Archivo - Julio, 2012

La industria molinera argentina aspira a llegar a ser la número uno mundial

La industria molinera argentina tiene algunas características particulares: a) está constituida en general de pequeñas y medianas empresas; b) prácticamente toda (hay una sola excepción) está en manos de empresarios nacionales; c) está distribuida a lo largo de toda la geografía productiva de la materia prima, el trigo; d) genera empleo local y agrega valor en origen.

Por otra parte, en los últimos años realizó una impresionante cantidad de inversiones, tanto para ampliar capacidad como para diversificar la integración de los negocios, que va desde la fabricación de pasta seca hasta el montaje de líneas de elaboración de alimentos balanceados, incluidos los pet foods.

Al mismo tiempo se ha convertido en uno de los principales jugadores del negocio global de harinas, al punto de arañar el primer lugar hace dos o tres años.

Sin embargo, parece carecer del glamour de otras agroindustrias, como por ejemplo la del crushing de soja, la hija predilecta del agronegocio argentino, y es frecuente escuchar críticas desde el sector de la producción primaria achacándole no ser competitiva, estar protegida por derechos de exportación y/o subsidios o directamente ser favorecida frente al sector exportador del trigo.

Independientemente de la necesidad de aumentar la producción del cereal para acercarnos al potencial del país, y de realizar algún tipo de segregación por calidad, que permita ordenar la cosecha según su destino, el papel de la molinería es vital como generadora de empleo y riqueza.

Por eso, que esta industria lleve adelante un Plan Estratégico para la presente década debería ser de interés no solo para el sector público, sino también para el productivo y la cadena del trigo.

Otras ramas, como la vitivinicultura o la avicultura han demostrado lo provechos que significa planificar el crecimiento, en base a consensos de cadena y contar con el apoyo o el acompañamiento de los gobiernos nacional, provinciales y municipales, además de los trabajadores y los proveedores.

El dato que remarca el INTA es que producir 10.000 toneladas de cereal requiere de 15 puestos de trabajo, mientras que elaborar 10.000 toneladas de pasta seca eleva esa cifra a 315 trabajadores. Ahí está el interés en el desarrollo agroindustrial.

Por otro lado, de acá a mediados de Siglo, no habrá muchos oferentes nuevos de trigo en el mundo, al tiempo que habrá un crecimiento muy fuerte de la demanda en regiones como el norte de África, sur de Asia, el África subsahariana e incluso países como Brasil y la India.

Si bien estos países buscan comprar el trigo, la posición de fuerza de la Argentina como proveedor global podría facilitar el desembarco de la industria molinera y por qué no también de los panificados. Que esta actividad pueda duplicar el volumen exportado y posicionarse como primer exportador mundial debiera ser una política de Estado.

Sin retenciones móviles, el precio de la soja explota en el arranque de un año eleccionario y que augura lluvias

Las circunstancias de la campaña agrícola estadounidense han llevado a la soja a un precio récord, expresado en moneda corriente, que en último de los casos es lo que sirve para comprar y vender. El techo de los 600 dólares ha sido quebrado en este invierno austral.

El fenómeno toma a la Argentina empezando a comercializar una cosecha que terminó decepcionando debido a la sequía, en un año donde la balanza comercial siente la falta de dólares que ingresen.

En el plano político, la coyuntura está signada por la pelea por la sucesión presidencial en 2015, con parada intermedia en las legislativas de 2013 que definirá la pole position para ese año.

Y la soja no será un jugador pasivo para la política.

La semana pasada, el titular de Agritrend, Gustavo López, daba sus primeras perspectivas para la campaña 2012/13, que le indicaban un crecimiento del área sojera en un millón y medio de hectáreas, lo que llevaría la superficie nacional a 20 millones. Por otra parte la perspectiva climática no augura sobresaltos, con un año llovedor (Niño), lo cual llevaría a especular con una cosecha por arriba de las 50 millones de toneladas, 56 para ser más precisos, es decir 16 Mt más que en la campaña actual (2011/12).

Si supusiéramos un precio promedio de 500 dólares la tonelada, el valor de la cosecha sojera treparía a 28.000 millones de dólares, de los cuales unos 9.500 irían a las arcas públicas nacionales, que a su vez repartiría unos 2.800 millones a provincias y municipios. Sirva como dato de comparación, que en 2011 las exportaciones argentinas por todo concepto totalizaron 84.269 millones de dólares.

Si el valor promedio de la tonelada se ubicara en 600 dólares, pasaríamos a hablar de 33.600, 11.400 y 3.400 millones de dólares respectivamente. Una verdadera fiesta.

Políticamente no es un dato neutro. El productor -que después del conflicto de 2008 “clavó” los aumentos de las retenciones- accedería a un buen margen económico, lo cual va directamente asociado al buen humor e inversamente a la conflictividad política.

La economía en general se encontraría con más dólares y mayor facilidad para sostener el superávit comercial. Y el Gobierno Nacional con más fondos no solo para sí mismo, sino para distribuir entre municipios y provincias, que también están con la soga al cuello. Todo, en un año donde se juega buena parte del futuro político de 2015.

El INTA divulga a la opinión pública el modelo de agregado de valor en origen

Acá va el link al video preparado por el INTA para promocionar el Congreso de Agregado de Valor que organiza en la experimental de Manfredi. Interesante tomarse 5 minutos para mirarlo.

http://www.youtube.com/watch?v=9rFEVu2LQhY