Archivo - Mayo, 2012

Efecto Agroindustrial: Ahora se importan 7 veces más equipos de molienda que en la convertibilidad

Por Javier Preciado Patiño

La irrupción del Este y Sur asiáticos en la economía global y particularmente en lo que a la Argentina refiere constituyó una autopista de dos vías. Por un lado esa enorme masa poblacional que comenzó a acceder a un salario más alto, mejoró la calidad de su dieta, lo que significó comenzar a agregar a su dieta basada en cereales las proteínas animales, es decir los lácteos y las carnes de pollo, cerdo o pescado.

Esto derivó en la fase de sostenimiento del precio de las materias primas del agro, de las cuales nuestro país es un gran productor y proveedor global.

Pero al mismo tiempo las economías emergentes, focalizadas en la producción de bienes de capital y bienes de consumo durables quebraron el monopolio que hasta ese momento detentaban los países industrializados de Occidente.

Esa fue la otra vía que nos abrió la gran autopista Sur – Sur que está en plena construcción. Porque al mismo tiempo que se incrementó la demanda agroalimentaria  se volcaron al mundo productos industrializados muy competitivos y de relativo bajo valor, gracias a los menores salarios relativos de los trabajadores asiáticos.

Qué paradoja. Hasta hace 20 años Occidente era superavitario en alimentos y monopolizaba la alta tecnología industrial, es decir la peor ecuación para la Argentina: bajos valores para nuestras exportaciones y altos para las importaciones. Ahora el mundo emergente nos demanda más alimentos y produce bienes a menor costo, una situación inversa y casi ideal.

Así cambió la tendencia histórica del “deterioro de los términos de intercambio” que describiera con total exactitud Raúl Prebisch a mediados del siglo pasado.

Pero ¿cómo podríamos mensurar este momento en el proceso de industrialización de la ruralidad?

Un indicador podría ser, precisamente, la importación de estos bienes de capital, como los bancos de molienda por cilindros, utilizado por la industria molinera. De acuerdo a los datos de la Aduana, entre 1999 y 2001 se importaron un total de 48 equipos. Los principales proveedores eran Suiza, Italia, Austria y los Estados Unidos.

En el trienio 2009/2011 se importaron 349 máquinas, 7,3 veces más que cuando la convertibilidad tocaba a su fin. Y de ese total, China fue responsable de la provisión del 58% de los equipos.

“Todo el mundo conoce la calidad de los proveedores europeos, pero la realidad es que los chinos están haciendo equipos tan buenos como aquellos a un tercio del valor”, opina Carlos Seggiaro, un economista cordobés que ha levantando la bandera del agregado de valor en origen. “Solo la cantidad de proyectos que estamos asesorando ha pasado de 3 o 4 por año a 3 o 4 por mes”, acota.

Ahora viene la segunda etapa de este proceso virtuoso. Porque el fuerte desarrollo asiático puede reprimarizar las exportaciones argentinas. En definitiva con cada banco de molienda que importamos, importamos el salario del trabajador asiático, cuando deberíamos generar puestos de trabajo para los argentinos, a partir de la demanda de la agroindustria.

Algo de esto ya está pasando. A sabiendas de que el superátiv comercial es uno de los pilares de la política económica, algunos importadores están proyectando pasar a ser fabricantes nacionales reduciendo a lo imprescindible la componente extranjera. Los créditos del Bicentenario son una buena herramienta para este camino.

Si se completa el ciclo de sustitución de importaciones de la mano de la agregación de valor a las materias primas rurales, el Modelo Agroindustrial del Bicentenario estará funcionando a pleno.

Los diez mandamientos para el Modelo Agroindustrial del Bicentenario

Por Javier Preciado Patiño

Hay un elemento que puede ser indicador de los tiempos que vive la Argentina en su relación con el mundo y esto tiene que ver con los términos de intercambio. Este concepto refiere a cómo evolucionan los precios de las exportaciones de un país, respecto de las importaciones.

Tradicionalmente, en el Siglo XX la evolución de los mismos fue negativa. Es decir, mientras nuestras exportaciones tendían a decaer en precios, las importaciones evolucionaban en dirección contraria, haciendo que el poder de compra de los productos argentinos de exportación se deteriorara a lo largo del tiempo. Sin embargo, hoy algo ha cambiado.

Si se toma 1993 como base 100, resulta que los términos de intercambio se mantienen sin grandes variaciones hasta 2002, cuando empiezan a evolucionar positivamente hasta alcanzar un índice de 149 en 2011. Esto puede responder a múltiples factores, como ser el aumento de los precios de los commodities, una mayor participación de productos industrializados en las exportaciones, el abaratamiento de los productos importados o su sustitución.

Pero lo relevante acá es que hay un cambio de tendencia que nos favorece y que podemos capitalizar promoviendo la industrialización de las materias primas agrícolas para incrementar la riqueza del país. Este modelo que suma campo e industria, consumo interno y exportación, mercado y Estado puede denominarse Modelo Agroindustrial del Bicentenario.

A modo de decálogo, podríamos citar diez mandamientos para su consolidación:

1.- Producir más. Elevar la producción de materias primas como base para el crecimiento. En el caso de la agricultura extensiva, llegar a las 160 millones de toneladas en 2020, con un portfolio más diversificado, en particular hacia el lado de los cereales.

2.- Procesar más. Fortalecer e incentivar toda actividad transformadora de las materias primas, con el objetivo de agregar valor y generar empleo. Alargar la participación nacional en la cadena tanto como sea posible.

3.- Diversificación. Impulso a las producciones extrapampeanas y a las alternativas, buscando el desarrollo armónico del territorio.

4.- Sustentabilidad social. Sostenimiento de los actores económico sociales actuales y promoción del ingreso de otros nuevos. Promoción del asociativismo y conformación de redes colaborativas.

5.- Integración vertical. Promoción de la participación del productor primario en procesos industriales, con el objeto de incrementar su renta en la cadena agroalimentaria.

6.- Financiamiento. Rol del Estado en la implementación de herramientas de apoyo financiero para capital de inversión, priorizando agregado de valor, generación de empleo y exportaciones.

7.- Sustitución de importaciones. Promoción de la producción nacional de insumos y bienes de capital necesarios para los procesos de producción primaria e industrial.

8.- Desarrollo local científico tecnológico. Articulación público privada para el desarrollo de soluciones agroindustriales para problemáticas no satisfechas.

9.- Vigoroso mercado interno. Políticas favorables al consumo de los argentinos, para sostener un mercado interno en equilibrio con la exportación.

10.- Agresiva política comercial externa. Potenciar los vínculos comerciales con los países demandantes de alimentos, en particular en Asia, África y Sudamérica.