Archivo - Octubre, 2014

El lobby antipollo o cómo se busca destruir la agregación local de valor

Por Javier Preciado Patiño

Empecemos por el principio. A principios de octubre, un diario uruguayo titula “El sector avícola uruguayo se moviliza contra el pollo de EE.UU.”, cuya información base proviene de una carta que la Asociación de Fasoneros de Pollo del vecino país le envía al Presidente Mujica, preocupados por la sensible situación que están atravesando.

a) El ingreso de cortes (pata muslo) desde los Estados Unidos a precio de dumping, según denuncia la asociación. “Llegan a Uruguay a un precio que acá no paga ni el costo de producción”, señalan. El origen sería el bloqueo ruso a las exportaciones estadounidenses por el conflicto de Ucrania.
b) Ingreso de pechugas desde Brasil, factor que les distorsiona el mercado y que violaría un acuerdo comercial de que solo se importe desde ese origen pollo entero.
c) La deuda de Venezuela (u$s8 millones) con Avícola Tres Arroyos y la consecuente discontinuidad de las operaciones con ese destino.

La nota de los polleros uruguayos a su presidente pide la aplicación de medidas antidumping a los EE.UU., negociación con Brasil y con Venezuela, en este último caso por el tema de los pagos.

Incluso en declaraciones periodísticas, dirigentes de los polleros señalan que el ingreso de carne aviar desde el país del norte fue “la moneda de cambio para que les dejaran entrar los cítricos y la carne ovina” uruguaya.

Hasta acá la información proveniente del vecino país. Sin embargo, la existencia de un fuerte lobby anti agroindustrial interno intenta convertir esta información en un relato catastrofista para los argentinos.

Con el trasfondo de la situación de Rasic Hnos. (que entró en convocatoria de acreedores), los datos provenientes de Uruguay se reorganizan para intentar mostrar que ahora la agroindustria argentina más dinámica de la última década puede colapsar por haber hecho exportaciones a Venezuela.

De acuerdo a las estadísticas del Senasa, en 2012 Venezuela representó el 23% del total de las exportaciones aviares (carne y subproductos), participación que en 2013 se elevó a 41% y en los primeros ocho meses de 2014 se contrajo a 36%.
Sin duda el país sudamericano es un destino clave para la industria avícola, como es China y Hong Kong en materia de subproductos (se llevan el 83%) o Japón y Rusia si de ovoproductos se trata (56%).

Sin embargo que sea Venezuela parece tener un valor negativo especial, posiblemente por incorporarle una dimensión politica a lo estrictamente comercial o de mercado.

Lo que no se menciona es que hasta 2001 la Argentina, segundo productor mundial de maíz, importaba más pollo del que exportaba. Hoy no solo duplicamos la producción de maíz (pasamos de 15 a 32 millones de toneladas), sino que pasamos de faenar 260 a 730 millones de pollos por año.

Es cierto que en 2013 y lo que va de 2014 la producción se ha estabilizado y retrocedido levemente. Pero acá también es importante señalar que los argentinos estamos alcanzando un consumo de entre 115 y 120 kilos de carne por habitante y por año y que ya (como menciono en el blog de julio) las tres carnes actúan en conjunto. Si la de carne bovina se dispara el consumo se pasa a pollo y cerdo y viceversa. Por otra parte, los mercados externos han perdido el dinamismo de años anteriores y eso repercute en nuestra industria, que sin embargo se ha consolidado como proveedor confiable en este lapso.

Es cierto también que para cumplir con el plan de expansión de la avicultura se requiere incrementar la escala e incorporar más tecnología de primera línea, para mejorar la competitividad sistémica del sector. Brasil puede ser más competitivo en materia salarial (paga relativamente peor a sus trabajadores), con lo cual la estrategia es llegar a ser más eficientes todavía en materia de costo del kilo vivo.
Pero la lección uruguaya no es que el problema es Venezuela (lo lógico es que se redireccionan los envíos cuando un mercado tiene problemas) sino la presión de los grandes productores mundiales de pollo como son los Estados Unidos y Brasil que pueden subsidiar sus envios a terceros países y borrar de un soplido a sus incipientes clusters polleros.
Hasta aquí la Argentina ha demostrado que puede crecer en producción de granos y en transformación de estos en manufacturas industrializadas.
Pero estemos siempre atentos al lobby primarizante, que no está dispuesto a bajar los brazos.