Archivo - Junio, 2015

El “campo” no acompañó al PRO en las elecciones de Santa Fe

El triple empate de Santa Fe, a la hora de elegir gobernador, tiene muchas lecturas desde lo político, extensibles al ámbito de su relación con lo agrario. ¿Qué dudas caben que el PRO expresa una buena parte del espíritu ruralista, con Alfredo De Ángeli como senador, un think tank influenciado por la SRA que aporta cuadros como Luciano Miguens, o hasta la reciente incorporación de un dirigente de Aacrea como coordinador del área, sin hablar de la participación del productor rural de Llambi Campbell, Alberto Reutemann?

¿Y qué dudas caben que Santa Fe es la provincia agrícola por excelencia, con su super cluster aceitero a la vera del Paraná, los orígenes de la colonia rural o el nacimiento del movimiento federado?

Se podría creer entonces que el voto rural debería migrar hacia las aguas amarillas del PRO, dada la empatía que el partido se esfuerza por demostrar hacia el agro.

Sin embargo, el voto del domingo parece estar muy lejos de eso. “Ganamos en Alcorta, Máximo Paz y Bombal, y Freyre fue reelegido intendente en Venado Tuerto”, se regocijaba el lunes por la mañana un dirigente del Frente para la Victoria del sur de Santa Fe. 

Es que no solo el ex intendente de Rafaela Omar Perotti creció 7 puntos porcentuales respecto de las PASO como candidato a gobernador, sino que la fuerza oficialista nacional logró un muy buen resultado en las elecciones a diputados, senadores y en las intendencias. En el departamento de Belgrano, el senador por el Frente para la Victoria sacó el 48%. También ganaron los candidatos del FpV en la tambera región de Castellanos (de donde viene Perotti), y en Las Colonias (donde Esperanza es la capital nacional del coooperativismo agrario), amén de departamentos rurales como San Jerónimo (Coronda), Vera (cuña boscosa), San Javier (fuerte productora de arroz) y Garay. 

Por otra parte, el Frente Progresista Cívico y Social de la gobernante coalición se impuso en otras regiones agrícolas y hasta capturó intendencias en zonas bien agrícolas como Casilda, sin hablar del excelente desempeño de Bonfatti con su lista de diputados provinciales.

En este escenario, donde la mejor perfomance la logró el ex Midachi en su lanzamiento a la gobernación, cabe preguntarse hacia dónde va y/o cómo influencia el voto del campo. La respuesta es que o bien el voto chacarero puro no mueve el amperímetro o bien no responde a lo que la lógica que proponen analistas políticos y periodistas.

Por caso, el ex intendente de Armstrong, Fernando Fischer, que había hecho carne el discurso ruralista en los tiempos de la 125, apenas sacó el 10% de los votos en el departamento de Belgrano a la hora de buscar una senaduría provincial por el PRO.

O el ex compañero de fórmula de Del Sel en 2011, Osvaldo Salomón, también firme aliado ruralista en el conflicto de las retenciones móviles, que vio perder su comuna de Chabás a manos de una agrupación vecinal, que obtuvo el 58% de los votos.

Más allá de quién indique la justicia electora santafesina que es el próximo gobernador, el punto es que se necesita rever lo relativo a la política y lo rural, en aras de construir una relación más fructífera en los tiempos por venir. Es evidente que la mirada clásica u ortodoxa no alcanza para comprender la complejidad del momento político actual.

Aportes al debate de la ley de semillas: El silencioso trabajo de los fitomejoradores argentinos

 


Por Javier Preciado Patiño

¿Sabía usted que la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, un organismo público financiado por la cadena agroindustrial tucumana, está cerca de registrar sus primeras variedades de soja en Sudáfrica? ¿O que Asociados Don Mario es la cuarta semillera global de soja por escala de siembra de sus cultivares? ¿O que uno de los principales obtentores de la oleaginosa es una cooperativa, Santa Rosa para ser más específicos?

Cuando el cultivo de soja arrancó en la Argentina, la genética venía en avión desde los Estados Unidos o Brasil. Uno de los pioneros en el mejoramiento local fue Don Julio Ferrarotti, con su Ofpec Rendidora 627 allá por los años 60. Hoy, su hijo Julio lidera el programa de Horus, una de las semilleras más nuevitas que hay en el mercado.

Tal vez el ciudadano de a pie asocia soja con glifosato y con Monsanto, creyendo que esta compañía es la que tiene la sartén por el mango del germoplasma sojero en la Argentina. Nada que ver.

Me he tomado el trabajo de rastrear los programas de mejoramiento de soja que hay en la Argentina, más allá de la escala que tenga, su tecnología, si son globales o locales, antiguos u nuevos. Veamos el resultado.

1.- Asociados Don Mario. Arrancaron en los 80 en Chacabuco. Es una empresa familiar, que se expandió a la región y más allá también y hoy, con más del 30% del área latinoamericana sembrada con sus cultivares es la cuarta en escala global. Y es argentina. Tienen capacidad para hacer 80.000 escaneos diarios de ADN con sus laboratorios de biotecnología en Londrinas y Buenos Aires y han creado su propio software para procesar los datos de las cientos de miles de líneas que testean cada año.

2.- Nidera. Rodolfo Rossi es un ícono del mejoramiento en el país y está directamente asociado con la introducción de la biotecnología en el cultivo. Si bien como trader, Nidera puede ser considerada una multinacional, en materia del programa genético se la puede considerar una nacional, que se ha expandido al mercado regional y ahora planea integrarse en una red global, desde que Nidera fue comprada por la china Cofco.

3.- Santa Rosa. La cooperativa continuó el programa que fuera de FACA, la quebrada Federación Argentina de Cooperativas Agraria. Es uno de los principales obtentores del país y ha crecido muy fuerte en Paraguay. Hoy están preparados para salir con variedades transformados con los principales eventos biotecnológicos por venir.

4.- Bioceres. Los desarrolladores del gen de resistencia a sequía HB4 montaron su propio programa que lidera la ingeniera Mariana Chiozza. Ya registraron sus primeras variedades y van por más.

5.- Sursem. La compañía radicada en Pergamino mantiene activo su programa de mejoramiento, a cargo de Leonardo Milanesi.

6.- Asoc. de Cooperativas Argentinas. La ACA tiene uno de los programas más antiguos del país (data de 1984) y su programa, liderado por Lucas Sala, cuenta con el acceso a la tecnología de marcadores moleculares en su base de Pergamino.

Entre las nacionales también podemos mencionar a Argenetics, en Colón, donde Eliseo Juncos y Marianela Errasti están al frente del programa. También en esa localidad está Semara, de Diego Maranesi, que ya tiene sus primeros cultivares listos para su lanzamiento comercial. Y desde Junín, se prende Agriseed, con su marca BAUP para el Mercosur.

Pero en los últimos años hubo un reverdecer de las semilleras multinacionales. Syngenta, que compró SPS, reactivó su programa de mejoramiento en Venado Tuerto, integrándolo a su red global. Dow, desarrollador de biotecnología con sus eventos Enlist y Conkesta entre otros, también armó su base local del programa global, con Walter Santone a la cabeza. Monsanto introdujo Intacta, y luego de haber adquirido La Tijereta (que tenía su propio programa) se está metiendo en el negocio de la genética con un programa cuya cabeza es Uri Krieger. Por último, Bayer adquirió FN Semillas, un semillero de Salta (Buenos Aires) con el fin de armar su plataforma global de genética sojera, que se integra con el programa de Igra en Paraguay.

Finalmente, en el sector público también hay programas. Decíamos el de la EEA Obispo Colombres que logró las variedades más exitosas para el NOA, que llegó al mercado de Bolivia con su cultivar Munasqa y que ahora le apunta a Sudáfrica. El INTA tiene su centro de mejoramiento en Marcos Juárez, pero ha resignado protagonismo a manos del sector privado. Y en la FCA de Entre Ríos, Diana Fresoli está al frente de un programa enfocada en cultivares convencionales.

Como vemos, hay un trabajo interesante detrás el mejoramiento de la soja. Marcos Quiroga, de Don Mario, me decía que con sus variedades han logrado aumentarle 23% de rinde entre 1998 y 2013, mucha más de lo que agregaría cualquier trait biotecnológico.

A la hora de discutir una reforma de la ley de semillas, habría que tener en cuenta que la labor de mejoramiento está activa y en manos fundamentalmente nacionales. Que las introducciones desde terceros países son ínfimas y que hay mucho conocimiento argentino involucrado en lo que siembran los productores y que este año significan 61 millones de toneladas. Por otra parte, que apenas el 15% de la superficie se siembre con semilla fiscalizada es una cachetada a semejante esfuerzo.