Archivo - Enero, 2015

Al final, el maíz termina subsidiando a las naftas

Por Javier Preciado Patiño

La resolución de la secretaría de Energía de mediados de setiembre de 2014, la número 44 para ser más exactos, está teniendo un fuerte impacto sobre la novel industria del bioetanol en la Argentina.

Hasta ese momento había un único precio para el biocombustible destinado al corte obligatorio con nafta, proviniera de la caña de azúcar, del maíz u otros cereales. La resolución desdobló el precio y modificó la ecuación con la que se calcula el precio que las petroleras deben pagar a las fabricantes de bioetanol.

Efectivamente, de los 9,544 $/litro establecidos para setiembre, el valor se desplomó a $7,774 para enero del corriente año, acumulando una baja de casi 20% en el lapso de cuatro meses. Por otra parte el valor del producto obtenido del maíz comenzó a separarse del obtenido de la caña, de tal manera que para el primer mes de 2015 la diferencia en contra del maíz fue de 10 por ciento.

En principio se podría suponer que una baja en el precio del bioetanol de maíz se corresponde con una tendencia similar en este cereal (su principal materia prima) y/o con las naftas. Sin embargo, los mismos datos oficiales indican lo contrario.

El precio FAS teórico que difunde la cartera agrícola nacional muestra que el maíz pasó de un valor promedio en setiembre de $1.030 por tonelada en setiembre a otro de $1.240 en diciembre, es decir una suba de 20% contra una baja del 14% en el bioetanol.

Pero tampoco las naftas acompañaron la tendencia del biocombustible. Los precios de la propia secretaría de Energía marcan un valor idéntico de la nafta super en la ciudad de Buenos Aires, para la marca de YPF, de $11,91 por litro, en el último cuatrimestre de 2014.

En síntesis: la relación entre un litro de bioetanol y un kilo de maíz cayó de 9,26:1 en setiembre a 6,59:1 en diciembre. Respecto de un litro de nafta al público, la relación cayó de 0,80:1 a 0,69:1. Finalmente, el producto cayó frente al dólar, que mantiene una apreciación muy leve, que no compensa ni remotamente la pérdida de valor del bioetanol.

Este proceso se da en paralelo con el surgimiento de nuevos emprendimientos para la producción de bioetanol de cereales. El más notable de ellos en 2014 fue la planta que la Asociación de Cooperativas Argentinas puso a funcionar en Villa María, Córdoba.

Lo estratégico de esta industria es su papel como polea de transmisión en la industrialización rural. Una planta de bioetanol no solo produce energía sino que genera un subproducto, los destilados secos, de alto rendimiento para la producción animal. El cluster lechero y cárnico de esa región cordobesa ya se está beneficiando con la presencia de ACABio.

De ahí que sostener la sustentabilidad de la industria del bioetanol vaya más allá de lo energético. La lógica indica que, en principio, el valor del biocombustible debería guardar relación tanto con su principal materia prima como con el producto que está sustituyendo.

Lo destacable es que siempre se dijo que los biocombustibles iban a encarecer el precio de los no renovables, pero hoy estamos viendo todo lo contrario. Con un precio interno que apenas si se movió un 5% para abajo a partir del 1 de enero (frente al desplome internacional del barril de petróleo), el bioetanol termina subsidiando a la industria petrolera.