribarri puede dar cuenta de cuánto le cambió la cara a la provincia de Entre Ríos el desarrollo de la industria avícola. Durante la convertibilidad, esta industria languidecía compitiendo únicamente en el mercado interno, encima contralas pavitas de la brasileña Sadia. Pasada la crisis de 2002 arrancó con un plan de crecimiento que duplicó la faena y la llevó a exportar más de 300.000 toneladas contra unas 45.000 en 2001. Así no solo generó empleo directo sino que movió a toda una cadena de prestadores de servicios y de bienes de capital que atienden este fenomenal crecimiento.
La industria porcina está a las puertas de vivir un boom similar. En 2003 se faenaban menos de 2 millones de cabezas. En 2011 se faenaron más de 4 millones y la previsión es llegar a 10 millones en 2016. Estos datos fueron presentados en el último Outlook del Dto. de Agricultura de los Estados Unidos.
Los argentinos estamos comiendo cada vez más carne de cerdo y eso hace que desde el pequeño productor federado hasta el magnate del negocio estén metiendo plata en aumentar la producción. La Asociación de Cooperativas Argentinas está montando un mega emprendimiento en San Luis, para tener 5.000 madres en producción. Ya llevan un tercio de esa cifra. Y con los desechos van a producir biogás para generar electricidad. ¿Qué dirán estos productores rurales que hayan caído las importaciones de carne de cerdo de Brasil?
Si la industria del chacinado importa carne, es porque todavía la producción nacional no está dando abasto. Pero este es el primer objetivo que se ha propuesto la cadena porcina: autoabastecer a la industria. Como paso número dos viene la etapa exportadora.
En verdad, es absurdo que Brasil esté preocupado por las exportaciones a la Argentina, un mercado que no les mueve la aguja. De ninguna manera esto amenaza al Mercosur. Por el contrario, los dos países deberían encarar una estrategia comercial agresiva para que los países que hoy nos están comprando (a brasileños y argentinos por igual) la soja o el maíz nos tengan que comprar la carne de cerdo o de pollo.
El artículo equivoca el foco en su afán por convertirlo en un hecho político. La realidad es que toda la cadena agroalimentaria está interesada en avanzar en el agregado de valor a los productos del campo. La asociación de la cadena de la soja está trayendo a expertos en acuicultura, porque ven que el desarrollo de esta actividad se constituiría en un buen cliente para los subproductos de la oleaginosa. Ese es el camino y no patalear porque se frena la importación de valor agregado a lo que los argentinos producimos.
RSS Feed
Twitter
Linkedin
Tags:

