Cómo es la estrategia de Bayer para meterse en el mercado de la genética de soja

Por Javier Preciado Patiño

La compañía alemana es una de las grandes players del agronegocio global. En su último balance (2014) el área de CropSciences facturó 9.500 millones de euros, mostrando un crecimiento de 7,7%, por encima incluso del crecimiento del grupo, que fue de 5,2 por ciento.

Sin embargo, la composición de sus ingresos se encuentra muy inclinada hacia los productos fitosanitarios. De esos 9.500 millones, 7.700 fueron aportados por herbicidas, fungicidas e insecticidas, mientras que solo 1.100 provinieron del rubro genético (semillas). El resto (700 millones) vino de las soluciones ambientales.

Pero sucede que hoy las soluciones a plagas, enfermedades o malezas, provienen de una combinación entre defensivos, genética y biotecnología. Lograr el equilibrio óptimo es lo que están buscando todas las compañías y de hecho el interés de Monsanto por Syngenta tiene que ver con la complementación de sus portfolios, el primero más genético y el segundo más químico.

Así, hace unos años en Bayer, que tienen posición en la genética de algodón, colza y arroz, decidieron ir por dos mercados genéticos más: el trigo y la soja. Y la soja significa el continente americano y particularmente la región sur, ya que entre Brasil, la Argentina y Paraguay se están produciendo más de 160 millones de toneladas de producción anual.

El desembarco arrancó en 2013, con la adquisición de FN Semillas en la Argentina, Granar (Igra) en Paraguay, y cuatro más en Brasil, la última de ellas Cooperativa Central Gaucha, de Rio Grande do Sul. Al mismo tiempo adquirió la compañía de inoculantes argentina Biagro, con lo cual también entra en la oferta de un insumo esencial para el éxito del cultivo. Hay que tener en cuenta que las compañías también se están moviendo para el lado de los biológicos, como lo hizo Monsanto con Novozymes (Nitragin).

Además ha montado estaciones experimentales (en el norte de Buenos Aires y en Tucumán), que se integran a la red global de mejoramiento del cultivo. Para el breeding buscó lo mejor que había en el mercado, como es María Eva González, formada en Nidera y Monsanto, o Marcela Díaz, ex Relmó, para el desarrollo comercial de la genética.

Con esta plataforma, más lo realizado en los EE.UU. con una estrategia similar, Bayer lanzó Credenz, como marca global para su genética de soja. Con esta marca, en la Argentina enfrentará a dos pesos pesados como son Don Mario y Nidera, los líderes del mercado local. También deberá enfrentar a Asgrow, una de las marcas más fuertes en el mundo que Monsanto está relanzando en la Argentina, a partir de la liberación de la tecnología Intacta.

Pero también están en el juego otros obtentores como Syngenta (con la marca SPS), Sursem, Santa Rosa y ACA, mientras que Dow prepara su desembarco y LDC Semillas apuesta al negocio del licenciamiento.

Es que la genética es la base para montar los traits, y ahí aparece la tercera componente en este aposionante juego. Bayer está llevando adelante un fuerte programa de desarrollo, a y su original evento de resistencia a glufosinato de amonio (Liberty Link), le está agregando uno nuevo a los herbicidas del tipo HPPD, como el isoxaflutole.

En este rubro, el de soluciones combinadas de biotecnología y herbicidas para las malezas resistentes, la competencia se avecina más que fuerte. Ahí están Dow con Enlist (glifosato + 2-4D) y Monsanto con Xtend (glifosato + dicamba), pero también está la tecnología de Basf, Cultivance, de resistencia a las imidazolinonas.

Con el desarrollo comercial de Credenz, Bayer lograría posicionarse en este exclusivo grupo que combina la oferta de las dos tecnologías, más un germoplasma propio.

Claro que un elemento clave, considerando el mercado argentino, va a ser la formalidad que se logre en materia de semilla de soja, ya que el actual 15% que representa la semilla fiscalizada sobre el área sembrada total, es un elemento muy negativo para el desarrollo de un mercado serio y competitivo.

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