Siempre me ha llamado la atención el hecho de encontrar a profesionales de la ciencia agronómica ejerciendo muy eficientemente tareas que están más allá de las incumbencias profesionales.
Recuerdo especialmente, con mucho afecto, a uno que se desempeñaba como gerente de Relaciones Institucionales de una empresa de servicios de salud. O a un ex compañero de la facultad que ahora gerencia desarrollos urbanos.
Entiéndase bien. No estoy hablando de aquellos profesionales que por no haberse podido insertar dentro de las áreas naturales de trabajo tuvieron que desarrollar otras tareas para ganarse la vida, sino de aquellos que por sus competencias intelectuales y de liderazgo hicieron una brillante carrera en áreas completamente ajenas.
En este sentido, leyendo las recomendables memorias de Gustavo Caraballo (“Entre Las Bambalinas del Poder”) me topé con un dato que ratifica mis sospechas. Se menciona allí que Orlando D’Adamo, artífice del Pacto Social con el que Perón asume su gobierno en el 73 y “quien dirigía las riendas del Ministerio de Economía” durante la gestión de José Ber Gelbard, era ingeniero agrónomo.
Carlos Leyba, subsecretario en esos años, en el también recomendable libro “Economía y Política en el Tercer Gobierno de Perón”, lo menciona como “ingeniero” a secas, “intelectual” y “empresario”.
Caraballo se refiere así a D’Adamo:
“Había sido asesor en los dos últimos años de Frondizi y realmente era un hombre extraordinario. Íntegro, trabajador hasta más allá del cansancio, lúcido, ajeno a todo interés personal ni a ninguna figuración política (…). D’Adamo viene de la CGE (Confederación General Económica), era un ingeniero agrónomo. Tenía una compañía que hacía forestaciones. Era de origen socialista y llevó al Gobierno (de Perón) a dos compañeros suyos ingenieros agrónomos, uno de los cuales fue el ingeniero Lucas Tortorelli (…). El verdadero factotum de la política económica era Orlando D’Adamo”.
En tanto, en el libro de María Seoane, “El Burgués Maldito” (dedicado a José Ber Gelbard), aparece mencionado en cuanto a su formación como ingeniero forestal.
Lo relevante, en cualquier caso, es que alguien que venía de las ciencias agropecuarias tuviera un rol clave en administraciones de dos figuras relevantes de la política argentina como fueron Perón y Frondizi.
Más allá de los juicios de valor que los lectores de este blog tengan sobre la tercera presidencia de fundador del PJ, el hecho aquí es destacar lo que yo entiendo como un meta atributo de la formación profesional de los agrónomos: su plasticidad.
Desconozco si en otras carreras ocurren procesos similares, a excepción de los ingenieros industriales y ramas afines que han sido descubiertos como extraordinarios talentos para gerenciar corporaciones.
En lo que respecta a los agrónomos me permito aquí esbozar una teoría: La plasticidad profesional tiene que ver con la visión se adquiere al aprender a manejar los complejos sistemas biológicos.
Esta hipótesis comprende dos puntos:
1) El estudiante de agronomía desarrolla un visión de sistema, donde aprende a pensar en función de múltiples y simultáneas interrelaciones de las variables intervinientes, en vez de hacerlo en forma de secuencias binarias lineales del tipo causa-efecto.
2) Aprende también a lidiar con sistemas biológicos, imperfectos, donde para cada modificación de una variable no existe un único resultado, sino un universo más o menos acotado de resultados posibles. Está naturalmente mejor preparado para trabajar con la Teoría del Caos, de Illya Prigogine.
Me viene ahora a la mente, el caso de un ingeniero agrónomo, que después de años de desempeñarse como gerente de una multinacional de insumos, ahora es un exitoso consultor de empresas (de todo tipo) en ¡digitalización de los procesos!
Creo que también es interesante analizar la evolución que muestran profesionales como Oscar Alvarado o Gustavo Grobocopatel.
Ellos estudiaron agronomía y volvieron al entorno de la empresa familiar como los técnicos que iban a mejorar los procesos productivos.
Con el tiempo esa función fue siendo derivada a terceros y ellos empezaron a concentrarse en donde mayor valor agregaban: el management de la empresa.
Finalmente, hoy posiblemente su mayor performance la obtengan como expertos en organizaciones y nuevos formatos relacionales. Y no extrañaría que el día de mañana, cuando estén próximos a retirarse, sean contratados ya no para decir qué y cómo hay que sembrar, sino para que asesoren en la organización de las cadenas biológicas.
Javier Preciado Patiño
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Simplemente decir que es grato leer sobre mi padre y agregar que una característica que con el tiempo descubro es la humildad que siempre tuvo
Comentario publicado por: GUILLERMO D´ | 30 Abril, 2010 en 12:54