Archivo - Marzo, 2013

Ambientalismo extremo, la nueva máscara del colonialismo

Por Javier Preciado Patiño

Definitivamente, escribir en clave políticamente incorrecta es un lujo que muy pocos nos podemos dar.

En esta ocasión (después de criticar al ruralismo y “La Expo”) es el turno del ambientalismo, pero en tanto una herramienta que el europeísmo utiliza para frenar el desarrollo de los pueblos de América, pero ya no desde un estrategia de derecha sino de la infinitamente peor cobertura que otorga el progresismo, donde la supuesta defensa de lo campesino, lo originario o lo biodiverso es la anestesia utilizada para que la amputación de la soberanía no duela.

La sociedad argentina necesita que produzcamos más y que agreguemos más valor de punta a punta de la cadena, porque ahí se genera más riqueza y tenemos más repartir. Y tener más para repartir es soberanía económica.

Si en vez de cosechar 100 millones de toneladas de granos cosechamos 160, aumentamos en esa proporción la Facturación País de la agricultura. Y si producimos localmente todos los insumos y bienes de capital que necesita el agro, y si transformamos todos los granos que cosechamos en proteína animal y energía, de seguro que cuadruplicamos esa cifra.

Pero el lobby ambientalista parece querer ir en dirección contraria. El disparate más grande se está viendo por estos días en el barrio Malvinas Argentinas de Córdoba, con una movida infernal contra la construcción de una planta de producción de semillas de maíz a cargo de la firma Monsanto.

Plantas como estas ya existen en Salto (Buenos Aires), Gahan, Venado Tuerto, Pergamino y otras localidades. Son sencillamente plantas donde se recibe la espiga de maíz en chala, proveniente de los campos de producción, en un extremo y por la otra boca del ducto salen semillas con 70 u 80.000 semillas, listas para ser sembradas.

De hecho Monsanto ya tiene una planta así en Rojas, y tras una reunión con la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner se anunció la inversión de unos $1.500 millones en esta segunda planta más dos estaciones experimentales.

Pero el ambientalismo extremo rápidamente agita cual fantasma las palabras “transgénico” y “Monsanto”, para instalar vía los medios de comunicación un plan siniestro, que en verdad lo único que hace es generar empleo director e indirecto para los cordobeses.

Posiblemente, si la semilla de maíz que utilizaran los chacareros argentinos viniera importada de los Estados Unidos o Europa, estos ambientalistas no dirían absolutamente nada. ¿Para quien juegan, entonces? ¿Prefieren acaso que ese insumo, cuyo costo ronda los 200 dólares por hectárea, contenga trabajo extranjero? ¿Es que no quieren que trabajadores argentinos construyan la planta, que profesionales argentinos trabajen en la planta, que la comunidad participe con trabajo digno en las tareas de recolección y selección de espigas, y/o brindando servicios a los mismos trabajadores?

El segundo disparate consiste en que aunque el Consejo Deliberante de Malvinas Argentinas dio el visto bueno a la inversión (Art. 22 de la Constitución Argentina: el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes), bastó que una asociación de vecinos se arrogue la representatividad de toda la comunidad (que fue la que eligió el Consejo Deliberante que autoriza la obra) para que un juez quiera detenerla bajo el argumento “políticamente correcto” del principio precautorio.

Este es apenas uno de los embates que bajo el supuesto de defender la salud y el ambiente, organizaciones civiles están llevando adelante para frenar el desarrollo de la agroindustria en la Argentina, que es la principal generadora de divisas de nuestra economía. ¿Es que prefieren ver un agro exhausto, incapaz de generar recursos y al gobierno (este o el que sea) golpeando las puertas de los organismos internacionales de financiamiento para tomar deuda?

Por otra parte, es falso que la agricultura argentina sea un peligro para la salud y el ambiente. Los nuevos productos que salen al mercado son de la menor toxicidad posible (banda verde) y los productores ya buscan comprar aquellos identificados como menos peligrosos. Los organismos genéticamente modificados, además de que reducen el empleo de agroquímicos, son sometidos a extensas evaluaciones para asegurar que no tendrán un impacto negativo. Las nuevas tecnologías de siembra directa, manejo por ambientes, agricultura de precisión, etcétera, han mejorado la sustentabilidad de los sistemas agroecológicos como nunca antes. ¿Dónde está el problema entonces?

Pero la clave está en la educación. Una opinión pública que sepa realmente la realidad de nuestra producción agroindustrial, políticos y jueces también conscientes de esta situación, y medios de comunicación actuando con responsabilidad, serían la manera más efectiva de frenar esta escalada que va en contra de los argentinos.

Surgimiento, apogeo y ¿decadencia? de la Gran Muestra a Campo

Una imagen vale más que mil palabras: que el editor de “El Nacional”, para manejarnos en los términos de Jorge Asís y su Diario de la Argentina, haya decidido utilizar esta fotografía y por si fuera poco epigrafiarla con “más concurrencia”, es sintomático del momento que vive La Expo.

El término “ayer” refería al miércoles, segundo día de los cuatro que dura e indicaba que, definitivamente, el día de la apertura no había nadie.

Se podrían decir muchas cosas para alivianar la mochila con la cargan los organizadores de El Nacional y el Diario de la Argentina: que funcionarios del gobierno nacional presionaron a las empresas para que asistan, que esto expresa claramente el desánimo existente en el sector fruto de las políticas gubernamentales, que no hay buenos presupuestos en las empresas, etcétera, etcétera.

Pero hay un dato insoslayable cuando miramos el inicio de la muestra y su presente: la digitalización de las comunicaciones ha cambiado radicalmente la forma en que opera esta red llamada agronegocio.

Veamos algunos hechos.

1.- Son varias las empresas que hoy prefieren hacer sus propias exposiciones y segmentar con mira láser la convocatoria al perfil de productores o técnicos que desean. Hay quienes sostienen que con la inversión que demanda participar en La Expo se pueden hacer muchas acciones de mayor eficacia.

2.- Hay menos actores que antes. Por ejemplo, no más de 6.000 productores explican la demanda de semilla de maíz, el jamón del medio del negocio genético. Hay semilleros que los tienen censados y han desarrollado la capacidad de asignar un técnico por grupo de 50 y que tomen contacto con ellos dos o tres veces por año mínimo.

3.- La información fluye de una manera mucho más dinámica que en los 90. Técnicos y productores intercambian correos electrónicos con información que les resulta de utilidad y pueden acceder a la misma desde sus dispositivos móviles, on line.

4.- Los productores tienen cada día un mayor nivel educativo y el acceso al conocimiento es una de las cosas que más rápido aprenden. Ya no necesitan de mediadores que les indiquen cuál es la información valiosa sino que son capaces de generarlas ellos mismos o encontrar a quien la tiene.

5.- Se ha incrementado la oferta de eventos que juntan la oferta tecnológica, incluso segmentada por tipo de tecnología o región.

¿Cuál es el momento en que ocurre la transición entre un estado de las cosas y otro? Es difícil verlo cuando se es contemporáneo de los acontecimientos; desde la perspectiva histórica resulta más fácil. ¿En qué momento comenzó a caer la demanda de las radios VHF para las camionetas? ¿Cuándo se perdió el interés por el beeper? ¿Cómo vivió el fabricante de arados de reja y vertedera el surgimiento de la siembra directa?

Son cuestiones difíciles de evaluar cuando los acontecimientos transcurren. Yendo más allá todavía, ¿en qué momento los medios gráficos -herederos de la tecnología de Gutemberg en el siglo XV- terminarán cediendo a la inmediatez de la era digital, sin tiempo ni distancias?

El caso es que si bien lo que se ve expuesto es muy bueno, falta aquella masa crítica que hacía distintiva a La Expo en los 90 cuando era un punto obligado de encuentro, que es uno de los factores centrales del éxito de estas iniciativas. Que alguien vaya porque presume que los otros van a ir es la clave para lograr que todos estén.

Es larga la lista de los expositores ausentes, tal vez tan larga como la de los presentes, sin desmedro de quienes han hecho un esfuerzo económico muy importante para estar allí. Pero prácticamente no hubo ninguna de las marcas globales de tractores y cosechadoras. Si se pudo ver la oferta nacional en materia de pulverizadoras, sembradoras, tolvas, etcétera. En otras áreas se podría decir que la oferta presente era un tercio de la existente, lo cual atenta contra el interés del visitante, interesado en poder llevarse un panorama de todo y comparar.

El caso es que los años que vienen terminarán de definir qué lugar ocupan las muestras a campo en el sistema integral de comunicación del sector agropecuario; si serán el epicentro de la red, como alguna vez lo fueron, o mantendrán un decoroso lugar dentro de un sistema multinodal de generación y transferencia de conocimiento.