Desde este espacio vengo machacando en la necesidad de avanzar en la transformación de las materias primas dentro de las fronteras argentinas, y, de ser posible, lo más próximo al lugar donde se generan.
Unos años atrás, cuando era secretario de la Producción de Entre Ríos, el ingeniero Daniel Welschen ponía en términos muy sencillos cuál sería el ideal de una política favorable a la agroindustria: “Que ni un grano más salga de la provincia tal cual“.
Para esta misión transformadora, la industria láctea, la avícola o la arrocera, por citar algunas, son las grandes aliadas de la producción.
En este sentido, un informe de la Dirección de Estadística y Censos de Entre Ríos puede ayudar a darnos un cabal dimensionamiento del impacto de la agroindustria.
Este informe sintetiza las exportaciones provinciales del período enero a julio inclusive de 2009 (es el último disponible), y las divide en cuatro grandes capítulos: primarios, agroindustriales, industriales y energéticos.
Todo ello implica un total de casi 1.400 millones de dólares, de los cuales el 42% corresponde a los productos primarios, el 39% a los agroindustriales, otro 13% a los energéticos, y, finalmente, un 6% a los industriales.
La primera conclusión es que a la generación de divisas, la producción primera y la agroindustria entrerriana colaboran en partes iguales, y entre ambas superan el 80%.
Esta es la primera diferencia entre un modelo agroindustrial y aquel “modelo agroexportador” de comienzos del siglo XX, donde todo lo que exportaba la Argentina eran productos primarios agrarios. La Argentina de aquel entonces simplemente era un fason del mundo que con agua de lluvia y energía solar únicamente producía granos, pero que no era capaz de fabricar los insumos ni los bienes de capital necesarios para esa producción, ni procesaba los granos para transformarlos en productos de mayor valor.
Un dato ilustra el peso de la transformación. El valor promedio de la tonelada de producto agroindustrial fue de 789 dólares, contra 274 de los productores primarios. Agregarle mano de obra, insumos y energía al grano le triplica el valor.
Una mención especial hay que hacerle al arroz, paradigma de este modelo de desarrollo agroindustrial: mientras que las exportaciones de arroz cáscara (sin procesar) fueron en esos primeros 7 meses de 2009 de 4 millones de dólares, las de arroz blanco (elaborado) treparon a 65 millones de dólares.
Lo del arroz es sólo superado por la avicultura, en términos absolutos, en el segmento agroindustrial.
Entre Ríos concentra casi la mitad de la producción avícola argentina, y como cadena de valor o cluster constituye todo un ejemplo.
Esta actividad generó u$s74 millones, con un valor FOB promedio de 1.100 dólares/tonelada.
En comparación, una tonelada de soja generó un ingreso promedio de 379 dólares, mientras que una de maíz, uno de 183 dólares.
Si pensamos que el pollo es maíz y harina de soja transformado en el tracto digestivo de esos simpáticos plumíferos, vemos que este natural paso biológico multiplica por cinco el valor de los granos.
Mejor todavía si, en vez del pollo, hacemos pasar a los granos por el rumen de una vaca Holando.
La industria láctea generó u$s28 millones en divisas, a un promedio de 2.200 dólares la tonelada, el doble que el pollo.
El caso entrerriano lo podemos proyectar a toda la región pampeana. No tiene sentido confrontar el “modelo agroexportador” con el “modelo industrial”. Esto es algo distinto. Se trata de maximizar la potencialidad agropecuaria primaria para llevarla hasta la mayor sofisticación posible.
Naturalmente, una política de desarrollo agroindustrial sí sería opuesta a una que propenda la exportación lisa y llana de los granos, sin generar condiciones para la transformación fronteras adentro.
En este sentido, intencionadamente o no, algunas voces de la política en su afán por derrotar al kirchnerismo parecen estar proponiendo fórmulas que nos retrotraen a comienzos del Siglo XX.
Frente a ello, el caso de Entre Ríos nos indica cómo debería formularse una Política de Estado para la Agroinddsutria.
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Me parece una excelente nota y un cabal ejemplo de la política a aplicar en todo el país lo que no entiendo es como nadie más haya dejado un comentario sobre este tema tan importante para nuestra vida económica. Es hora de que los argentinos participemos activamente de la vida económica y política para resolver nuestros problemas sin recetas foráneas ni tengamos que escuchar cacarear a los cipayos de siempre y no meternos yo creo que simplemente es aplicar sentido común.
Comentario publicado por: Sandro | 11 Abril, 2011 en 0:08
en el portal http://www.biodiesel.com.ar hay mucha informacion sobre como agregar valor a la materia prima tradicional y nuevos cultivos energeticos
Comentario publicado por: emilio | 16 Marzo, 2010 en 18:41