La Fascinante Historia de los Orígenes de la Soja

Con Carlos Steiger, Luis Alberto Porzio, Roberto Feeney y Bernardo Piazzardi, durante la presentación en la Maestría de Agronegocios de la U. Austral, en Rosario

Así como los niños no nacen de un repollo, la soja no apareció en la Argentina por obra y gracia de la fortuna.

A fines de marzo tuve la grata oportunidad de presentar en la Maestría de Agronegocios de la Universidad Austral el fruto de un trabajo que me ha ocupado los últimos doce meses: bucear en los orígenes del cultivo de la oleaginosa en nuestro país -desde la óptica de las instituciones- hasta lo que podría llamarse su “instalación” definitiva en la agricultura argentina, cosa que ocurrió a mediados de los 70.

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El caso entrerriano marca el norte para una Política de Estado agroindustrial

Desde este espacio vengo machacando en la necesidad de avanzar en la transformación de las materias primas dentro de las fronteras argentinas, y, de ser posible, lo más próximo al lugar donde se generan.

Unos años atrás, cuando era secretario de la Producción de Entre Ríos, el ingeniero Daniel Welschen ponía en términos muy sencillos cuál sería el ideal de una política favorable a la agroindustria: “Que ni un grano más salga de la provincia tal cual“.

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El factor Institucional detrás del “milagro” de la cadena arrocera argentina

Las estadísticas sobre exportaciones de arroz para los primeros once meses de 2009 (últimas disponibles) dan cuenta de que el cereal producido en la Argentina llegó a 39 países. El principal destino sigue siendo Brasil, que se quedó con el 38% de las 571.000 toneladas embarcadas.

En el puesto número 2 aparece Chile con el 17%, al que siguen Irak con el 15% y Senegal y Venezuela con el 8% cada uno.

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El desafío del gremialismo rural en el Siglo XXI

Veamos dos noticias difundidas en los últimos días. Por un lado, Marfrig anunció que constuirá un feedlot para 20.000 cabezas en Córdoba. “Nuestra intención es que estas empresas (por Marfrig) se integren a la cadena cárnica de Córdoba a través de su participación en los proyectos de fideicomisos ganaderos que estamos desarrollando”, dijo el ministro de Agricultura provincial, Carlos Gutiérrez (el texto resaltado es mío).

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La agregación de valor es lo que define la pelea de los “modelos”

Desde hace un tiempo a la fecha ha ganado fuerza la idea de que existe un modelo sojero o agroexportador, rémora del modelo vigente a principios del Siglo XX (la Argentina Granero del Mundo). Ese modelo, guiado por un nuevo orden mundial tiene a la soja como buque insignia, a los transgénicos, agroquímicos y sus transnacionales como punta de lanza, y a la depredación social y ambiental como principales consecuencias. Es la soja que acaba con el trigo, el maíz, el tambo, la cría, los bosques naturales, los pueblos originarios, etcétera, etcétera.

Es obvio cuál es el modelo antitético en esta visión y es fácil encontrarlo en distintos medios.

Desde mi apreciación esto constituye una evidente falacia. La controversia o el choque de modelos se da entre una agricultura que agrega valor y oportunidades para su sociedad, y otra que no.

Una agricultura que no agrega valor sería aquella que importara todos los insumos necesarios para producir los granos y exportara todo el grano tal cual sale de la trilladora por los puertos. Genera riqueza, pero para pocos. Seguir leyendo »

¿Qué ganadería veremos en los próximos años?

Este miércoles tuve la oportunidad de participar del Seminario de Aprocaboa sobre ganadería en el Mercosur.

El primer comentario que hay que hacer es que el tema sigue siendo convocante. Hace rato que no veía el auditorio de la Bolsa de Comercio de Rosario tan lleno, fenómeno que ocurrió desde la apertura y se profundizó sobre el cierre, lógicamente con la atracción que provoca el Rabino Bergman.

Pero vayamos al tema que nos convoca, la ganadería.

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Hacia una mirada más inclusiva desde el agro (dejar de mirarse el ombligo)

En los últimos tiempos he comenzado a percibir un cambio en el discurso del sector agropecuario. Empieza a hablarse de dejar de espiar la realidad desde el ojo de la cerradura de la actividad y abrir la puerta hacia una mirada inclusiva y más abarcativa.

Hace más de un mes en un encuentro realizado en Rosario, Lucio Aspiazu, diputado electo por Corrientes (Acuerdo Cívico y Social) lo expresó con total claridad. Cuenta que cuando asumió el compromiso de aspirar a una banca comenzó a recorrer la provincia como político y que allí se dio cuenta (“darse cuenta”) que la realidad de su Corrientes era mucho más amplia de la que se veía desde el sector agropecuario. Planteó entonces la necesidad de construir agenda que vaya mucho más allá de las retenciones.

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Busti y el rescate del pensamiento último de Perón sobre agro, ambiente y sociedad

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El pasado sábado 17 de octubre, el ex gobernador de Entre Ríos y veterano militante peronista Jorge Busti hizo mucho más que movilizar la militancia para colmar el estadio de Obras Sanitarias en la ciudad de Buenos Aires: en su discurso de cierre le hizo un lugar al pensamiento de Perón en su última presidencia en temas de tanta vigencia como el agro y el ambiente.

“¿Por qué siendo jóvenes seguíamos a un hombre que en esos momentos tenía 70 años?”, se preguntó Busti, palabra más, palabra menos. “Porque estaba hablando del futuro”, se contestó.

El actual presidente de la Cámara de Diputados de Entre Ríos y activo armador de una corriente peronista federal, dispuesta a pelearle el poder al kirchnerismo de la mano de Felipe Solá y los peronismos santafesino y cordobés (el PJ Chacarero), levantó la bandera del Perón de los 70, buscando también ganarle terreno ahí a la dupla gobernante.

“Hablaba del ambiente, la contaminación, el continentalismo y el universalismo”, dijo Busti, para luego reclamar el fin del conflicto con los chacareros, “un conflicto que no tiene sentido”.

Es interesante esta evocación al pensamiento del líder del PJ y una buena fuente para rescatarlo es la colección de los mensajes dados entre junio de 1973 y su fallecimiento, editados por la misma Presidencia de la Nación en aquellos años. Sintéticamente, podemos encontrar los siguientes ejes:

1) La Argentina como país productor de proteínas para el mundo. Veía un primer mundo contaminado y agotando sus recursos naturales, contra un mundo en desarrollo con los suyos intactos. “Somos los ricos del futuro“, repetía Perón, como cuando se reunió con la dirigencia agropecuaria para firmar un pacto de Concertación con el sector. Si bien se focalizaba en la carne vacuna (“podemos tener 150 o 200 millones de cabezas en vez de las 50 actuales”), es completamente válido para un país que sigue exportando los componentes de las dietas de los porcinos y aves en los países consumidores.

En agricultura, hablaba más de cereales que de oleaginosas, pero se enfocaba en que se estaba produciendo al 10% del potencial, aunque, advertía, había que producir más sin contaminar “como en los países desarrollados”. El viejo líder político ya hablaba de sustentabilidad.

2) La integración rural urbana. El campo produciendo alimentos para el consumo interno, generando saldos exportables, y la ciudad produciendo tecnología para que el campo produzca. Una ecuación perfecta.

3) Subordinación de la política a las fuerzas productivas. “Si las vacas paren, si tenemos buenas cosechas, la política no tiene nada que hacer”.

4) El desarrollo armonizado entre industria y agro. “En mi primer Gobierno la producción agropecuaria era buena y el único recurso de la República. La industria estaba totalmente a cero; hasta los alfileres que consumían nuestras modistas eran importados de Francia. En 1955 el país estaba fabricando sus barcos, sus camiones, sus automóviles (…)”. Hoy la integración urbano rural está en boca de muchos líderes políticos, incluso el socialista Hermes Binner.

5) El problema ambiental. En varias de sus alocuciones, el Presidente machaca sobre el cuidado ambiental, la creciente polución y la superpoblación. Posiblemente en parte obedezca a la corriente de pensamiento que fluía desde organizaciones como el Club de Roma (Los Límites del Crecimiento) o lecturas como La Primavera Silencionsa, pero la preocupación por las fuentes de energía no contaminantes y el respeto por el ambiente conservan notable vigencia. “Debemos quitarle al hombre el maldito espíritu de destrucción que tiene dentro de sí. Quizá sería prudente formalizar un slogan que diga: ‘No sea estúpido, no mate los pájaros porque después tendrá que inventar insecticidas’”, decía el general.

Incluso asoma una visión neo malthusiana en sus dichos. “”Yo me pregunto, ¿qué será de la población mundial en el año 2000, cuando se haya duplicado? (…) Cada día que pasa se va acercando más ese momento: si no se procede así (la unión de la humanidad) las soluciones son siempre dos: un reordenamiento geopolítico que permita una mayor producción y distribución o la supresión biológica, tendiente a disminuir las bocas que consumen (…). Otra cosa que habrá que hacer es limitar el crecimiento de la población. No es posible seguir con este ritmo de crecimiento en el planeta, pues este ya no da para más”.

6) Continentalismo y Universalismo. “Señores, estamos ya convencidos de la necesidad del universalismo. Vivimos un continentalismo que es pasajero, porque hoy las evoluciones tienen una rapidez tremenda. En el medioevo llevó cinco siglos cambiar el sistema. en la etapa de las nacionalidades dos siglos y en esta oportunidad serán pocos los años que nos separen del universalismo. 

Lo concreto es que en su tercer y último gobierno, Perón buscaba los acuerdos, el gran pacto social que se basara en las coincidencias de los argentinos. Primero entre partidos políticos, luego entre trabajadores y empresarios y luego en los sectores económicos. 

En el caso del agro, se plasmó en un plan trienal y un Acta de Compromiso del Estado y los Productores para una Política Concertada de Expansión Agropecuaria y Forestal, el 7 de setiembre de 1973. Allí se plasmaban las metas hasta 1980. Por ejemplo, se preveía llegar a las 23 Mt de maíz, 15 de trigo, casi 9 de sorgo y casi 4 entre girasol y soja.

Los sucesos políticos posteriormente terminaron tirando por la borda los esfuerzos de mancomunar objetivos. Nuevamente la sociedad se paró sobre sus diferencias.

Aunque tal vez no se lo haya propuesto explícitamente, tal vez Busti evocando al Perón de los 70, a un año del Bicentenario de la Patria esté llamando a la unión y el consenso de los argentinos.

Tiempos de Añoranza: En los ‘70 la Soja era Buena

Una revisión rápida de alguna literaruta de fines de los 60 y principios de los 70 me llevan a la conclusión de la existencia de una pasión entre los argentinos: beatificar todo lo que es chico y no tiene éxito y demonizar a lo que es grande y exitoso.

Y la soja no le escapa a estas generales.

Revisé ediciones de esa época de Agro Nuestro, una publicación de la Federación Agraria Argentina, que gentilmente me ha obsequiado mi amigo y colega Danilo Gallay.

Hay que empezar por el título de una de las notas: “Soja: un cultivo de gran demanda que mejora los suelos“. “Que mejora los suelos”, qué paradoja con la publicidad negativa que se le está tirando en la actualidad como el cultivo que estropea todo lo que toca: el suelo, el ambiente, la salud…

El artículo refiere a que en entre el 15 y el 17 de agosto de 1971 se había realizado en Arequito la Primera Fiesta Provincial de la Soja, con la presencia de referentes del cultivo como fueron Carlos Ramussi y Antonio Pascale (de la Fauba), o el economista agrario Adolfo Coscia, del Inta Pergamino.

Por aquellos años era muy poquito lo que se producía del “yuyo”, pero se avizoraba que el potencial que tenía era impresionante. Entonces Ramussi y otros colegas organizaron una Comisión para el fomento del cultivo. Transcribo lo que en ese momento veían como beneficios que iba a traer la soja.

“El productor contará con un excelente cultivo para las rotaciones, mejorando los suelos; obteniendo mejores ingresos y aumentando los rendimientos de los cultivos posteriores (sic!). b) A los fabricantes de aceites, que tendrán una nueva semilla para cubrir su capacidad ociosa. c) A los fabricantes de alimentos balanceados que podrán incorporar a sus productos la harina de soja. d) A los exportadores, que contarán con una producción de gran aceptación en el mercado internacional; y e) Al país, por la mayor entrada de divisas” (¡que le preguenten a los gobiernos de la devaluación para acá!).

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¿De Quién es la Culpa de que cada vez haya Menos Productores?

Parece que de vez en cuando los números del Indec son creíbles. Ahora la oposición los utiliza para decir que de 2002 a la fecha, salieron del sistema 60.000 productores agropecuarios.

La conclusión, en manos del senador provincial bonaerense por la Coalición Cívica y dirigente de la FAA, Roberto Molini, es obvia: “El único responsable de esta destrucción es Néstor Kirchner“.

Dejemos por ahora de lado los avatares de la política y concentrémonos en los datos detrás de la noticia. Evidentemente hay un proceso de concentración o de pérdida de diversidad productiva, que atraviesa gobiernos tan dispares como el menemismo, la Alianza (sí, no se olviden), Duhalde y el kirchnerato.

¿Es evitable este proceso? ¿Se da en la Argentina únicamente? ¿Ocurre solo en el sector agropecuario?

Mi intuición me dice que en líneas generales hay menos de todo. Hay menos fabricantes de agroquímicos, menos semilleros, menos agronomías, menos almacenes, incluso menos cadenas de supermercados, etcétera, etcétera. Y no solo aquí, sino en todo el mundo.

Pero no quiero mirar la realidad desde mi intuición, sino compartir algunos números con los que me he topado en los últimos días.
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