Si tomamos como punto de partida del conflicto agropecuario el momento en que se implementa el peso mínimo de faena, allá por agosto de 2005 (Resolución SAGPyA 645), la conclusión es que este Gobierno quedó atrapado en el laberinto de la carne vacuna, del cual nunca pudo salir, y que se fue propagando sucesivamente al trigo y el maíz, sumando en la carrera el problema de las retenciones.
Por qué la carne resultó ser un callejón sin salida donde se estrelló la política oficial.
Desde siempre, para los gobiernos la carne vacuna es un elemento sensible, por su valoración cultural en la dieta de los argentinos y por ende, por su impacto en el costo de la vida.
Como sociedad, constituimos una rareza global, ya que la mayoría de los pueblos que han accedido a las proteínas animales lo hacen a partir del cerdo y de las aves.
La carne vacuna en esos países es prácticamente una excentricidad o un lujo permitido solo en ocasiones especiales.
Pero por determinadas circunstancias históricas y tecnológicas, los argentinos hemos disfrutado a mansalva de este manjar y lo convertimos en un producto básico de nuestra dieta. Somos capaces de comernos 100 kilos por año, si el precio y la disponibilidad lo permiten.
Disfrutamos de una exclusividad casi única en el mundo, pero si lo analizamos fríamente, ¿qué razón de fondo habría para esto sucedad?
Como conversor de hidratos de carbono y proteínas vegetales, el vacuno es sumamente ineficiente respecto del cerdo o el pollo.
Si un novillito en el feedlot necesita 7 kilos de ración para hacer un kilo de carne, un pollo o un cerdo necesitan mucho menos de la mitad, incluyendo lo que hace falta para alimentar a la chancha y a las ponedoras. Y en la cuenta del vacuno no estamos considerando el consumo de alimentar a la vaca para que para el ternero y lo alimente hasta el destete.
Esa sola razón bastaría para que la carne vacuna costara por lo menos tres veces más que la de cerdo.
Pero durante mucho tiempo, resultó rentable sostener a los novillos engordando a campo sobre pasturas o verdeos.
Lo fue hasta que el desarrollo tecnológico agrícola por un lado y la demanda de granos por el otro -para alimentar a los cerdos y pollos que querían comer la nueva burguesía global- tornaron más lógico usar esa hectárea para producir soja, maíz y trigo, que dársela a pastar al novillito.
El boom de la demanda de granos, de la cual nos beneficiamos ampliamente a partir de este nuevo Siglo XXI, dinamitó la ilusión de la carne vacuna barata.
¿Quién podría parar un animal sobre un campo que vale 10.000 o 12.000 dólares la hectárea? O dicho de otra manera: ¿cuánto tendría que valer ese animal en la tranquera para que se justifique darle una hectárea para alimentarse?
El gobierno no vio, no entendió o no quiso ver esta situación.
Se manejó buscando evitar la tapa de los diarios que titularan sobre la suba del precio de la carne, crónica ilustrada en su interior con la opinión de sesudos analistas respecto de cómo eso impactaba en la inflación y cómo la inflación mandaba más gente debajo de la línea de pobreza.
El enredo fue creciendo geométricamente hasta llegar al presente, en el cual la ilusión de la carne barata se sostiene gracias los fuertes subsidios otorgados a los feedlots, por un lado, y a los funcionarios que evitan mirar los verdaderos valores de la carne en la góndola, por el otro.
Hoy más que nunca existe consenso respecto de que la fábrica de terneros está declinando y basta para ello con preguntarle a cualquiera que disponga de capital si invertiría en el negocio de la cría.
Sin embargo, me atrevo a plantear que la declinación de la cría abrirá en el mediano plazo la posibilidad de un sinceramiento de la situación de la ganadería, de la dieta de los argentinos y de la canasta alimentaria.
No se trata del voluntarismo que pueda exhibir este gobierno o el que venga, sino del resultado que surge cuando los patrones de consumo global de alimentos, se cruzan con los de la tecnología agrícola y la limitada disponibilidad de tierras.
Es duro. Pero vamos a tener que pensar que de carne vacuna, un poco antes o un poco después, no vamos a poder comer más de 30 kg por año, por tirar un número. Y que el resto que necesitamos para satisfacer nuestras ansias carnívoras se completarán principalmente con cerdo y pollo.
Si el núcleo duro que influye en la toma de decisiones -que ha dado muestras de una gran creatividad- se da cuenta de esto, entenderá que es clave aplicar los fondos que hoy se usan para sostener la ilusión de la carne barata, en el desarrollo de las industrias porcina y avícola.
La ganadería vacuna ha marcado el pulso de nuestra sociedad y la política. Desde la época de Hernandarias, cuando se distribuía los cupos para las vaquerías entre los amigos del poder, hasta la Cuota Hilton, pasando por los saladeros, los frigoríficos, la Sociedad Rural, los feedlots, etcétera.
Un sencillo carnicero porteño decía que la carne tendría que valer unos 30 pesos promedio para que empiece a generar rentabilidad aguas arriba de la cadena, es decir hasta llegar al criador.
Eso, inadmisible para el sistema político, significa una restricción del consumo por precio. Pero si este proceso se acompaña de un inteligente sistema de estímulo a la producción porcina y avícola, acompañada con una política de precios, lo que antes era un laberinto paralizante, podría transformarse en una autopista hacia el desarrollo.
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Esto demuestra que el tema de la carne tiene demasiadas puntas diferentes con intereses contrapuestos y de allí surgen las grandes diferencias de los argentinos ( se dice que donde hay una reunión de 2 argentinos siempre habra como minimo 3-4 opiniones diferentes y hasta contrarias). Por un lado los productores ( y la mentalidad de la mayoria de ellos, en esto hay un componente historico que viene del “reparto” de la distribucion de las tierras en la conquista del desierto), por otro la poblacion argentina (uno es la “tradicion” alimentaria y el deficit alimentario de una gran mayoria que no cuentas con las posibilidades economicas de acceso al consumo), el Estado ( por un lado con la obligacion de distribuir mejor la renta que origina, la obligacion de que la poblacion esté por encima de la linea de la pobreza, la “necesidad” de recaudar, etc). Ahora no estaria mal como politica de Estado subvencionar a los sistemas de feed-lot y tb a las crias en campos que no pueden ser destinados a la agricultura de granos como a las crias de tambo ( la crianza de porcinos y pollos no requieren subvencion alguna) para liberar tierras para la agricultura y “tecnificar”, el engorde a corral ( quedaria pendiente, el tema de la contaminacion de los efluentes de criar en confinamiento) y otro tema pendiente es como “llega” el precio a mostrador y que esa subvencion se refleje en el precio que deben abonar aquellos que hoy no pueden acceder a comprar. ES TODO UN TEMA¡¡¡
Comentario publicado por: Rodolfo | 20 Agosto, 2009 en 16:20
Yo agregaria a este comentario:
El requerimiento normal de proteinas para una persona es de 1 gramo /kilo de peso /dia o sea para una persona de 70 kg es de 70 gr /dia Con 1 huevo de 30 gr y 40 gr de queso
de cumplen las necesidades basicas El resto de las proteinas ingeridas se eliminan por orina como N no proteico o sea o sea que estamos ” orinando” el resto de las proteinas (carne)que ingerimos por dia. Es el lujo que nos damos los argentinos Basta cn observar que los paises mas desarrolados consumen 30 kg /año/persona y no estan en desnutricion proteica.
Los argentinos consumen 75 kg carne año o sea
200 gr dia de carne( proteina 95%)
Estamos substituyendo HdC por proteina,y eso tiene un costo que algun dia se tenia que terminar
Por lo tanto no nos deberia extrañar lo que esta pasando con la ganaderia
Comentario publicado por: roberto | 2 Julio, 2009 en 15:26
si, una autopista al desarrollo!! en que país viven.
Desde siempre en argentina no se dejó crecer a la ganadería más de 3 o 4 años seguidos, y ahí no más se les baja la caña. Siempre hay un motivo, político, sanitario, económico, no sean inocentes!!!
ah, y a nosotros los argentinos, no nos va el pollo y el cerdo nos va la carne de vaca.
Comentario publicado por: sole 2009 | 30 Junio, 2009 en 10:23