Archivo - Noviembre, 2015

La ganadería va por la revancha. ¿Cómo se administrarán las tensiones de la cadena en el ciclo PRO?


¿Quién dijo que a las vacas no les interesa la política? Al momento de celebrarse las primarias, el Índice de Novillo de Liniers se ubicaba entre los 18 y los 19 pesos por kilo. Tras la primera vuelta, cuando sorprendieron el triunfo de Vidal en la provincia y los pocos puntos de ventaja que Scioli le había sacado a Macri en las generales, el índice comenzó un ascenso que lo llevó a los $22 por kilo al inicio de esta semana, es decir más de un 20% en el término de tres meses, tras conocerse el resultado definitivo.
Está claro que el sector ganadero esperaba y celebra el fin del ciclo K en la política, y le da la bienvenida a otro más amigable con sus expectativas.
Pero antes de entrar en la materia repasemos algunos números. Este cambio de ciclo toma al sector con un stock (oficial) de 51,6 millones de cabezas. Queda lejos de las 58,3 millones que se contabilizaron en 2006, pero está por encima de lo que había antes de la era K, en el breve interludio de la Alianza, cuando el stock se ubicaba por debajo de las 49 millones de cabezas.
Una segunda cuestión es el precio. Siempre de acuerdo a los informes del ministerio de Agricultura, el valor promedio del novillo en dólares para estos últimos años se acercó a u$s1,86, versus los 80 centavos que cotizaba en los 90 o los 48 centavos que cotizó en 2002, cuando se combinó el cierre casi total de los mercados externos por el ocultamiento de la aftosa con la salida de la convertibilidad.
Por el lado de la exportación, se alcanzó en 2006 un récord de más de 770.000 toneladas, volumen que tras el cierre del mercado y le regulación del comercio exterior fue cayendo hasta las 200.000 toneladas. Consecuencia de que solo se exportó lo más caro, el valor promedio de la tonelada vendida al exterior se terminó ubicando en casi 5.000 dólares en 2014, entre dos y tres veces más de lo que valía a comienzos de este siglo.
Ahora, la llegada de Macri al gobierno reaviva las expectativas de un boom de la ganadería bovina. En el sector industrial ya se vuelve a hablar de alcanzar el millón de toneladas exportadas, un número tabú al que parecía que se podía llegar allá por 2005.
Por otro lado los operadores del mercado señalan una fuerte demanda por la vaca de cría y la hacienda de invernada. La expectativa es que con un tipo de cambio más alto, sin restricciones para exportar y sin “precios cuidados” en el consumo interno, arranque un nuevo ciclo de retención de vientres y mayor peso de faena, que mejore los precios y la ecuación del negocio ganadero.
Por lo pronto, la suba de Liniers ya está alcanzando los mostradores de la carnicería y un corte que hace un mes estaba en 85/90 pesos por kilo, ha traspasado los $100 en estos últimos días.
Los diarios están titulando, dos días después del balotaje, “se dispara el precio de la carne” y habrá que ver cómo el nuevo gobierno compatibiliza la expectativa de la cadena de ganados y carnes de recuperar el ciclo de crecimiento en el mediano plazo, con la inmediatez de una posible estampida de precios, con su consecuente efecto inflacionario y malhumor entre los consumidores.
En este sentido, es decir en encontrar una vía para el crecimiento de la cadena bovina, será crucial el papel de las cadenas del pollo y el cerdo, en tanto y en cuanto puedan reemplazar el consumo de carne vacuna, con un diferencial de precio tal que no haya impacto para el consumidor.
La buena noticia es que los argentinos duplicamos en estos doce años el consumo per capita de carne aviar (pasamos de 20 a 40 kg) y comenzamos a incrementar el de cerdo, con lo cual la parte cultural del cambio ya está bastante avanzada. Se trata de encontrar un equilibrio entre los precios, que posibiliten generación de divisas y nuevos mercados para la ganadería bovina, con crecimiento para las cadenas aviar y porcina, y oferta abundante y a precios lógicos de proteínas animales para los argentinos.