Tal vez el primero en reconocerlo haya sido Ricardito Alfonsín, a poco del fallecimiento de su padre, cuando comenzó a tener mayor exposición mediática: nadie en su sano juicio podría prescindir de las retenciones para administrar el país.
Esta afirmación premonitoria comienza a tomar forma ahora, a medida que los contendientes del 28 de junio dan a conocer sus definiciones en el tema agropecuario.
De esta forma nadie podrá sentirse traicionado el día después, pero se da la paradoja para el sector agropecuario que aquello por lo que se luchó tanto, difícilmente cambie: las retenciones parecen haber sido asimiladas por la política como una herramienta insustituible para la gestión de gobierno.
Comencemos por Francisco de Narváez, que presentaría su propuesta el próximo 9 de junio en Pergamino, por lo cual para conocer su opinión en la materia hay que remitirse a la página web.
Allí, en el ítem “Economía y Producción”, dice en el Punto 3 que su propuesta es: “Impulsar la revisión integral de la política de retenciones, disminuyendo gradualmente las alícuotas y segmentando el tributo por cultivos, escalas y regiones”.
Lo concreto de la propuesta es “impulsar el análisis”, a lo cual se supone devendrá una disminución (no eliminación) gradual y por segmentos.
Más concreto fue el candidato del PRO en Entre Ríos, Armando Saliva, que dio un indicio respecto de qué tan gradual podría ser el proceso: “cuatro o cinco años” aseveró.
En el otro extremo del espectro ideológico, el Frente Progresista del gobernador Binner tampoco se propone la eliminación de los derechos de exportación.
En su Propuesta Agropecuaria, el binnerismo plantea “un régimen de retenciones segmentadas y progresivas, con un tope que no afecte la rentabilidad de los productores”.
Como se ve, acá directamente no se habla de disminución sino de adecuación del canon en función de la escala del productor. Y en cuanto a la alícuota, la define como “aquella que no afecte la rentabilidad”, es decir un concepto tan inestable como el que disparó el conflicto, allá por marzo de 2008.
Más concretos, Elisa Carrió y sus adláteres del Acuerdo Cívico y Social han manifestado que promoverán la eliminación de las retenciones al trigo, maíz, sorgo, carnes y productos regionales, pero no a la soja, que pasaría a tributar el 25%.
Las crónicas periodísticas cuentan que un productor autoconvocado que participaba de la reunión les espetó “Los veo dubitativos. Las retenciones deben desaparecer.”
Los líderes del acuerdo fueron sinceros: “va a pasar un tiempo hasta que gradualmente podamos eliminarla”, le contestó Prat Gay.
Por otra parte, el economista consciente de que los números fiscales tienen que cerrar sí o sí, adelantó que el agujero que dejen las retenciones sería cubierto por un impuesto que grave la “renta extraordinaria”.
El pensamiento de Carlos Reutemann, otro emergente del conflicto rural, podría ser el que plasmó en su proyecto de ley presentado en ocasión de la votación de la 125: retenciones de entre 22 y 30%, con segmentación por escala y excedentes aplicables al pago del impuesto a las Ganancias (al igual que el 70% del gasto en fertilizante).
Más actual, en una misiva dirigida a las entidades rurales de la provincia, los candidatos del peronismo entrerriano, donde Jorge Busti aparece ligado al proyecto reutemista, señalan estar dispuestos a “discutir sobre el nivel de retenciones y segmentación sobre distintos productos”.
Barrandeguy, número 1 de la lista y Cristina Cremer de Busti, número 2, apuntan que “en el caso de los cultivos agrícolas pampeanos se tiene que debatir en el marco de una mesa técnica (…) los niveles de retenciones que garanticen a los productores una rentabilidad razonable“.
Conclusión: a 14 meses del inicio del conflicto de la 125 pareciera que la discusión en torno a los derechos de exportación ha servido más a los fines políticos que a los sectoriales.
La eliminación de las retenciones ingresa al plano de la utopía, aún en aquellos partidos que han captado la simpatía de los ruralistas, y la discusión en torno a ellas seguirá girando en torno a zonas grises como “segmentación”, “asegurar rentabilidad”, “escala”, etcétera.
Así las cosas, tal vez lo único que cambie después del 28 de junio sea la sensación de que antes había retenciones “malas” y que ahora llegarán las retenciones “buenas”.
Javier Preciado Patiño