Archivo - Septiembre, 2012

Tan importante como alimentar al mundo es dar trabajo a los argentinos

Por Javier Preciado Patiño

La semana pasada tuve oportunidad de presentar el Modelo Agroindustrial del Bicentenario en la III Convención de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe) y en el VI Congreso de la Federación Argentina de Ingenieros Agrónomos (Fadia).

En ambos espacios se generó un más que interesante intercambio tanto desde la palestra como después, donde uno de los planteos fue el relativo a la industrialización de las materias primas del agro como herramienta para la generación de empleo.

Es que en todos o casi todos los foros de la agricultura argentina se habla y hablamos del papel de la Argentina y sus productores para solucionar la alimentación de un mundo que en 2050 tendrá 9.000 millones de habitantes, pero rara vez se habla de que tan importante como eso es lograr que toda nuestra población económicamente activa tenga un empleo y de calidad.

En el año 2000, nuestro país dejaba atrás la década de los 90, donde la producción de granos había pasado de unos 40 a 60 millones de toneladas, es decir un aumento del 50% en su producción.

Sin embargo, importábamos más pollo del que exportábamos, comprando con nuestras divisas trabajo brasileño. Hoy, las exportaciones de pollo pasaron de menos de 30.000 toneladas a más de 300.000, generando 500 millones de dólares de divisas y dando trabajo a miles de familias en ´todo el interior productivo.

Hemos pasado en esta última década de las 60 Mt a más de 100 Mt, pero todavía importamos una parte de la carne de cerdo que necesitamos desde Brasil. ¿Cuánto más demoraremos en sustituir esa importación y dar trabajo local, además de ahorrar divisas?

En el congreso de Fadia presenté un gráfico con la evolución de la importación de cosechadoras a partir de la devaluación de 2001, con datos del INTA Manfredi. Resulta que la recuperación de la economía de los chacareros y que tantos beneficios trajo a la Argentina y a la sociedad en general, también significó un mercado de 12.500 cosechadoras para quienes las fabrican fronteras afuera. Si bien hay una componente nacional en ellas, lo concreto es que unos u$s3.500 millones se han ido más allá de nuestros límites como nación. Por eso, bienvenida sea la instalación en nuestro territorio de esas plantas, aunque más no sea para ensamblarlas.

Si en un gran consenso nacional  asumimos que es vital por la generación de riqueza y empleo la industrialización de las materias primas del campo, de la mano de una agresiva política comercial exterior y reglas de juego con carácter de Políticas de Estado, es posible profundizar el camino hacia el desarrollo agroindustrial.