Archivo - Abril, 2014

El milagro uruguayo o como perder el 22% de sus productores en estos últimos diez años

Por Javier Preciado Patiño
En el imaginario del establishment rural argentino, el Uruguay gobernado por el progresista Frente Amplio (primero con Tabaré Vázquez y ahora con el “Pepe” Mugica) se ha convertido en una suerte de nueva Tierra Prometida para la producción agropecuaria gracias a las políticas llevadas adelante por esos gobiernos.
Los documentos emitidos por las organizaciones ruralistas vernáculas ponderan la performance del agro uruguayo y lo contrastan con la situación local, definida casi en término de hecatombe a raíz de las políticas del Gobierno Nacional.
Lo curioso es que si la Argentina exhibiera los números que surgen del Censo Agropecuario del Uruguay, tanto el ruralismo como la oposición le saltarían a la yugular del Gobierno NAcional diciendo que tales números son el resultado de las desastrosas políticas implementadas. Veamos.
En el vecino país, desde los años 70 se viene produciendo una caída en el número de explotaciones rurales, que en la actualidad no llegan a las 45.000 y que es aproximadamente la mitad de las existentes hasta mediados de los 60.
Con una superficie agropecuaria constante (unas 16,2 millones de hectáreas), el resultado es que el tamaño promedio de la explotación prácticamente se duplicó en ese lapso.
¿Pero hubo una reversión de esta tendencia a la concentración o al menos un freno durante los gobiernos del Frente Amplio?
En absoluto, aunque a fuerza de ser justos, la coalición toma el gobierno en 2005 con lo cual les cabría la mitad de la responsabilidad. De acuerdo a los datos censales, en el año 2000 había 57.131 explotaciones; hoy hay 44.890, es decir que se perdieron en diez años el 22% de las explotaciones existentes.
Claro que la distribución de esa pérdida no ha sido homogénea, sino que afectó a algunos segmentos en particular. De los 12.241 establecimientos perdidos en esa década, 8.190 (el 67%) correspondió al segmento más pequeño, que va de 1 a 19 hectáreas, mientras que el segmento que va de 20 a 99 hectáreas perdió 2.924 unidades, es decir que aportó otro 36% al total de emigrados del sector rural uruguayo.
Estos datos deberían preocuparle a los representantes de las entidades gremiales, porque en definitiva se trata de ver cómo se achica su supuesta base de sustentación.
Pero no todas son malas noticias cuando se trata de la cantidad de actores de la ruralidad, porque en el segmento de establecimientos que va de 1.000 a 2.499 hectáreas se registra un incremento de las unidades del 2%, mientras que en los de más de 2.500 hectáreas también se registra un aumento, pero del 4%.
O sea, en diez años se perdió el 40% de los establecimientos más pequeños (el número pasó de 20.464 a 12.274) y cerca del 20% en el segmento siguiente. Son números que impresionan, pero para entender mejor la situación veamos ahora cómo es la distribución de la superficie en función de la escala.
Las explotaciones que van desde 1 a 99 hectáreas son el 56% del total, pero tienen solo el 5% de la superficie agropecuaria uruguaya. En la otra punta, el 9% de las explotaciones de más 1.000 hectáreas manejan el 60% de la superficie.
Otro dato más que debiera irritar a la dirigencia ruralista, ya que tiene que ver con la ganadería vacuna. De las 12.241 unidades de explotación que desaparecieron entre 2000 y 2011, casi 7.500 corresponden a la actividad ganadera. En el 2000 había unas 32.350 y ahora quedaron menos de 25.000.
También se han perdido muchos tambos, oh sorpresa. De 6.037 que había en 2000 solo quedan 4.398, es decir que se perdieron 1.639 en diez años o 164 por año, con lo cual se podría afirmar que cada dos días se cerraba un tambo en Uruguay.
¿Cuál es la explicación de este fenómeno? Si bien no está explicado en la presentación de los datos censales, su respuesta puede inferirse a partir de la única actividad que creció en número de actores: la agricultura. La cantidad pasó de 1.482 a 2.481, pero ojo que no creció parejo, porque las pequeñas unidades se redujeron a la tercera parte, mientras que los establecimientos de más de 500 hectáreas se triplicaron y las de entre 100 y 500 se duplicaron.
En síntesis: el proceso de concentración que se está dando del otro lado del Río de la Plata es fenomenal. Se ha perdido el 40% de los establecimientos más pequeños y el 20% en el estrato que le sigue. La actividad ganadera ha sido desplazada por la agricultura, que ganó actores en las escalas más grandes, llegándose a duplicar y triplicar según el caso, pero que también se llevó puestos a los productores más pequeños.
Estos números contradicen la creencia de un mundo feliz del otro lado del charco, si es que realmente interesa la diversidad en la producción.
Por otro lado tratándose de un gobierno de tinte progresista no se puede suponer que sea un efecto deseado, lo cual nos puede llevar a la conclusión que las tendencias globales son tan fuertes que es difícil neutralizarlas con políticas locales.
De todos modos nuestra asignatura pendiente es hacer un censo agropecuario como la gente (el último resultó ser un fiasco) como para ver cómo andan las cosas realmente de este lado del río.

Orsolini en campaña para posicionarse como el conductor de la FAA en el post buzzismo

Si hay alguien que está viviendo su “fin de ciclo”, ese es Eduardo Buzzi. Luego de ininterrumpidos catorce años al frente de la Federación Agraria Argentina ha hecho pública su decisión de no competir por una nueva reelección, en el marco del nuevo estatuto aprobado recientemente.

Sus detractores sostienen que su gestión se ha ido desgastando y que la reforma del Estatuto, que limita la reelección indefinida y da participación proporcional a las distintas corrientes que converjan en la Asamblea, no es sino el mayor síntoma de la creciente debilidad que sufre el hombre de JB Molina.

Lo cierto es que en las filas de la Azul y Blanca, la agrupación oficialista, el chaqueño Pablo Orsolini ha salido a posicionarse como la alternativa de esa corriente para conducir la FAA en el post buzzismo.

Claro que en la carrera por la sucesión no está solo y es posible que tenga que enfrentar al influyente secretario gremial Omar Príncipe, hoy una de las principales espadas de Buzzi, antes de ser ungido como candidato de la continuidad.

Pero Orsolini está saliendo con un discurso que si bien sigue la lógica del oficialismo, lleva toques personalistas. Por un lado reconoce que en los últimos años ha habido una continua erosión de dirigentes y militantes federados hacia las corrientes opositoras. “Hoy la Azul y Blanca representa al 60% de la federación”, reconoce este ex diputado nacional por el radicalismo chaqueño.

También toma distancia del alineamiento que Buzzi le imprimió a la FAA en materia extragremial como el acompañamiento a los líderes sindicales Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Pablo Micheli. Aunque poniéndolo en boca del distrito, Orsolini sostiene que el acompañamiento es válido en tanto el paro reivindique los reclamos del segmento de los pequeños y medianos productores rurales.

Sin embargo, el candidato no estaría dispuesto a sacar los pies del plato, y piensa que llegará a una fórmula de acuerdo dentro de la Azul y Blanca, en los próximos 30 a 60 días. A sus filas ha sumado al bonaerense Julio Currás,  hasta hace poco representante de la FAA ante el IPCVA y removido para ceder ese lugar al pampeano Ulises Forte, lo que alimentó versiones de rispidices entre el bonaerense y Buzzi.

¿Y la oposición? Las dos principales fuerzas que le disputan el poder al buzzismo son La Netri y la entrerriana Linea Federal. Con De Angeli en el Senado y jugando ya para competir por la gobernación de su provincia, los vínculos entre ambas organizaciones se han aceitado como nunca antes. La posibilidad de que el buzzismo logre seducir a alguna de las partes, hoy parece no estar dentro de lo posible.

Todavía es muy temprano para prever la jugada de la oposición en la Asamblea que elegirá al sucesor de Buzzi. Algunos se entusiasman con la idea de un candidato de unidad -portador sano de apellido- que logre destronar a la Azul y Blanca de la conducción. Pero todo está muy verde todavía en la caldeante interna federada.

Las pymes y cooperativas agrarias también son parte del proceso virtuoso de exportación

Por Javier Preciado Patiño

Este miércoles tuve la oportunidad de exponer en el Congreso Argentina y Asia en 2030, desarrollado en la Facultad de Agronomía de la UBA. Presenté en la ocasión tres casos de cooperativas agrarias, de pequeña a media escala, que en los últimos diez años han podido concretar la aspiración de exportar sus productos, haciendo los primeros palotes en materia del mercado asiático.

Se trata de la cooperativa Eco Zonda, de San Juan, que produce, seca, procesa y comercializa pasas de uva; de la Cooperativa de Productores de Cerezas Integrados de Gaiman, en Chubut y de la ya conocida en este blog, la Cooperativa de James Craik, que está exportando leche en polvo.

El denominador común de estas tres experiencias y particularmente de las dos primeras, es la voluntad de los productores de seguir siendo parte del negocio en este nuevo paradigma (muy diferente del que vivieron sus padres y abuelos), lo que implica la necesidad de asociarse para lograr escala, sumar competitividad intrínseca por vía de la incorporación de tecnología e integrarse aguas arriba en la cadena de valor participando de los procesos de comercialización y distribución.

Otos dos denominadores comunes lo constituyen a) el rol de las asociaciones intermedias, por caso la Federación de Cooperativas Federadas, que articulan las demandas de estas iniciativas con la oferta que llega desde el sector público, y b) el apoyo del Estado, sea por la vía de la Nación o los gobiernos provinciales.

Por ejemplo, por medio del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (Prosap) los productores de uvas de San Juan recibieron el 40% de la inversión que significó la línea de procesamiento.

Los productores de cereza de Gaiman también fueron apoyados para instalar una línea inteligente de clasificación y procesado, desde el Estado nacional, y así quedar a la par en competitividad con los productores chilenos.

Da gusto hablar con ellos para escuchar sus proyectos. Los de Gaiman planean incorporar una nueva zona de producción de cerezas tardías, que alargaría la temporada hasta el mes de marzo, entrando en plena contraestación al Hemisferio Norte y sacandole ventaja allí a sus competidores chilenos. También se plantean lograr la Denominación de Origen para sus frutas. Y reclaman que los aviones de carga bajen hasta Trelew para no tener que mandar primero las cerezas por tierra hasta Ezeiza y recién allí embarcarlas a destino, con los costos adicionales que ello implica.

En San Juan, los productores de pasas de uva llegaron a exportar 1,6 millones de kilos en la última campaña y si no fuera por las heladas que mermó la producción en este año, hubieran crecido más en volumen. Pero además de hacer volumen aspiran a exportar su producto ya fraccionado (las cajas de 10 kg son consideradas como granel) y capturar el valor agregado que implica llegar directo al consumidor. Para ello están contando con el apoyo del Prosap para fortalecer su imagen y la marca Don Viñato.

El mensaje transmitido en el Congreso Asia Argentina 2030 es que las pymes y las cooperativas rurales son y deben ser parte del entramado del complejo exportador agropecuario, agroindustrial y agroalimentario.

El dato es que a pesar de que China importa anualmente unos 130.000 millones de dólares en productos de estas categorías, la Argentina participa con menos del 1% y básicamente a través del poroto de soja, un producto con cero valor agregado industrial. Participar a futuro con exportaciones que implican más mano de obra argentina, como ser los lácteos es una necesidad vital.

En el caso de Córdoba, en 2002 las exportaciones de lácteos a China eran nulas. En 2012 ya sumaban unos u$s25 millones. Es de esperar que para 2020 esos números se hayan multiplicado por diez.