Archivo - Noviembre, 2013

Paradoja: en octubre se exportó biodiésel y se importó gasoil, con saldo negativo en la balanza comercial

Por Javier Preciado Patiño
A primera vista, los datos pueden resultar sorprendentes: en el pasado mes de octubre, la industria del biodiésel exportó más de 200.000 toneladas, volumen que ingresa entre los más altos mensuales en la corta historia de esta industria.
De acuerdo con el informe de RIA Consultores, los principales compradores fueron los Estados Unidos y su estado asociado de Puerto Rico, que determinaron el 70% de las operaciones. Los países europeos, otrora el principal destino del biocombustible argentino (particularmente España), representaron sólo el 26% de las operaciones, quedando el 4% restante a manos de Perú.
¿Por qué es “sorprendente” este nivel de exportaciones? Hasta julio de 2012, la industria del biodiésel estaba exportando en torno de las 180.000 toneladas mensuales. Pero en agosto, el cambio de reglas de juego, modificando el sistema de cálculo de los derechos de exportación (además de modificar el cálculo del valor para el corte interno con gasoil) hundió las ventas externas a la mitad de los volúmenes precedentes.
El propio Indec da cuenta de este fenómeno que llega a límites extremos en mayo del corriente año, cuando apenas se exportaron 7.600 toneladas. Por otra parte, no es que este volumen no exportado se haya volcado al corte interno, al cual se destinan algo más de 80.000 toneladas mensuales, sino que simplemente afecta la capacidad productiva de la industria. Hoy, ésta opera a un 40% de su capacidad potencial.
Por otra parte, la industria del biodiésel europea presionó a las autoridades del viejo continente a imponer aranceles extraordinarios al producto argentino (al igual que al indonesio, con la diferencia que el origen allá es la palma), gravámenes extraordinarios que se sumarán a partir del 1 de enero de 2014 a la quita del Sistema Generalizado de Preferencias, encareciendo aún más el producto argentino.
De ahí que la verdadera razón para esta “primavera” exportadora que ha vivido la industria del biodiésel durante octubre y setiembre (cuando se exportaron unas 170.000 toneladas) se deba exclusivamente al bajo valor relativo respecto del gasoil, que es aprovechado por traders globales para mezclarlo con combustible fósil y exportarlo a países de África o Asia, haciendo un negocio redondo. Se trata de un fenómeno circunstancial y no de un proceso de consolidación de mercados externos.
Siguiendo con el informe de RIA Consultores, según la misma Aduana, durante octubre se importaron unas 208.000 toneladas de gasoil, el 70% desde los Estados Unidos, a un valor FOB origen (EE.UU.) de 952 dólares, más de 70 dólares por encima del valor promedio de exportación del biodiésel. Si se suman los costos de flete y seguro y nacionalización del combustible fósil, esa brecha se incrementa mucho más aún, por encima de los cien dólares por tonelada.
Ahí viene la paradoja energética de estos días: mientras se está exportando biodiésel se importa gasoil, con un saldo en la balanza comercial deficitario para nuestro país.
A principios de octubre, la industria del biodiésel le envió una carta a la Presidenta de la Nación solicitándole la adopción de medidas que corrijan la situación, como ser el incremento del corte obligatorio de 7 a 10%, para ayudar a disminuir la capacidad ociosa del sector.
Uno de los puntos que desde el sector destacan (no incluido en la misiva, que terminó siendo derivada a las autoridades de Planificación y de Economía) es que mientras el biodiésel tributa una serie de impuestos internos que trepan al 41%, el gasoil importado está eximido de esos gravámenes, lo que hace que a las petroleras les resulte más conveniente su importación que el abastecimiento interno con una fuente renovable. La idea no es eximir al biodiésel sino ponerlo en igualdad de condiciones con el producto importado.
En segundo término, y no menos importante, es sentar las bases para el desarrollo de una industria cuya médula espinal es la soberanía energética, una cuestión para nada menor en estos tiempos que corren, que no sólo involucra a las grandes compañías sino también a pequeñas y medianas empresas del interior del país.