Archivo - Julio, 2015

Diego Cifarelli: “Queremos moler 9 millones de toneladas de trigo y exportar 2,2 de harina”

La industria molinera tiene capacidad hoy para moler  12 millones de toneladas de trigo, el 80% de la última cosecha. Sin embargo, está operando a la mitad de ese volumen. “Perfectamente podríamos estar exportando 2,2 millones de toneladas de harina“, apunta Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera.

Sin embargo, al ritmo actual, esta agroindustria que le agrega valor al cereal, terminará exportando entre 600 y 700.000 toneladas este año. Hasta 2012, la molinería había mostrado una constante expansión hasta superar el millón de toneladas exportadas; ahí había comenzado a romper la dependencia de los mercados de proximidad, como son Brasil, Bolivia y Chile que explican la casi totalidad de las colocaciones externas, abriendo otros nuevos en Centroamérica y Àfrica.

Sin embargo, la mala cosecha de ese año, llevó al cierre de las exportaciones y de ese volumen se pasó a exportar menos de 300.000 toneladas. Las cosas algo mejoraron en 2014 y un poco más en este año, pero la senda del crecimiento se cortó abruptamente, justo cuando el país se había convertido en el tercer exportador mundial.

“Hoy nos complican los subsidios de países como Turquía, que subsidia la importación de trigo de alta calidad y después la exportación de harina. Hoy la harina argentina llega a Venezuela a 500 dólares la tonelada, mientras la de Turquía lo hace a 400 dólares, y no hay otra explicación que los subsidios que aplica ese país, como también lo hacen los de la Unión Europea”, explica Cifarelli.

Cifarelli señala que la industria tiene un plan, basado en incorporar tecnología a los procesos industriales, formalizar el ciento por ciento de la actividad por la vía del autocontrol y dotarse de una mayor competitividad. “Nuestra fórmula es diálogo y más diálogo, propuestas y más propuestas”, en relación con el ida y vuelta que están teniendo con el Gobierno para llegar al objetivo de procesar 9 millones de toneladas y exportar más de 2 millones como harina y otros productos con valor agregado.

Quiénes pueden ser los hombres del agro en un gobierno de Scioli

Por Javier Preciado Patiño

Es una obviedad decir que los tres candidatos con más chances a asumir el comando del país a partir del 10 de diciembre son Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. Lo interesante es empezar a desgranar quiénes podrían ser las figuras que conduzcan o influyan fuertemente en la gestión del Ministerio de Agricultura en cada caso. Empecemos por el actual gobernador de Buenos Aires y la constelación de nombres que hoy ya están sonando.

Alejandro “Topo” Rodríguez. Literalmente tomó un hierro caliente a pedido de Scioli cuando aceptó liderar el ministerio de Asuntos Agrarios, siendo él un hombre de formación en lo político y sin antecedentes remarcables en el área agropecuaria. Pero como hombre leal al gobernador llevó adelante una gestión que le aseguró a Scioli tranquilidad en el frente rural, incluso en el difícil trance que fue el aumento del impuesto inmobiliario.

Naturalmente se podría pensar en el Topo como el hombre de Scioli para liderar el Minagri, si triunfa en las elecciones. En último caso será una decisión del presidente electo antes que una ambición del funcionario si va o no a Agricultura. Pero sería más esperable que el politólogo oriundo de Tandil cumpla una función más vinculada a lo político en el más alto rango, que a lo agrícola.

Gustavo Marangoni. Otro hombre de super confianza del Gobernador y que preside el directorio del Banco Provincia, a quien quiso hacer jugar para la ciudad de Buenos Aires, sin éxito (ni siquiera fue a las PASO). Con el banco Provincia siempre se ha mostrado muy cerca del mundo rural, yendo a las grandes exposiciones como ExpoAgro o la Rural de Palermo. A propósito, sus declaraciones sobre el campo van más allá de cuánto ha financiado la institución que dirige y no teme meterse en los temas grandes de la política agropecuaria. En el entorno del gobernador hay quien lo señala como un fuerte candidato para ocupar la cartera agrícola si triunfa su jefe político.

Carla Campos Bilbao. La actual secretaria de Desarrollo Rural es otro de los nombres que suena. Es ingeniera agrónoma, es bonaerense con base territorial política en el partido de Moreno, ha demostrado lealtad con las sucesivas gestiones con las que le tocó trabajar y además es una dirigente del PJ bonaerense (alineado en un todo con el proyecto Scioli Presidente), con la particularidad de tener línea directa con la Presidente de la Nación. Tiene a su favor la relación que ha cultivado con los gobernadores, por su rol como secretaria; en contra le puede jugar la poca afinidad que el establishment rural más conservador tiene por ella. En todo caso, un destino alternativo sería la Presidencia del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, institución desde donde llegó a la gestión pública, de la mano de Carlos Cheppi.

Omar Perotti. No hay que olvidar cómo jugó Scioli en la campaña a gobernador de Santa Fe, a favor del ex intendente de Rafaela. Ahora está candidateado a Senador nacional, pero si no entrara dicen que sería un gran candidato para el Minagri. A su favor tiene una muy buena consideración en el sector rural, en el caso de que Scioli quisiera jugar una carta “amigable” con el sector.

Sergio Urribarri. Ya bañado de humildad, el futuro ex gobernador no tiene asegurado un futuro político acorde con el rol que jugó en los gobiernos de Cristina, y de ahí que se especule con que un reconocimiento sea la cartera agrícola. A favor podría sumar el apoyo de los sectores industriales del agro; en contra, la poca simpatía que las organizaciones gremiales del agro le tienen, por su alta dosis de kirchnerismo.

La lista continúa. Esta es una primera aproximación a lo que puede ocurrir de acá al 10 de diciembre si finalmente Scioli termina ungido presidente. En ese caso las conversaciones se multiplicarán entre el electo y todas aquellas fuerzas que lo apoyaron, a la hora de tener participación en su gobierno.

Con la Resolución 187 el INASE busca desatar el nudo gordiano de la Bolsa Blanca

Por Javier Preciado Patiño

A fines de junio, el Instituto Nacional de Semillas decidió avanzar en la ordenación del mercado de las semillas autógamas, donde la participación de la semilla fiscalizada es minoritaria respecto del área sembrada. Esto es particularmente cierto para la soja, donde sobre una superficie de 20 millones de hectáreas la semilla fiscalizada alcanza apenas para plantar tres.

A esto se le podría sumar lo recaudado por la regalía extendida, que como lo definió un empresario del sector se parece más a una “contribución moral voluntaria” al reconocimiento del trabajo de los obtentores que a un sistema formal de recuperación de los derechos de propiedad intelectual.

Así, no menos de un 70% del área se siembra con semilla de uso propio (práctica contemplada en la Ley 20.247) o con semilla de origen ilegal. Poder determinar qué es cada cosa es el objetivo de la Resolución 187 del Inase, que obliga a los productores cuya facturación sea superior a tres monotributos de la más alta categoría (cuenta que da $1,8 millón al año) a declarar antes del 31 de enero de cada año de dónde salió la semilla de soja que utilizaron para la producción.

Ocho años atrás el mismo Inase había promulgado la Resolución 80 con el mismo objetivo. La diferencia es que en esa resolución se daba plazo hasta el 30 de junio, cuando el cultivo ya estaba levantado. Ahora hay que hacerlo mientras está implantado, dando tiempo a los inspectores del Inase a realizar las comprobaciones a campo.

Sin embargo, la nueva resolución mantiene cierta laxitud en materia de justificar el origen. El productor alcanzado tanto puede presentar la factura de compra de semilla de la campaña en curso, como de campañas anteriores, sin establecer un límite de tiempo

De todas modos, la industria semillera se muestra expectante que con esta normativa se pueda comenzar a acotar el mercado informal. “Al menos que pare de caer la proporción de semilla fiscalizada respecto del área total”, manifiestan no sin algo de resignación en el sector semillero. Es que cada campaña pareciera que el mercado legal no tiene piso, y su participación sigue cayendo.

Lo más curioso es que es un insumo que en vez de aumentar, baja. Desde una de las principales empresas sostienen que de un valor promedio del germoplasma (para excluir los eventos tecnológicos que tienen un canon aparte) de 27/28 dólares por bolsa en la campaña 2013/14, pasaron a uno de 24 dólares en la 2014/15. “La componente del grano en el costo se diluye y aumenta la participación del resto, la bolsa, el rótulo, el procesamiento, la logística, etcétera, que aumenta al ritmo de la inflación”, apuntan.

La norma entra en vigencia esta campaña y prevé el cruzamiento de datos entre el Inase y la Afip, entre otras cosas. También prevé que cada 30 de junio, el productor declara si va a hacer reserva para uso propio, para lo cual deberá identificar esos lotes (con un rótulo del Inase) además de declarar dónde se guarda esa semilla.

¿Cuánta más carne nos podemos comer los argentinos?

Por Javier Preciado Patiño

Esta semana dos informaciones fueron difundidas respecto de esa pasión alimenticia tan argentina: la carne.

Por un lado, en la celebración del Día de la Avicultura, el titular de la industria, Roberto Domenech, sostuvo que el consumo “promedio” y es importante recalcar esa condición, es de 118 kilogramos al año, compuesto por 59 de carne vacuna, 45 de pollo y 14 de cerdo.

En simultáneo, el informe de la industria frigorífica Ciccra sostiene que entre estas tres carnes y el pescado, el consumo anual trepa a 128 kilogramos, diez por encima del otro valor.

También habría que aclarar que se trata de un consumo “aparente” que surge de la diferencia entre la producción estimada, la exportación registrada y la cantidad de habitantes que somos.

De acuerdo con la FAO, los argentinos estamos en el top rank del consumo de estas proteínas animales (sin contar lo que sumamos por la leche y el huevo), ya que el consumo promedio en países desarrollados es de unos 76 kilogramos y en los “en desarrollo”, de 34 kilos. Estamos cuatro veces arriba de estos últimos.

La pregunta es: por un lado tenemos un potencial enorme para seguir creciendo en la producción de proteínas animales. Por el otro, ¿cuánta más podemos seguir volcando al mercado interno?

Las estadísticas mundiales indican que no hay mucho más para crecer en el consumo individual. Solo los estadounidenses y los habitantes de Luxenburgo comen más que nosotros. El resto de los países ricos tienen consumos de entre 80 y 100 kilos por habitante y por año.

Domenech, titular del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) está llamando a conformar una Mesa de las Carnes, con el objetivo de coordinar la estrategia comercial del país en la materia.

Es que es estratégico definir cómo se abastecerá la demanda interna y a qué mercados vamos a llegar en el exterior y con qué productos, para poder sostener el crecimiento de la industria cárnica sin exponerla a la crisis.

Juan Luis Uccelli, de la Asociación Argentina de Productores Porcinos, suele decir que por cada kilo que se incrementa el consumo de carne de cerdo en fresco, se liberan 40.000 toneladas de carne bovina para la exportación. Considerando que a mediano plazo no es esperable un desarrollo del mercado exportador porcino y que en el mercado externo la carne vacuna se paga muchísimo mejor que la porcina, apuntalar esta sustitución en el consumo local es clave.

Las estadísticas muestran con total claridad que los mercados a abordar en cuestión de volumen son los de los países emergentes, por lo que se hace vital encarar una fuerte y agresiva política comercial entre el sector público y el privado. Al margen de ello siguen siendo bienvenidos los nichos para productos de alto valor.

Frente al parate que están sufriendo algunas industrias (en el primer cuatrimestre las exportaciones aviares cayeron 20% en volumen y 40% en valor), es urgente encarar estas acciones.