Archivo - Abril, 2013

La avicultura no detiene su marcha de crecimiento y le sigue agregando valor a la cosecha

Por Javier Preciado Patiño

Hablar de la avicultura argentina no es solo hacer referencia a los pollos que comemos o que exportamos, sino hablar de una actividad que saca los granos de la ruta a los puertos para meterlos en un proceso de transformación que agrega valor y genera empleo.

El año pasado, la faena de pollos trepó a la cifra absolutamente récord de 735 millones de cabezas, con las cuales se produjeron casi 2 millones de tonelada de carne. En los 90, se llegaron a procesar, en el mejor momento (1999) 343 millones de cabezas, que no llega a ser ni la mitad de lo que se produce ahora.

Es más, la debacle que significó la salida de la convertibilidad implicó que esta industria entrara en crisis y que la faena cayera a 261 millones de cabezas. De ahí en adelante, nunca paró de crecer, ni siquiera en los años de crisis externa, gracias a un plan de expansión de la exportación y de un creciente consumo interno.

De hecho, las 735 millones de cabezas faenadas en 2012 significaron un aumento de 8% respecto de 2011.

Y en lo que va del año, las exportaciones siguen firmes hacia arriba. En el primer trimestre enero a marzo, las ventas externas de pollo entero congelado (que es el grueso de las exportaciones cárnicas) treparon a casi 54.000 toneladas, contra 38.440 de igual periodo de 2012, lo que marca un incremento de 40%.

Pero como también hubo una mejora en el precio promedio dela tonelada, que pasó de 1.792 a 1.974 dólares, el total de divisas que le generó la avicultura a la Argentina se disparó de 69 millones de dólares en 2012 a 107 millones en 2013, es decir un 55% más.

Si consideramos que en el primer trimestre de este año la tonelada de maíz en promedio se exportó a 276 dólares y la soja a 500 dólares (datos reales de la Aduana), tenemos que el costo de hacer una tonelada de pollo, en forma grosera es de 1.052 dólares, contra casi el doble que vale el pollo eviscerado, sin contar lo que aporta el valor de los subproductos (garras, plumas, sangre, etc.).

Esta agregación de valor de no menos de 2 a 1 es un activo estratégico que los argentinos tenemos que defender porque significa más trabajo y más generación de riqueza.