Archivo - Julio, 2013

Massa, el gran ausente de Palermo

Por Javier Preciado Patiño

El acto inaugural de la 127 Exposición Rural de Palermo tuvo un gran ausente: Sergio Massa, el intendente de Tigre y emergente desafiante del poder K desde la provincia de Buenos Aires. ¿Por qué este animal político, que puede quedarse con un tercio del apreciado voto bonaerense decidió no participar de ese meeting de la oposición?

Junto a Luis Miguel Etchevehere estaban el intendente porteño, Mauricio Macri (de cuya fuerza hay tres candidatos a diputados por la provincia), el diputado aspirante a liderar el voto anti K y ser gobernador en 2015 Francisco de Narváez, el gobernador Manuel de la Sota y diputados de la UCR y el peronismo Federal, además de Alfredo de Angeli y los colegas de Etchevehere en la Mesa de Enlace.

Sí pasaron por la Rural el ex titular de la UIA y ahora candidato a diputado nacional por el massismo, Ignacio de Mendiguren y el aspirante a la intendencia de Pergamino en 2015, Jorge Solmi.

Lo curioso es que en la misma SRA descartaban que la joven promesa opositora visitara la exposición, ni para la inauguración ni en cualquiera de los días previos o posteriores.

Allegados al intendente sostienen que hasta ahora no ha visitado ninguna de las entidades rurales, como si darse una vuelta por las oficinas de Coninagro o FAA fuera lo mismo que exhibirse en la arena palermitana.

Otros sostienen que quiso evitar la foto con Macri, aunque esto no lo invalidaba de ir cualquier otro día.

¿Por qué no fue?

En mi modesta visión, el éxito inicial de Massa pasa por eludir la dialética K o no K, por una “no tan K” o “no tan noK”, al revés de lo que planteó De Narváez con “Ella o vos”. En este terreno, su aparición en la Rural hubiera significado una clara apuesta al blanco o negro, ya que la centenaria entidad está identificada en las antípodas del proyecto gubernamental.

Es que parte del voto de Massa puede provenir de un filokirchnerismo desencantado, aunque según sostienen los encuestadores, en la medida que avanza la campaña ese porcentaje (que sería un tercio) va drenando hacia el ungido por CFK, Martín Insaurralde. De todos modos es más lo que el tigrense podría sacar del voto K, que del voto no K, con el que ya ha relegado a De Narváez a un tercer lugar en las encuestas previas.

La otra razón para la ausencia puede residir en el bajo impacto de la cuestión agraria en la intención de voto. A diferencia de 2009, cuando todas las fuerzas políticas opositoras pugnaban por tener alguna figura ruralista en su lista, para 2011 el desinterés fue sorprendente. Apenas si De Angeli podría aspirar a una senaduría, en la estrafalaria alianza que une al representante del pequeño y mediano chacarero con el PRO.

Por último es probable que el candidato no haya percibido en la Rural de este año el brillo y la convocatoria de otras ocasiones y, con el olfato que tiene los políticos para estas cosas, haya evitado pasear su figura por entre las vacas.

En once años pasamos de importar alimentos para mascotas a exportar 120.000 toneladas

Por Javier Preciado Patiño

Evidentemente ha habido transformaciones en la agroindustria argentina en los últimos doce años. Y si no, miremos estos números.

En 2001, último año de vigencia de la convertibilidad, se importaron más de 24.000 toneladas de alimentos para mascotas por valor de 15 millones de dólares, en tanto que se exportaron menos de 19.000 toneladas por valor de 10 millones de dólares.
Nuestro país ya producía unas 60 millones de toneladas de grano para ese entonces, a partir de los avances tecnológicos logrados por la agricultura, vale decir siembra directa, nutrición, genética, biotecnología, rotación y protección. Pero a la hora de darles de comer a los perros y gatos de los argentinos y argentinas era necesario recurrir a los alimentos que importaban las grandes compañías globales.
Once años después, las importaciones se habían desplomado a apenas 382 toneladas por poco más de un millón de dólares. En el ínterin, las exportaciones habían trepado -de acuerdo con el informe de RIA Consultores- a 118.000 toneladas por valor de 125 millones de dólares. De esta forma, en algo más de una década, la economía argentina pasó de tener un saldo desfavorable en materia de alimentos para mascotas de u$s5 millones, a uno favorable por u$s124 millones.
En total, 22 países fueron el destino de los alimentos elaborados en plantas argentinas, versus los 6 existentes en 2001.
El principal cliente externo hoy sigue siendo Chile, que acapara el 58% de las ventas. Pero en la lista aparece el prometedor mercado de China, que con compras por 3.600 toneladas ya representa el 3% del total. Uruguay, Paraguay, Perú, Colombia, Brasil, Ecuador y Bolivia suman el 38% de las colocaciones, destacando el rol del mercado latinoamericano para los productos de valor agregado de nuestro país.
Asimismo es relevante cómo progresó -al igual que con los granos- el valor promedio de la tonelada exportada, que pasó de 564 dólares por tonelada en 2001 a 1.056 en 2012.
Un dato por demás interesante surge del listado de plantas autorizadas para exportar a China. Ahí están por un lado las globales Nestlé y Procter & Gamble, con sus plantas en Santo Tomé (Santa Fe)  y Pilar (Buenos Aires), respectivamente. Es importante que de importar hayan pasado a exportar, con las plantas emplazadas en territorio argentino y contratando nuestra mano de obra.
Pero a la par aparecen empresas nacionales que han invertido en agregar valor a la luz de la expansión de la economía. En la lista aparecen Agroindustria Baires, con su planta en Gral. Las Heras, reconocida por su marca Kongo; Molinos Tassara, radicada en Junín, también reconocida por su marca Keiko, y la joven Alican SA, radicada en Alcira Gigena, en el sur de Córdoba.
En todos los casos se trata de inversiones millonarias, que además implicaron la certificación de procesos de calidad con los que se elaboran los productos.
El desarrollo de esta industria significa no sólo la aparición de nuevos jugadores, sino también el emprendedurismo de compañías tradicionales con más de 100 años de existencia, como es Molinos Tassara, que abrió su original negocio de la harina a los alimentos balanceados para animales de producción, primero, y para mascotas, después.
Un informe de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal señala que hay alrededor de 800 empresas registradas para la elaboración de alimentos para animales y que “ha crecido en los últimos 10 años en forma exponencial” con un aumento de 260% en el volumen de consumo de estos alimentos, tanto para la producción comercial como para la hogareña.
Se estima que el mercado interno representa una facturación de más de $1.200 millones, donde compiten las grandes multis con compañías nacionales de primera línea como Molinos Chacabuco (con su marca Raza), Metrive (Sabrositos) y Alimentos Pilar (Tiernitos), entre otros.
En concreto, se trata de un segmento que ha movilizado la inversión, incorporado tecnología y puestos de trabajo, agregado valor a las materias primas rurales y contribuido a mejorar la balanza comercial del país.

Las cosas como son: el aumento del trigo se sextuplica en el bolsillo del consumidor

Por Javier Preciado Patiño

No vamos a hacer la macro de la cuestión del trigo, -más que trillada en los medios de comunicación- sino la micro, la diaria, la que le llega al bolsillo de la gente y del comerciante. Veamos.

Mi pizzero de cabecera, en el porteño barrio de Colegiales, vendía la grande de muzzarela a $50. Con los aumentos de la harina -sostiene que la bolsa de 50 kg de la cuatro ceros pasó de $200 a $360- decidió aumentarla a $55, es decir un 10%. A priori no parece mucho para quien se sienta a comer este tradicional plato desembolsar cinco pesos más, pero, ¿cuál es la relación exacta entre el aumento de la bolsa de harina y el de la pizza?

Dándole crédito a mi fuente, su costo se incrementó en $160 o el 80%, asumiendo que el resto de los insumos se haya mantenido igual.

Pero de una bolsa de harina de 50 kg estaría sacando unas 200 pizzas. Si suponemos que todas fueran de muzzarella mi amigo habría pasado de facturar $10.000 por bolsa de harina a $11.000, con lo cual el aumento de $160 en su insumo se transforma en uno de $1.000 en sus ingresos, o 6,25 veces más.

Sin entrar en la discusión de la cuestión del IVA  y la parte tributaria, es evidente que no hay ninguna proporcionalidad entre el aumento de la harina y el de la pizza. Le pregunté cuál era su criterio para aumentar el precio de la pizza y me dijo que “tres por uno”, es decir que a la tercera vez que le aumentó la harina (las primeras dos los habría absorbido), él se decide a aumentar el precio de sus productos.

Tengo la sospecha de que este criterio se aplica con cualquier aumento en los costos, sean los sueldos, el alquiler del local, los otros insumos o los servicios. Así, la falta de racionalidad en la manera de trasladar aumento de costos al producto final dispara la inflación.

La pregunta final que no obtuvo respuesta de mi amigo pizzero: ¿bajará el precio cuando la bolsa de harina retorne a valores normales?