Normalmente, pasados unos 45 días cualquier persona con acceso a internet podía saber cuál había sido la molienda de cereales y oleaginosas de un determinado mes en la Argentina.
Por ejemplo, a mediados o fines de setiembre estaba disponible la información de julio, un mes después la de agosto y así sucesivamente.
Si bien esto no era lo ideal –ya que por un lado los operadores están obligados a informar prácticamente en tiempo real y por el otro existen dispositivos informáticos para procesar y hacer accesible esa información- al menos permitía darse una idea –hay que remarcarlo, con información oficial- de la evolución de esa actividad.
Llamativamente, a partir de diciembre esa información dejó de actualizarse.
Al principio podía ser adjudicable a alguna circunstancia puntual propia de fin de año, pero el hecho de que a abril de 2009 todavía siga siendo la de setiembre de 2008 la última información disponible sobre la molienda, habla cuando menos de la escasa prioridad otorgada a la acción de informar.
Sin embargo no se trata de un hecho aislado. Gran parte de la información que se suministraba acerca del mercado granario o vacuno ha sido suprimida o reemplazada por otra de menor calidad.
El último caso, público y notorio, ha sido el de las estimaciones de cosecha, donde la correspondiente a marzo seguía el viernes 3 de abril sin difundirse, lo que no hace sino acrecentar las sospechas sobre la manipulación de la información.
Sin embargo no se debe caer en la ingenuidad: sectores ideológicamente contrarios al gobierno han utilizado las estadísticas públicas para hostigarlo y, con el apoyo de sistemas de medios afines, crear en la opinión pública sensaciones negativas favorables a sus posiciones.
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