El bioetanol pierde ante su materia prima

El nuevo escenario macroeconómico marcado esencialmente por la devaluación y la eliminación de las retenciones para todos los granos excepto la soja plantea desafíos muy fuertes para la industria de transformación de las materias primas del agro, si no hay una corrección vía medidas económicas.

Tomemos el caso del bioetanol, por ejemplo, una industria que en unos pocos años pasó de cero de producción a más de 800.000 metros cúbicos anuales y que generó un nuevo destino para el maíz, con un consumo que ronda el millón y medio de toneladas, y que tiene un potencial de crecimiento muy grande.

Son inversiones situadas en el interior profundo de la pampa húmeda, como Río Cuarto, Alejandro Roca o Villa María, todas en la provincia de Córdoba.

El caso es que el Gobierno Nacional le fijó un precio al litro de bioetanol de maíz de $8,02, un 5% más que en diciembre. Pero en el ínterin, el precio del maíz se disparó un 60% y el del dólar un 40%. Así las cosas, hoy se da la peor relación entre el producto industrial y su materia prima.

En setiembre de 2014, un litro de bioetanol equivalía a 9,3 kilos de maíz. Quince meses después, un litro de bioetanol apenas compra 4,3 kilogramos del cereal.

La caída de la relación supera el 50 por ciento. La industria del bioetanol enfrenta un panorama complicado. Por un lado está la suba del precio del maíz -que es su principal insumo-, pero también la de otros insumos dolarizados, como las enzimas, la urea o el gas, sin hablar de precios que ya se van acomodando, como los combustibles, que en enero experimentaron una suba de 6 por ciento. Frente a esto, el valor del bioetanol iría aumentando de a 5 puntos porcentuales mensuales, porque ese es el máximo que fijó la normativa promulgada durante el gobierno de CFK.

Frente a ese panorama, los industriales del bioetanol asumen que tendrán que afrontar un quebranto durante este primer semestre del año, a menos que el Gobierno Nacional modifique el marco normativo y permita incrementos mayores. La situación es especialmente mala para las nuevas inversiones, donde el peso de las amortizaciones y de los préstamos tomados impacta más duramente que en las plantas más antiguas.

Hay que considerar que una planta de 150 millones de litros de capacidad por año demanda una inversión de 150 millones de dólares, ya que se estima un dólar por litro de capacidad de producción.

La relación respecto de la divisa norteamericana es también negativa. Hasta hace dos años, la relación era uno a uno entre un litro de bioetanol y un dólar. Pero el cambio normativo ocurrido en 2014 y el desdoblamiento entre origen caña y origen maíz alteró esta ecuación. Ahora, con una devaluación en tor- no del 40%, un litro del biocombustible de maíz cuesta menos de 60 centavos de dólar.

La expectativa en la industria es, por un lado, la corrección del tope a la suba mensual (fijada en 5%) y por el otro, el aumento del corte obligatorio.

En ese sentido se espera que, prontamente, el presidente Macri anuncie (seguramente en el norte del país) el aumento al 12%, con la expectativa que un punto porcentual sea para la industria cañera y el otro para el maíz. Para los ingenios, atrapados en la crisis que le provoca un mercado mundial del azúcar en retroceso, colocar el bioetanol que producen a un valor 28% más alto que el del maíz (el valor para la industria azucarera supera los $10 por litro) es un factor de supervivencia ineludible.

En tanto, para la joven industria del bioetanol de maíz, la posibilidad de recuperar prontamente una ecuación rentable con la materia prima es esencial para que vayan apareciendo más inversiones que agreguen valor.

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