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Las pymes y cooperativas agrarias también son parte del proceso virtuoso de exportación

Por Javier Preciado Patiño

Este miércoles tuve la oportunidad de exponer en el Congreso Argentina y Asia en 2030, desarrollado en la Facultad de Agronomía de la UBA. Presenté en la ocasión tres casos de cooperativas agrarias, de pequeña a media escala, que en los últimos diez años han podido concretar la aspiración de exportar sus productos, haciendo los primeros palotes en materia del mercado asiático.

Se trata de la cooperativa Eco Zonda, de San Juan, que produce, seca, procesa y comercializa pasas de uva; de la Cooperativa de Productores de Cerezas Integrados de Gaiman, en Chubut y de la ya conocida en este blog, la Cooperativa de James Craik, que está exportando leche en polvo.

El denominador común de estas tres experiencias y particularmente de las dos primeras, es la voluntad de los productores de seguir siendo parte del negocio en este nuevo paradigma (muy diferente del que vivieron sus padres y abuelos), lo que implica la necesidad de asociarse para lograr escala, sumar competitividad intrínseca por vía de la incorporación de tecnología e integrarse aguas arriba en la cadena de valor participando de los procesos de comercialización y distribución.

Otos dos denominadores comunes lo constituyen a) el rol de las asociaciones intermedias, por caso la Federación de Cooperativas Federadas, que articulan las demandas de estas iniciativas con la oferta que llega desde el sector público, y b) el apoyo del Estado, sea por la vía de la Nación o los gobiernos provinciales.

Por ejemplo, por medio del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (Prosap) los productores de uvas de San Juan recibieron el 40% de la inversión que significó la línea de procesamiento.

Los productores de cereza de Gaiman también fueron apoyados para instalar una línea inteligente de clasificación y procesado, desde el Estado nacional, y así quedar a la par en competitividad con los productores chilenos.

Da gusto hablar con ellos para escuchar sus proyectos. Los de Gaiman planean incorporar una nueva zona de producción de cerezas tardías, que alargaría la temporada hasta el mes de marzo, entrando en plena contraestación al Hemisferio Norte y sacandole ventaja allí a sus competidores chilenos. También se plantean lograr la Denominación de Origen para sus frutas. Y reclaman que los aviones de carga bajen hasta Trelew para no tener que mandar primero las cerezas por tierra hasta Ezeiza y recién allí embarcarlas a destino, con los costos adicionales que ello implica.

En San Juan, los productores de pasas de uva llegaron a exportar 1,6 millones de kilos en la última campaña y si no fuera por las heladas que mermó la producción en este año, hubieran crecido más en volumen. Pero además de hacer volumen aspiran a exportar su producto ya fraccionado (las cajas de 10 kg son consideradas como granel) y capturar el valor agregado que implica llegar directo al consumidor. Para ello están contando con el apoyo del Prosap para fortalecer su imagen y la marca Don Viñato.

El mensaje transmitido en el Congreso Asia Argentina 2030 es que las pymes y las cooperativas rurales son y deben ser parte del entramado del complejo exportador agropecuario, agroindustrial y agroalimentario.

El dato es que a pesar de que China importa anualmente unos 130.000 millones de dólares en productos de estas categorías, la Argentina participa con menos del 1% y básicamente a través del poroto de soja, un producto con cero valor agregado industrial. Participar a futuro con exportaciones que implican más mano de obra argentina, como ser los lácteos es una necesidad vital.

En el caso de Córdoba, en 2002 las exportaciones de lácteos a China eran nulas. En 2012 ya sumaban unos u$s25 millones. Es de esperar que para 2020 esos números se hayan multiplicado por diez.

La única verdad es la realidad: la pequeña cooperativa cordobesa que ya exporta leche en polvo a China

Por Javier Preciado Patiño

James Craik es una pequeña localidad cordobesa de 6.000 habitantes. Allí se emplaza desde 1926 su cooperativa agrícola, que arrancó siendo de ramos generales, para convertirse en los años 40 en tambera, por el sesgo que había tomado la producción de la región.

Hasta los 60 y la primera mitad de los 70 había vivido un continuo crecimiento, que llevó a los cooperativistas a montar una planta de elaboración de quesos y de secado de leche, una forma de agregar valor y defender la economía de sus socios. Pero justo con la inauguración de su planta de secado (en 1977) comenzó un largo periodo de oscuridad, que fue común a todo ese segmento de la economía social. “Empezó con el Proceso (Militar) y se continuó durante los 90 hasta la crisis de 2000 y 2001″, recuerda José Luis Volando, hijo del mítico dirigente de la Federación Agraria, Humberto Volando, presidente del Consejo de Administración de la cooperativa.

Pero en estos diez años la tendencia se revirtió y la cooperativa retornó a su senda de crecimiento. Construyeron una planta de cereales nueva (están asociados a la ACA), también una nueva estación de servicios y modernizaron la planta de lácteos, que quedó habilitada a fines de 2012 para la exportación.

Pero ahora han dado un paso relevante; comenzaron a exportar leche en polvo a China, en un volumen mensual que va de 50 a 100 toneladas mensuales.

“El mercado chino maneja volúmenes gigantescos, pero para nosotros es un logro poder ser parte del abastecimiento de ese mercado”, opina Volando. A pesar de haber estado dos veces en China para conocer el mercado, la operación se está realizando por medio de un trader internacional. “El barco donde van nuestras 100 toneladas de leche en polvo lleva 6.000 para China”, ilustra el dirigente y productor cooperativo.

La cooperativa recibe diariamente unos 120.000 litros de leche de unos 40 productores asociados, que terminan transformados en quesos y leche en polvo. “Mediante el proceso industrial le estamos duplicando el valor a la leche que recibimos”, explica Volando.

Esto es ni más ni menos el efecto del agregado de valor en origen que tanto se pregona y que, dicho sea de paso, le da empleo a 100 personas en esa localidad de 6.000 habitantes.

En un momento en que algunos sectores gremiales manifiestan una situación terminal apocalíptica para lechería, Volando echa un manto de cordura sobre la situación, dejando tres conceptos clave.

1.- El precio de la leche fluida no es el ideal pero se va acomodando, aunque con algún retraso. Hoy ronda los $2,60 a $2,70 y está mejorando. Sin embargo, los $3,60 que reclaman algunos sectores solo serían pagables por empresas dedicadas 100% a la exportación.

2.- El Estado ha generado herramientas útiles para el sector, como son los fondos rotatorios que a esta cooperativa le permitieron ponerse en condiciones de exportar. “Lamentablemente ni el sistema bancario ni el impositivo hacen diferencia con el cooperativismo”, apunta Volando, en el sentido que muchas normas burocráticas terminan complicando el acceso al crédito para las cooperativas.

3.- El hecho de que estén pudiendo exportar a China habla de una función ineludible del Estado que es la apertura de nuevos mercados, y que en este sentido ha funcionado a la perfección.

Hoy, la exportación de 100 toneladas de leche en polvo mensuales representa para la cooperativa una facturación de $4 millones o el 20% de los ingresos. La idea no es tanto avanzar en volumen -quieren cuidar el abastecimiento al mercado interno- sino en darle continuidad y en aliarse con otras cooperativas similares para hacer un volumen mayor en conjunto o para avanzar en otras especialidades como es el concentrado del suero.

Volando también destacó la acción de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), como facilitador de la articulación público privada en favor del cooperativismo agrario. Precisamente, dirigentes de la Fecofe estuvieron en febrero en la Gulfood de Dubai buscando nuevos mercados y clientes para las cooperativas asociadas.

Comercio de granos: Incluso China se basa en el aprovisionamiento de las grandes traders globales

Por Javier Preciado Patiño

En su editorial del domingo 7 de febrero, el periodista Horacio Verbitsky, del cual se puede cualquier cosa menos que sea opositor, admite que la idea de recrear una suerte de Junta Nacional de Granos o IAPI es en la práctica, imposible y encuadra esas iniciativas en lo que identifica como “sectores de lo que podría denominarse la izquierda K”.

La lógica que esgrime el editorialista es que no hay tiempo (considerando los dos años que restan del mandato de CFK), que hay iniciativas que no resisten el menor análisis (por ejemplo incautar los silos bolsa, como proponía Luis D’Elía) y que la estructura de la producción granaria argentina hoy es muy distinta  a la existente en el primer gobierno de Perón.

Incluso en un momento se muestra sorprendido que un cuarto de las exportaciones de poroto de soja sean manejadas por el cooperativismo agrario, es decir ACA y AFA, o que la ACA supere en ese ítem a las grandes multis.

Pero el baño de pragmatismo al que se sometió la principal pluma de Página 12 no contempló algunos factores estructurales del trading de commodities agrícolas que hoy hacen muy difícil pensar en la estatización del comercio granario.

El mejor ejemplo puede ser China, la segunda economía mundial y sobre la que nadie duda que podría manejar íntegramente la compra de granos si así quisiera.  La  nación asiática está importando casi 70 millones de toneladas esta campaña (de acuerdo al Dto. de Agricultura de los EE.UU.), que es casi una vez y media la cosecha argentina.

Semejante volumen es llevado a China por las grandes compañías globales, que adquieren el poroto en los EE.UU., Brasil, la Argentina y Paraguay.

Cargill, una compañía estadounidense que está en este negocio desde hace 150 años, comenzó a operar en China en la década del 70 y aceleró su desembarco a partir de los 90. Hoy cuenta con cuatro plantas de molienda de soja, tres en la provincia de Guandong y una en la de Jiangsu. Además actúa en el negocio de la nutrición animal, los almidones y edulcorantes. Allí emplea a más de 7.000 personas.

Pero no solo eso. Cargill es clave en la logística oceánica moviendo con habilitad todo tipo de graneles de un lugar a otro del mundo.

Pero además de Cargill, se encuentran en China operando sus pares ADM, Bunge y Dreyfus. De acuerdo a un artículo del portal Dailynews, estas empresas manejan el 80% del crushing de soja en la nación asiática.

En síntesis: Si uno piensa que estas empresas ya se acercan a los 200 años de existencia y que han sobrevivido a todo tipo de circunstancias políticas, económicas y sociales, es hora de pensar o mejor dicho de repensar cuál es el límite de la Argentina para avanzar sobre la comercialización granaria.

Es factible que China tenga interés en algún tipo de acuerdo país- país con la Argentina, pero que en todo caso sería complementario y no sustituto de su actual sistema de aprovisionamiento. En el mejor de los casos podría funcionar como un esquema sobre el cual se arbitraría el resto de las operaciones, pero hasta ahora esta voluntad, manifestada en más de un encuentro bilateral, no ha avanzado hacia acciones concretas.

Mercosur – China y el Nuevo Orden Global Agroalimentario: un análisis de la aprobación de biotecnologías para el Cono Sur

El último fin de semana, el ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación anunció que China daba luz verde a tres eventos biotecnológicos en soja y uno en maíz.
Se trata de la soja RR2Bt o Intacta, de Monsanto; de la soja resistente a imidazolinonas o Cultivance, desarrollada por Basf y el Embrapa; dela soja LL resistente a glufosinato de amonio, de Bayer y del maíz resistente a insectos MIR 161 de Syngenta.
Son cuatro tecnologías que ya han sido liberadas por el gobierno argentino pero que para que puedan estar disponibles para los productores es necesario que los países importadores de granos los acepten.
Sin duda se trata de una noticia altamente relevante por una cantidad de factores. Veamos.
1.- China es hoy la segunda economía mundial y todo indica que en los próximos años superará a los Estados Unidos.
El crecimiento de esa economía ha llevado a un cambio en la dieta alimentaria de sus habitantes, que comenzaron a consumir mucha más carne de cerdo y pollo, para lo cual necesitan producir alimentos balanceados, para lo cual necesitan soja y maíz, básicamente.
Así China está importando unas 60 millones de toneladas por año, que agrega a sus 14 de producción propia, y las 200 de maíz que también viene produciendo.
Semejante cantidad de soja tiene esencialmente tres orígenes: Estados Unidos, Brasil o la Argentina (a lo cual se podría sumar Paraguay, cuya producción ya se acerca a las 10 Mt).
Ahí comenzó una puja entre oferentes y demandante. Porque para el Mercosur es imprescindible que sus agricultores dispongan de tecnologías de punta, para producir más y en forma más sustentable.
Cuando hace diez años las reglas las ponía unilateralmente la Unión Europea, había que resignarse a bailar al compás de ese burocrático bloque. De lo contrario recordar la “Política Espejo” llevada adelante por el Estado argentino en los años de gobierno de La Alianza.
Pero ahora resulta que los propios países del Sur están desarrollando biotecnologías, como la Empresa de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa) de Brasil, que se asoció con Basf para desarrollar una soja tolerante a herbicidas.
Ahí empezaron las negociaciones con China, donde al peso de la demanda se le contrapuso el peso de la oferta.
2.- Se trata de un ejemplo fantástico de coordinación inter-nacional y público privada regional.
Por un lado, la gestión del Minagri argentino estuvo en todos los detalles de la negociación. Pero al lado también estaba Brasil, con su ministro de Agricultura haciendo lo mismo y con el mismo discurso.
El argumento era demoledor: si ustedes (China) aprueban estas tecnologías podremos producir más y así contribuiremos a tener más seguridad alimentaria y además podremos contener los precios de los granos. Un ejemplo de ganar – ganar.
Pero también estuvo en China el titular de la Cámara de Diputados y ex ministro de agro, Julián Domínguez, que no fue solo, sino con legisladores de la oposición, y todos manifestando la misma convicción de que los chacareros quieren producir más, para alimentar a 600 millones de personas en todo el mundo, en vez de los actuales 400 millones. Los legisladores se tuvieron que “fumar”, de paso, una hora de elogios hacia la Argentina por parte de los funcionarios chinos.
Y también estuvieron en China representantes de las empresas semilleras y de las organizaciones técnicas de los agricultores, empujando también las negociaciones con sus interlocutores.
3.- El contexto en el cual le transmiten al ministro Yauhar la decisión china de dar luz verde a las tecnologías no es un dato menor.
Se trata de un encuentro de ministros de Agricultura de América latina y el Caribe con las autoridades asiáticas que pone de manifiesto la relevancia de la región como socio comercial en agricultura de la República Popular China.
4.- Sin duda puede ser un punto de inflexión para el Nuevo Orden Global Agroalimentario. Por un lado, dos economías emergentes han podido negociar de igual a igual con la segunda mundial.
Por otro lado se trata de tecnologías casi exclusivas para esta región, de las cuales los mejores ejemplos pueden ser Cultivance o la Intacta.
¿Cómo se van a alinear ahora el resto de los países frente a este nuevo eje chino sudamericano?
La producción granaria argentina ya está en un piso de 100 millones de toneladas (dos cosechas casi al hilo por encima de ese umbral) y podríamos ir en los próximos años a un nuevo piso de 130 millones, sin tocar demasiado el área sembrada y en base a aumentar los rindes unitario.
La Argentina rompió con la política que le bajaba la Unión Europea respecto que hacer con su agricultura. Ahora el Viejo Continente insiste utilizando los grupos ambientalistas para frenar el avance agroalimentario argentino, pero no quiere terminar de entender que algo nuevo está ocurriendo, se siente al respirar…

Por qué es trascendental la visita del Sr. Wen Jiabao a la Argentina

Por Javier Preciado Patiño

A ver si nos entendemos: La República Popular China tiene casi la quinta parte de la población mundial y su PBI supera los 10,6 billones de dólares. Son 1.300 millones de personas que están mejorando sus ingresos, cambiando sus hábitos alimentarios, pasando de la vida rural a la urbana y formando parte de un colectivo que en los próximos diez o veinte años pasará a ser la primera economía mundial.

Atrás habrán quedado los tiempos en los que Europa le marcaba el paso al mundo. Los tiempos de aquella Argentina y América latina subordinada a un orden global donde nosotros éramos productores y exportadores de materias primas, para luego importar bienes industriales con mano de obra extranjera.

Hoy los tiempos han cambiado. El crecimiento mundial se sostiene gracias a las economías emergentes, mientras la vieja Europa tambalea de crisis en crisis. Surgen las naciones del este asiático, del Asia Central, de América latina, del sur de África. Es la juventud emergente frente a la declinación del mundo desarrollado.

Los clientes para la Argentina están allí. En norte de África, en medio Oriente, en el extremo oriente, acá nomás en América latina (en Colombia hemos desplazado a los Estados Unidos como proveedor de granos) y en África.

Ese mundo unipolar, Norte Sur, se ha dado paso a uno multipolar, de relación entre pares. Lo dijo el embajador chino previo a la llegada de Wen Jiabao: ambas naciones somos economías emergentes, más allá de la escala.

De hecho China, con 1.300 millones de habitantes produce 500 millones de toneladas de granos, mientras que la Argentina, con 40 millones produce 100 de granos y puede llegar a 160 en el transcurso de esta década.

China necesita de nuestros productos y nosotros de sus consumidores.

Pero el secreto del éxito de nuestra vinculación no pasa por venderle únicamente el poroto de soja. Pasa por entrar con lácteos, vinos, ovoproductos, carne aviar, cerdo, carne vacuna, productos de la acuicultura, aceites, harinas, etcétera, etcétera. Necesitamos exportarles productos que conlleven mano de obra argentino, para que este Modelo Agroindustrial del Bicentenario actúe redistribuyendo riqueza.

Afianzar el círculo virtuoso de industrialización de la ruralidad es una de las claves para consolidar este esquema. Veamos en este ejemplo las externalidades que se generan. Por la política de sustitución de importaciones una empresa que prestaba servicios para la industria eléctrica decidió establecerse en el distrito de Gral. Rodríguez, cerca de Buenos Aires. Pero una vez instalada encontraron que había un potencial mucho más interesante en el tratamiento de las instalaciones para las granjas porcinas, cuyas partes metálicas se deterioran con los efluentes de los cerdos.

Que esta empresa haya encontrado una oportunidad en la actividad menos esperada es el resultado de empresarios que apuestan a la cría porcina. Si ello ocurre es porque es rentable producir cerdos y si es restanble res porque los argentinos estamos comiendo más de esta carne alternativa. Y a su vez ello ocurre porque el poder adquisitivo ha mejorado -más allá del problema inflacionario- y más gente accede a una dieta más rica en proteínas animales y de mayor variedad.

Ahora el próximo paso es que la actividad porcina salga al mundo y multiplicar un pequeño mercado de 40 millones de argentinos, por los 7.000 millones que habitan el mundo, tal como lo viene haciendo Brasil, otra de las economías emergentes.

Por eso es tremendamente relevante la visita de Wen Jiabao, porque estamos frente a la posibilidad de crear un esquema de cooperación con equidad entre ambas naciones, pero que exige un cambio de actitud frente a un cambio de época.