Tag : ‘avicultura’

El lobby antipollo o cómo se busca destruir la agregación local de valor

Por Javier Preciado Patiño

Empecemos por el principio. A principios de octubre, un diario uruguayo titula “El sector avícola uruguayo se moviliza contra el pollo de EE.UU.”, cuya información base proviene de una carta que la Asociación de Fasoneros de Pollo del vecino país le envía al Presidente Mujica, preocupados por la sensible situación que están atravesando.

a) El ingreso de cortes (pata muslo) desde los Estados Unidos a precio de dumping, según denuncia la asociación. “Llegan a Uruguay a un precio que acá no paga ni el costo de producción”, señalan. El origen sería el bloqueo ruso a las exportaciones estadounidenses por el conflicto de Ucrania.
b) Ingreso de pechugas desde Brasil, factor que les distorsiona el mercado y que violaría un acuerdo comercial de que solo se importe desde ese origen pollo entero.
c) La deuda de Venezuela (u$s8 millones) con Avícola Tres Arroyos y la consecuente discontinuidad de las operaciones con ese destino.

La nota de los polleros uruguayos a su presidente pide la aplicación de medidas antidumping a los EE.UU., negociación con Brasil y con Venezuela, en este último caso por el tema de los pagos.

Incluso en declaraciones periodísticas, dirigentes de los polleros señalan que el ingreso de carne aviar desde el país del norte fue “la moneda de cambio para que les dejaran entrar los cítricos y la carne ovina” uruguaya.

Hasta acá la información proveniente del vecino país. Sin embargo, la existencia de un fuerte lobby anti agroindustrial interno intenta convertir esta información en un relato catastrofista para los argentinos.

Con el trasfondo de la situación de Rasic Hnos. (que entró en convocatoria de acreedores), los datos provenientes de Uruguay se reorganizan para intentar mostrar que ahora la agroindustria argentina más dinámica de la última década puede colapsar por haber hecho exportaciones a Venezuela.

De acuerdo a las estadísticas del Senasa, en 2012 Venezuela representó el 23% del total de las exportaciones aviares (carne y subproductos), participación que en 2013 se elevó a 41% y en los primeros ocho meses de 2014 se contrajo a 36%.
Sin duda el país sudamericano es un destino clave para la industria avícola, como es China y Hong Kong en materia de subproductos (se llevan el 83%) o Japón y Rusia si de ovoproductos se trata (56%).

Sin embargo que sea Venezuela parece tener un valor negativo especial, posiblemente por incorporarle una dimensión politica a lo estrictamente comercial o de mercado.

Lo que no se menciona es que hasta 2001 la Argentina, segundo productor mundial de maíz, importaba más pollo del que exportaba. Hoy no solo duplicamos la producción de maíz (pasamos de 15 a 32 millones de toneladas), sino que pasamos de faenar 260 a 730 millones de pollos por año.

Es cierto que en 2013 y lo que va de 2014 la producción se ha estabilizado y retrocedido levemente. Pero acá también es importante señalar que los argentinos estamos alcanzando un consumo de entre 115 y 120 kilos de carne por habitante y por año y que ya (como menciono en el blog de julio) las tres carnes actúan en conjunto. Si la de carne bovina se dispara el consumo se pasa a pollo y cerdo y viceversa. Por otra parte, los mercados externos han perdido el dinamismo de años anteriores y eso repercute en nuestra industria, que sin embargo se ha consolidado como proveedor confiable en este lapso.

Es cierto también que para cumplir con el plan de expansión de la avicultura se requiere incrementar la escala e incorporar más tecnología de primera línea, para mejorar la competitividad sistémica del sector. Brasil puede ser más competitivo en materia salarial (paga relativamente peor a sus trabajadores), con lo cual la estrategia es llegar a ser más eficientes todavía en materia de costo del kilo vivo.
Pero la lección uruguaya no es que el problema es Venezuela (lo lógico es que se redireccionan los envíos cuando un mercado tiene problemas) sino la presión de los grandes productores mundiales de pollo como son los Estados Unidos y Brasil que pueden subsidiar sus envios a terceros países y borrar de un soplido a sus incipientes clusters polleros.
Hasta aquí la Argentina ha demostrado que puede crecer en producción de granos y en transformación de estos en manufacturas industrializadas.
Pero estemos siempre atentos al lobby primarizante, que no está dispuesto a bajar los brazos.

La avicultura no detiene su marcha de crecimiento y le sigue agregando valor a la cosecha

Por Javier Preciado Patiño

Hablar de la avicultura argentina no es solo hacer referencia a los pollos que comemos o que exportamos, sino hablar de una actividad que saca los granos de la ruta a los puertos para meterlos en un proceso de transformación que agrega valor y genera empleo.

El año pasado, la faena de pollos trepó a la cifra absolutamente récord de 735 millones de cabezas, con las cuales se produjeron casi 2 millones de tonelada de carne. En los 90, se llegaron a procesar, en el mejor momento (1999) 343 millones de cabezas, que no llega a ser ni la mitad de lo que se produce ahora.

Es más, la debacle que significó la salida de la convertibilidad implicó que esta industria entrara en crisis y que la faena cayera a 261 millones de cabezas. De ahí en adelante, nunca paró de crecer, ni siquiera en los años de crisis externa, gracias a un plan de expansión de la exportación y de un creciente consumo interno.

De hecho, las 735 millones de cabezas faenadas en 2012 significaron un aumento de 8% respecto de 2011.

Y en lo que va del año, las exportaciones siguen firmes hacia arriba. En el primer trimestre enero a marzo, las ventas externas de pollo entero congelado (que es el grueso de las exportaciones cárnicas) treparon a casi 54.000 toneladas, contra 38.440 de igual periodo de 2012, lo que marca un incremento de 40%.

Pero como también hubo una mejora en el precio promedio dela tonelada, que pasó de 1.792 a 1.974 dólares, el total de divisas que le generó la avicultura a la Argentina se disparó de 69 millones de dólares en 2012 a 107 millones en 2013, es decir un 55% más.

Si consideramos que en el primer trimestre de este año la tonelada de maíz en promedio se exportó a 276 dólares y la soja a 500 dólares (datos reales de la Aduana), tenemos que el costo de hacer una tonelada de pollo, en forma grosera es de 1.052 dólares, contra casi el doble que vale el pollo eviscerado, sin contar lo que aporta el valor de los subproductos (garras, plumas, sangre, etc.).

Esta agregación de valor de no menos de 2 a 1 es un activo estratégico que los argentinos tenemos que defender porque significa más trabajo y más generación de riqueza.

Tan importante como alimentar al mundo es dar trabajo a los argentinos

Por Javier Preciado Patiño

La semana pasada tuve oportunidad de presentar el Modelo Agroindustrial del Bicentenario en la III Convención de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe) y en el VI Congreso de la Federación Argentina de Ingenieros Agrónomos (Fadia).

En ambos espacios se generó un más que interesante intercambio tanto desde la palestra como después, donde uno de los planteos fue el relativo a la industrialización de las materias primas del agro como herramienta para la generación de empleo.

Es que en todos o casi todos los foros de la agricultura argentina se habla y hablamos del papel de la Argentina y sus productores para solucionar la alimentación de un mundo que en 2050 tendrá 9.000 millones de habitantes, pero rara vez se habla de que tan importante como eso es lograr que toda nuestra población económicamente activa tenga un empleo y de calidad.

En el año 2000, nuestro país dejaba atrás la década de los 90, donde la producción de granos había pasado de unos 40 a 60 millones de toneladas, es decir un aumento del 50% en su producción.

Sin embargo, importábamos más pollo del que exportábamos, comprando con nuestras divisas trabajo brasileño. Hoy, las exportaciones de pollo pasaron de menos de 30.000 toneladas a más de 300.000, generando 500 millones de dólares de divisas y dando trabajo a miles de familias en ´todo el interior productivo.

Hemos pasado en esta última década de las 60 Mt a más de 100 Mt, pero todavía importamos una parte de la carne de cerdo que necesitamos desde Brasil. ¿Cuánto más demoraremos en sustituir esa importación y dar trabajo local, además de ahorrar divisas?

En el congreso de Fadia presenté un gráfico con la evolución de la importación de cosechadoras a partir de la devaluación de 2001, con datos del INTA Manfredi. Resulta que la recuperación de la economía de los chacareros y que tantos beneficios trajo a la Argentina y a la sociedad en general, también significó un mercado de 12.500 cosechadoras para quienes las fabrican fronteras afuera. Si bien hay una componente nacional en ellas, lo concreto es que unos u$s3.500 millones se han ido más allá de nuestros límites como nación. Por eso, bienvenida sea la instalación en nuestro territorio de esas plantas, aunque más no sea para ensamblarlas.

Si en un gran consenso nacional  asumimos que es vital por la generación de riqueza y empleo la industrialización de las materias primas del campo, de la mano de una agresiva política comercial exterior y reglas de juego con carácter de Políticas de Estado, es posible profundizar el camino hacia el desarrollo agroindustrial.

A este paso, la avicultura superará a la ganadería bovina

La presentación del presidente de la Cámara de Empresas Procesadoras Avícolas,

La presentación del presidente de la Cámara de Empresas Procesadoras Avícolas, este miércoles 23 de junio y en ocasión de un nuevo festejo del Día Nacional de la Avicultura, deja mucha tela para cortar.

Para este 2010, la industria estima que producirá 1,65 millón de toneladas de pollo, más del doble de lo que producían en 2003. En tanto, las exportaciones superarán las 330.000 toneladas, por un valor de 450 millones de dólares, mientras que lo que va al mercado interno (el 80% de la producción) sostiene un consumo de 34 kilos por habitante y por año.

Si comparamos estos números con los de la carne vacuna, podemos decir que la diferencia en esta década se han acortado sustancialmente. En 2009 la producción de carne bovina fue de 3,4 millones de toneladas, con exportaciones por 660.000 toneladas y un valor de u$s1.650 millones.

Es decir, la avicultura hoy ya representa un tercio aproximadamente de la ganadería vacuna, una actividad tan arraigada en nuestra tradición que data de la época del virreynato.

Pero en estos siete años u ocho años las avícolas le ha descontado una distancia sideral y ahora van por más.
(más…)

El caso entrerriano marca el norte para una Política de Estado agroindustrial

Desde este espacio vengo machacando en la necesidad de avanzar en la transformación de las materias primas dentro de las fronteras argentinas, y, de ser posible, lo más próximo al lugar donde se generan.

Unos años atrás, cuando era secretario de la Producción de Entre Ríos, el ingeniero Daniel Welschen ponía en términos muy sencillos cuál sería el ideal de una política favorable a la agroindustria: “Que ni un grano más salga de la provincia tal cual“.

(más…)

Carnes: Qué produce el mundo, qué la Argentina

Siguiendo con el post de hace unos días, respecto del consumo inusualmente alto de carne vacuna por parte de los argentinos, me he permitido presentar a los amigos del blog el siguiente cuadro, cuyos datos están tomados del Food & Agriculture Policy Research Institute, para el año 2008.imagen-2

Como vemos, solo Australia tiene un patrón de produccion similar al nuestro, con la diferencia de que sus cultivos predominantes son de invierno (trigo, colza, cebada), mientras que en la Argentina tenemos una gran producción de dos alimentos básicos para los animales: maíz y soja.

En el resto de los países, la producción de carne vacuna, porcina y aviar está balanceada (Estados Unidos) o francamente volcada hacia la porcina (Europa) o levemente hacia la avícola (Brasil).

Hay un dato adicional que trae el outlook del Fapri, sumamente interesante y tiene que ver con el precio de las carnes. Por ejemplo, para 2008, el instituto cita como precio pagado a productor en la Unión Europea, 3,20 euros por kilo en el caso de la carne vacuna (17,5 $/kg), versus 1,53 euro por kilo para el pollo y el cerdo (8,22 $/kg).

Para los Estados Unidos, el Fapri da un valor promedio de 2 dólares por kilo para el novillo gordo (Nebraska Direct Fed Steers), contra 1,05 para el capón con 50/52% de magro y 1,75 dólar para el pollo (precio mayorista).

No está claro en ambos casos si se trata de peso vivo o al gancho, pero lo cierto es que hay una diferencia importante entre el valor de la carne vacuna y la de los otros productos. Los valores para otros países siguen esa tendencia.

Daría la impresión de que los cambios tecnológicos en la producción agropecuaria de nuestro país nos irán llevando hacia un modelo productivo con mayor participación del porcino y posiblemente direccionando los cortes vacunos de mayor hacia el mercado externo.