Entre el Gringo Chacarero y el Hacendado Bonaerense

012

Si queremos ganar la elección, Reutemann tiene que dejar a los Kirchner“. Esta frase fue sentenciada por un intendente santafesino reutemista que veía que si el senador no se distanciaba del oficialismo, las chances de retener la comuna se iban a complicar.

La decisión del ex piloto de la fórmula uno le da más vigencia que nunca a la polarización que parece estar dominando la política: o con los Kirchner o con el campo.

Por un momento pareció que el acuerdismo podía imponerse y que un Reutemann corriendo las elecciones en alianza con el Gobierno nacional podía quebrar esa polarización. Pero el campo fue más fuerte.

El caso es que ya dos de los “que miden” se han abierto del oficialismo, presentándose como alternativa. Es el peronismo sucediendo al peronismo.

Pero no es casualidad que estos dos exponentes sean Carlos Reutemann y Felipe Solá. Uno santafesino, otro bonaerense. Uno con un nombre bien común, el otro más cheto. Uno sojero, otro ganadero. Uno con Aapresid, otro con Carbap. Uno arriba de la cosechadora, el otro del caballo.

Si en la pampa agropecuaria se pueden distinguir dos tipologías, estas están muy bien encarnadas por el gringo santafesino y el hacendado bonaerense.

El gringo tiene que ver con la inmigración europea de fines del Siglo XIX. Hijos de italianos, pero también de españoles, suizos o alemanes, fueron arrendatarios durante las primeras décadas, hasta que lograron hacerse dueños de los campos.

021

Aman los cultivos y la maquinaria necesaria para sembrarlos o cosecharlos. Son el núcleo duro que da vida a los congresos de Aapresid o la Agroactiva.

Carecen de abolengo y sus apellidos no están en los anales de la patria. Santa Fe, Córdoba, el norte de Buenos Aires y Entre Ríos son su región de origen.

El hacendado en cambio es originario del centro de la provincia de Buenos Aires. Son apellidos ilustres que nacen con la Ley de Enfiteusis de Rivadavia en 1826, al acceder masivamente a la tierra.

Su pasión son las vacas. El lugar natural donde se encuentran son las filas de las razas en la exposición rural de Palermo.

Más refinados y cultos, eligieron para su vida cotidiana casas y departamentos en el corredor norte de la ciudad de Buenos Aires, hasta no más allá de San Isidro. Cuando dejan este mundo suelen expresar su congoja en La Nación, diario al que son adictos por generaciones.

El error de Cristina fue creer que cuando surgía la rebelión del campo, todos eran la rémora del hacendado. La imagen del gringaje en las rutas dio por tierra en cuestión de minutos con esta concepción.

El campo fue la bala que le entró a un kirchnerismo invencible y que provocó el desbande de los barones peronistas.

La posición de Felipe durante el debate de la 125 lo dejó bien parado en imagen pública, por su orientación pro campo y anti K. Con igual aceptación, el Lole decidió tomar un camino muy parecido tiemop después.

Pero se recelan. En la intimidad, dicen que el santafesino habla de Felipe como “el cajetilla porteño“. Tal vez sea porque el ex gobernador tiene hasta un pueblo con su nombre: Felipe Solá, cerca de Bahía Blanca en honor a su tío abuelo. O porque luce en eventos tradicionalistas las pilchas gauchas que se compró.

Si bien su familia tiene campos en la zona de Gobernador Ugarte, Felipe no ejerció su profesión de ingeniero agrónomo como técnico a campo, sino que lo hizo en el ámbito de la economía. Fue analista para el CISEA y para Flacso. Su tutor fue Armando Palau, funcionario en el tercer gobierno de Perón; desde los equipos técnicos del peronismo saltó a la política. El resto es historia conocida.

El padre del Lole en cambio era arrendatario rural en Santa Fe. Quienes conocen su historia aseguran que no era lo que se diría una familia pudiente. El futuro corredor de autos se educó como pupilo en el Colegio de la Inmaculada, de los Jesuitas, donde uno de sus compañeros fue Víctor Trucco, el futuro presidente de Aapresid.

El campo lo tiene en Llambi Campbell, adquirido con el dinero que ganó en la fórmula 1. Por otra parte, no es nada del otro mundo: 700 hectáreas.

Con edades distintas, Felipe es del 50 y el Lole del 42, este momento político de la Argentina los toma en la misma vereda.

Ambos tienen legítimos pergaminos para reivindicar su pertenencia al campo.

Pero representan génesis distintas de la ruralidad. De alguna manera su acuerdo o su distanciamiento puede ser también la pauta de la unidad del agro, donde hoy conviven mundos tan distintos como la Federación Agraria y la Sociedad Rural.

5 Comentarios Para “Entre el Gringo Chacarero y el Hacendado Bonaerense”

  1. me saco los mocos y me los como
    jajaja pruebenlos

  2. escriben mucho idiotas jajajaja….

  3. bla bla bla pagina aburrida

    guacala jajajajaja idiotas………..

  4. es bueno que felipe sola representa lo mejor del campo argentino, fijense que se compro todo en la zona de pilar con la plata que robo en la politica es un cracq

  5. Excelente análisis! Muy necesaria comparación y diferenciación! visto está q hay + tipologías dentro de la ruralidad y muy bien estaría q las divulguemos públicamente…Es de lo q se habla desde el año 2003 cuando el agro (el del poder) quiso q los medios los diferencien…No puede hablarse ´del campo´ como un todo. Es como cuando se generaliza el dicho de ´la gente es…´
    Soy del interior Bonaerense, estudiante de Agronomía y simpatizante de la redistribución de la riqueza

Deja tu comentario