Archivo - Agosto, 2012

Alianza con Moyano puede terminar aislando a la FAA del resto del gremialismo rural

Por Javier Preciado Patiño

La coyuntura institucional en la Federación Agraria tiene toda clase de condimentos. Por un lado, tres líneas opositoras se han unido con vistas a disputarle el poder en la próxima Asamblea General a su presidente, Eduardo Buzzi, que de seguro irá por otra reelección. Por el otro, el hasta ahora oficialista Pablo Orsolini ya se está promoviendo como candidato a sucederlo y habla abiertamente de un congreso extraordinario en el otoño de 2013 para reformar el estatuto de la centeneria organización y ponerle coto a la reelección indefinida.

Pero la coyuntura va más allá de la interna y se extiende al sesgo de vinculación político institucional que le ha imprimido el buzzismo a la FAA. “No queremos quedar pegados a Moyano”, sostenía un dirigente de la SRA que asistió a la reunión del Salario en el ministerio de Trabajo, reunión de la que no participó la FAA adhiriéndose a la postura impulsada por el titular de la CGT opositora, Hugo Moyano y la CTA también opositora de Pablo Micheli.

La sociedad con el líder de los camioneros quedó plasmada cuando este último asistió a los festejos de los cien años de la FAA, logrando una de las fotos más buscadas y difundidas del acto. En este sentido es interesante la lectura que realiza el Partido Comunista Revolucionario, uno de los socios políticos de Buzzi en la interna de la entidad por medio de Chacareros Federados, de la situación en la entidad.

“Las invitaciones y la participación de dirigentes gremiales y políticos expresaron la gran disputa que se da en el seno de FAA y en las demás fuerzas políticas. La presencia de la CTA, con Pablo Michelli, la CGT con Hugo Moyano, la FUA, la CCC, Libres del Sur, con Humberto Tumini y el PCR con su secretario general Otto Vargas expresaron la necesidad de unificar, como se hizo en los ‘90 con la Marcha Federal, los reclamos de los pequeños y medianos chacareros con los trabajadores, estudiantes, y demás sectores populares”, se sostiene en la edición del 22 de agosto del órgano de difusión del partido.

“Por otro lado la presencia, oportunista, de quienes nada tienen que ver con la historia ni el programa de la FAA como el Peronismo Federal, el PRO, Cobos, los integrantes de la Mesa de Enlace, expresaban la necesidad de una coordinación en el terreno electoral que dispute al kirchnerismo con igual derecha. Opción ampliamente difundida por los grandes medios de comunicación”, sostiene el artículo.

Se puede entender que desde la izquierda de la entidad le están marcando la cancha respecto de quiénes tienen que ser los socios políticos de Buzzi, ya que el vínculo con el Peronismo Federal y con la Mesa de Enlace responde a su propio armado.

Hay quien arriesga que en la construcción del poder interno dentro de la FAA, Buzzi podría promover un distanciamiento de sus socios de la Mesa de Enlace, retornando de alguna manera a las raíces para contener el frente interno. La jugada podría verse potenciada si desde el Gobierno se sale a promover una reforma de la ley de arrendamientos, una de las banderas de la organización nacida con el Grito de Alcorta. En todo caso, el futuro de la FAA es hoy una gran incertidumbre.

Un mazazo a la industria nacional del biodiésel y el agregado de valor en origen

Por Javier Preciado Patiño

Las medidas publicadas este viernes 10 de agosto en el Boletín Oficial de la Nación sobre la política de producción de biodiésel pueden representar el certificado de defunción para las pequeñas y medianas empresas nacionales, radicadas en el territorio productivo, que está proveyendo al corte obligatorio y que en los últimos años han invertido millones de dólares en agregarle valor al aceite de soja.

Es que el precio estipulado de $4.405,30 para la tonelada de biodiésel destinado al corte significa un descuento de 21% respecto de los $5.195,70 que establecía el ministerio de Planificación a través de la fórmula de cálculo, que es parte de la normativa complementaria de la Ley 26.093.

Es importante tener en cuenta el siguiente punto: Del acuerdo para la provisión de biodiésel en 2012, ratificado por la Resolución ministerial 56/2012, participan 27 empresas, con una capacidad de producción de 3,2 millones de toneladas. De ese total, 16 son empresas con una capacidad inferior a 50.000 toneladas año, es decir medianas o chicas. Son empresas radicadas en todo el interior productivo del país, en San Luis, en Entre Ríos, en el sur de Buenos Aires, en el oeste bonaerense, por citar solo algunas regiones.

Son empresas de capitales nacionales que apostaron a seguir integrándose en la cadena de agregado de valor, transformando primero la soja en expeller y aceite y luego el aceite en biodiésel.

Estas empresas tienen el 35% de la provisión del corte obligatorio, que para este año trepa a 1,3 Mt. Pero con el nuevo valor de $4.405,3 quedan sin ningún tipo de margen o el mismo pasa a ser negativo.

Hagamos la siguiente cuenta: el valor del aceite en el mercado  interno ronda los 820/830 dólares. A eso hay que agregarle, de acuerdo a los especialistas en industrialización, unos 130 dólares de costo de transformación, lo que lleva el resultado final a 950 dólares. Por otra parte 4.405,30 $/tonelada a una paridad oficial de 4,61 da 955 dólares por tonelada. ¿Y la renta por el agregado de valor?

Por el lado de las exportaciones, la situación tampoco parece razonable. De mantener un excesivo diferencial de derechos de exportación de 12 puntos porcentuales entre el aceite y el biodiésel (que viene de arrastre desde 2008 y que llevó a la presentación de un panel en la OMC) ahora se pasado al otro extremo: “cero”. Se supone que la política de derechos de exportación tiende a favorecer los procesos de transformación. Entonces ¿cómo podría estar igual la materia prima (el aceite), que el producto de su industrialización (el biodiésel)?

Efectos colaterales

El abrupto cambio de reglas de juego es un mazazo para el desarrollo de un modelo de agregación de valor en origen. Hay muchos proyectos de bioetanol en marcha, cuyas inversiones son multimillonarias y que vienen de cooperativas o asociaciones de productores rurales. De hecho, uno de ellos comenzará a operar este mismo mes. ¿Pueden sentir que en cualquier momento también ellos serán víctimas de los virajes de la política?

También pegará fuerte sobre el productor primario de soja. El argumento bajo cuerda de los aceiteros es que el diferencial entre el aceite y el biodiésel era lo que les permitía pagar mejor por el poroto de soja, porque tenían más margen para comprar. Con la misma lógica pero ahora en sentido contrario, ahora podríamos espera una caída en el precio que los productores reciben por el poroto.

Y esto recién empieza.

Biocombustibles, la llave del Uruguay para su soberanía energética

Por Javier Preciado Patiño

Todo lo que pueda decir el fundamentalismo ambiental se cae como un piano frente a lo contundente de la realidad, que es la única verdad. En noviembre de 2009, Uruguay pudo consumir por primera vez en su historia combustibles originados en su propio territorio.

Nuestro vecino país debe recurrir al petróleo importado para refinarlo y así a mover su transporte. Pero en los primeros años de este siglo, la estatal Ancap dio un paso trascendental al comprar un ingenio en el noroeste del país y dar a luz a la empresa Alcoholes del Uruguay SA, con la idea de comenzar allí la producción de biocombustibles, operación que arrancó en 2006.

Tres años después se despachaban los primeros 120.000 litros de bioetanol a Montevideo con destino a su corte con nafta. La crónica del hecho es conmovedora por lo que significa en términos de soberanía geopolítica para nuestros socios del Mercosur.

Hoy Alur SA es una empresa estatal en plena expansión que está interactuando positivamente con los productores rurales que le proveen las materias primas para la producción de biocombustibles.

En materia de bioetanol, al ingenio de Bella Vista (Dto. de Artigas) le están sumando una planta en Paysandú (donde tienen una planta de producción de alcoholes), que les va a cuadruplicar su capacidad.

En biodiésel, tienen una planta en Montevideo a la cual le están ampliando la capacidad de producción también.

Entre 2006 y 2011 la facturación pasó de 20 a 112 millones de dólares, y esto recién empieza.

Porque están logrando una sinergia con la producción primaria excepcional. Para bioetanol están privilegiando la caña de azúcar junto con el sorgo azucarado. Hoy están en 8.000 hectáreas en conjunto, pero el plan es expandir hasta 15.000. Y en oleaginosos le están poniendo muchas fichas a la colza y al girasol. Además, con las harinas proteicas y el DDGS sustituyen importaciones de alimentos balanceados.

Si todo sale como está planeado, en unos años más el 10% de las naftas habrá sido suplantado por bioetanol y más del 5% con biodiésel (hoy están en 5 y 2% respectivamente), y para ello apenas estarán utilizando unas pocas decenas de miles de hectáreas de cultivo.

Y lo que es mejor, en una carrera que recién empieza y que tiene un futuro impresionante con el desarrollo de las tecnologías basadas en el uso de la celulosa.