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Edición génica, la nueva ola biotecnológica. ¿Ahora que van a argumentar los ambientalistas?

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Por Javier Preciado Patiño

La ingeniería genética está realizando unos progresos increíbles para mejorar los cultivos. La primera era estuvo marcada por la transgénesis, es decir la incorporación de genes de terceras especies, para otorgar una característica deseable a los cultivos. La resistencia a herbicidas y la capacidad de generar su propia protección contra los insectos (disminuyendo así el uso de plaguicidas) han sido dos desarrollos dignos del Premio Nobel.

Pero lo que está viniendo es aún más impresionante. Hay una serie de compañías de escala media, cuyo principal activo es el conocimiento científico, que están desarrollando nuevas vías para el progreso de las especies vegetales.

Estos emprendimientos trabajan con nuevas tecnologías, como es la “edición génica“, que permite silenciar la expresión de genes no deseables, o por el contrario sobre expresar otros de interés. De esta manera tenemos plantas cuyo ADN es idéntico a la original, solo que expresan mejor ciertas características.

Cellectis Plant Sciences, derivada de la biofarmacéutica francesa Cellectis, está desarrollando cultivares de trigo con menor contenido de gluten, lo cual puede constituir una enorme solución para los celíacos, gracias a la tecnología de la edición génica. También desarrollan una papa que al ser almacenada en cámara de frío no reduce sus almidones a azúcares y consecuentemente al momento de ser freída genera 90% menos de acrilamida (una sustancia potencialmente cancerígena) que una papa común.

En esta misma línea de trabajo la tiene JR Simplot, una gran compañía papera de los EE.UU., solo que han logrado desarrollar esta papa pasando ADN de papas salvajes a las variedades cultivadas. Algo similar, es decir manipulando el propio ADN de la especie, logró Okanagan Specialty Fruits, con una manzana que no se amarrona cuando se la corta o pela.

También una compañía “chica”, Cibus Global, ha desarrollado un cultivar de colza resistente a las sulfonilureas (un herbicida) sin necesidad de recurrir a la tecnología transgénica. La compañía californiana es muy clara en que su foco es el desarrollo de cultivos especiales no transgénicos. El slogan de la empresa es “líderes en edición génica de precisión”.

Otra californiana que tiene una pata en este negocio es Arcadia BioSciences, una firma aquí conocida por haberse asociado a Bioceres para el desarrollo comercial de cultivares tolerantes a sequía, mediante la incorporación de un gen identificad0 y aislado por el equipo de la Dra. Raquel Chan. Aunque estos cultivares (Verdeca) llevan tecnología transgénica, hay desarrollos ya realizados, como cártamo con alto contenido de aceites Omega 6, obtenidos por vía no trangénica.

La pregunta es cómo va a reaccionar el fundamentalismo ambientalista a estos avances. Hasta ahora argumentaban que no había suficiente evidencia de que incorporar un gen extra especie era inocuo para la salud y el ambiente. Ahora que se están logrando cultivos intervenidos pero a partir de manipular el propio ADN de la especie, ¿qué van a decir? ¿Que manipular el ADN es satánico? ¿Que no corresponde que el hombre altere lo que está en la naturaleza? ¿Cómo justificarían decir no a un trigo apto para los celíacos o a un aceite que no es necesario hidrogenar?

Por suerte  la ciencia va avanzando más rápido que el oscurantismo ambiental.

La respuesta de JPP a Pedro Peretti

Estimado Pedro

Nadie podría estar en contra -y de hecho estoy a favor- de profundizar tanto como sea posible la industrialización de las materias primas agrícolas en el origen, de la diversificación de la producción y del desarrollo de la Argentina rural.

Ahora bien, de tu respuesta quisiera contestar a dos cosas puntuales: la vuelta a la chacra mixta y la sojización durante el ciclo K a la que hacés mención.

Respecto de este último punto, afirmás que el gobierno de los Kirchner es “concentrador y sojizador” porque en su gobierno el área sembrada aumentó 6 millones de hectáreas.

Veamos un poco la historia. En el tercer gobierno del Gral. Perón, el área se incrementó 160%, porque pasó de 169.000 a 442.000 hectáreas. Durante el Proceso, el salto fue más grande aún, ya que desde esas 442.000 el área creció a 2,36 millones (433%).

Con Alfonsín, no aflojó para nada. Fue un incremento de 98%, hasta llegar a las 4,67 millones.

Menem aportó lo suyo y dejó su gobierno con 8,40 millones de hectáreas, es decir un 80% más.

Tampoco el tándem De la Rúa/Duhalde le sacó el pie del acelerador a la sojización, dejando 12,6 millones para 2003, o sea un salto de 58%.

Con Néstor, el aumento fue de 28% hasta llegar a 16,1 millones y con Cristina del 14% hasta alcanzar 18,7 millones.

O sea, tomás el valor absoluto (que efectivamente ocurrió), pero lo desprendés del resto de la tendencia y se lo imputás a quiénes son hoy tus adversarios políticos, aunque ya no para la Presidencia de la Nación. El hecho es que en el mundo entero, el área con soja creció mucho más que el área con cereales (hay un gráfico muy claro de la fundación Producir Conservando al respecto).

Te propongo, Pedro que tomemos otros indicadores más imputables a la realidad de estos años. Por ejemplo, ¿cuántas nuevas pequeñas aceiteras se abrieron en estos años? ¿Cuántas nuevas plantas de alimento balanceado hay hoy en la Argentina respecto de 2003? Un dato: el consumo de alimentos balanceados pasó de 8 Mt a 14 Mt entre 2004 y 2010, según la misma cámara de balanceadores. Eso, creo yo, tiene que ver con una tendencia a agregar valor en origen , por parte de las pymes, y no de las grandes compañías “concentradas”.

En cuanto a la diversificación, lamentablemente, la agricultura global extensiva es muy poco diversificada. Las 670 Mt de trigo, las 870 Mt de maíz, las 450 Mt de arroz y las 270 Mt de soja, explican casi todo lo que necesita el sistema mundial para producir alimentos, incluyendo las proteínas animales.

La forma de generar trabajo rural no es haciendo cuatro años de agricultura y cuatro de ganadería, sino integrando al productor en la cadena de valor, con la cría porcina, avicultura, acuicultura, etcétera, utilizando las redes de las cooperativas, u otras formas asociativas.

En cualquier pueblo de los que visito me encuentro no con el productor que hace de todo, sino con el que se integra a todo. Pueden ser dueños de campo, que alquilan o no, tienen maquinaria para su propia producción, pero también dan servicios a terceros, se asocian con distribuidores y acopios para sembrar y hasta ya están participando en emprendimientos de transformación industrial o en producciones ganaderas intensificadas, como es la cría porcina.

Coincido en lo de “qué culpa tiene la soja”, pero en vez de combatirla tendríamos que ver cómo la aprovechamos mejor.

Un fuerte abrazo

¿Alianza Anti Soja? Pedro Peretti contesta editorial

Tras la presentación de Chacareros en Proyecto Sur, la agrupación del dirigente de la FAA, Pedro Peretti, realicé una editorial basada en la proclama “ni un metro cuadrado más de soja” que el líder federado había manifestado en la reunión.

El artículo http://infocampo.com.ar/application/output/documentos/1f1abe277e87c5fee0aff8e172b144fd.pdf criticaba el alineamiento de Peretti, un hombre proveniente de la agricultura pampeana, con una fuerza donde sobresalen los críticos de lo que llaman “el modelo sojero”, centrado en que usa glifosato, en que es un cultivo transgénico, en que es donde reinan los monopolios, los pooles de siembra y los grandes grupos concentrados.

Como ya escribí en alguna oportunidad, más bien habría que preguntarse por qué más de 60.000 productores en la Argentina eligen cultivar la soja y no otros cultivos, antes que hacer campaña en contra de su producción.

A continuación, la respuesta de Pedro Peretti, del 03 de mayo de 2011.

En un artículo publicado en la semana del 15 al 21 de abril, Javier Preciado Patiño me ubica como parte de una supuesta “conspiración nacional contra la soja”. Parafraseando una vieja canción de la Guerra Civil española que cantaban los republicanos, decía: “qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en la mata, si viene un hdp que lo mete en una lata y lo manda para caracas”, podríamos decir exactamente lo mismo de la soja… qué culpa tiene esta noble oleaginosa de lo que se desata a partir de sus virtudes, ni tampoco puede hacerse cargo de sus exegetas.

No sé de donde sacó Javier que estamos contra la soja. De lo que estamos en contra es del monocultivo, de la deforestación indiscriminada, de los pooles de siembra, de los monopolios exportadores o de los que quieren cobrar patentes sin respetar el uso propio de las semillas, nunca se nos ocurrió asociar a la soja al pecado o al delito. Lo que si creemos fervientemente es que no hay monocultivo bueno, ni concentración económica que no sea perjudicial. Eso es lo que estamos discutiendo y cuestionando, y a eso se refiere la consigna que cita parcialmente Javier en la nota, “Ni un metro más de soja, ni un centímetro menos de bosque”. Como verás no dice no sembremos más soja o dejemos de sembrarla definitivamente, dice: “ni un metros más” o sembremos menos, tratando de explicar que estamos sobre lo razonablemente aconsejado, que es una cosa totalmente distinta.

Es importante remarcar que no somos sólo nosotros los que estamos alertando sobre el monocultivo sojero en el modelo agropecuario nacional. Otto Solbrig, casi el padre de la siembra directa en el mundo, lo señala en la teleconferencia del 20 de octubre de 2010 (que se puede ver en la página web de Agrositio ; también el premio Nóbel de Economía, Prof. Joseph Stiglitz, alerta sobre la primarización de la economía y soja-dependencia en un reportaje efectuado por el diario Clarín el día 25 de diciembre de 2010; y el trabajo del INTA Casilda sobre los efectos nocivos sobre el suelo del monocultivo de soja, publicado en el diario La Nación del día 16 del corriente mes, alerta en el mismo sentido. Son voces más que autorizadas del mundo científico y productivo. 

 Por esto, creo sinceramente que la Argentina debe discutir un plan de diversificación productiva, de agregación de valor en origen y recuperación de sus chacras mixtas, que saque al país de esta primarización de su economía agraria y ponga el field de la balanza también, en las cuestiones del arraigo y las migraciones rurales internas que tantos dolores de cabeza nos trajeron en los últimos tiempos y de las cuales el monocultivo es una de sus génesis.

Javier incurre en una confusión al meter a todos en una misma bolsa, y construye una teoría conspirativa que no tiene nada que ver con la realidad.

El oficialismo es el principal responsable de la sojización en la Argentina. A las pruebas me remito: desde que el kirchnerismo ocupó el sillón de Rivadavia, y tomando cifras oficiales, se sembraron 6.143.155 ha más de soja. Así que aquí el doble discurso de algunos está más que a la vista. Mientras muchos criticamos esta realidad, y actuamos en consecuencia, el oficialismo verbaliza críticas pero actúa a favor de la concentración y el monocultivo.

En cuanto a Proyecto Sur, nosotros hemos planteado con claridad el retorno a la chacra mixta y vamos a poner a consideración de la ciudadanía un proyecto de fideicomiso integrado por el 10% de las retenciones de los 5 principales cultivos, a los efectos de organizar un plan de recuperación de taperas, agregación de valor en origen y diversificación productiva para aquellos pequeños y medianos productores que quieran salir del monocultivo y volver a la ruralidad.

Queremos devolver las retenciones de hasta 10 mil quintales con tal de que se incorporen al programa antes mencionado. Ese es el principal instrumento financiero, con el cual proponemos un programa de retorno a la chacra mixta, que tiene que ver con la rotación y con la vuelta de la ganadería a la Pampa Húmeda.

La Argentina debe, además, discutir un plan de colonización lácteo que proteja a sus cuencas lecheras del avance del monocultivo, y que genere más tambos y más tamberos, pues esta es otra debilidad intrínseca de nuestra economía agraria, que cuenta con una ínfima cantidad de tamberos (apenas un poco más de 8 mil). Todas estas cosas tienen que ver con la seguridad y la soberanía alimentaria, y se relacionan directamente con la sojización.

La creación de una política nacional porcina -actividad típica de la agricultura familiar- que frene las importaciones de carne de Brasil, Chile y Dinamarca, tiene que ser parte de este debate y debemos tratar de construir en conjunto, con la presencia indispensable del Estado, y es el inicio a una salida razonable al monocultivo sojero.

Por lo tanto, estimado amigo, no es una cruzada antisoja, es una cruzada antimonocultivo: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Que exista rotación agrícola-ganadera es absolutamente más eficiente que el monocultivo sojero y no sé por qué Javier la subestima tratándola de “antigua”. Transformar cada chacra en una fábrica, agregando valor y generando trabajo, a mi entender, es la forma más eficiente y moderna de pensar la producción.

Vender soja en grano, sin agregar valor, solamente para satisfacer las necesidades del capitalismo asiático, no parece ser precisamente un modelo moderno y menos aún virtuoso, sino que es algo muy similar a lo que pasaba en la primera mitad del siglo veinte, en donde el “monocultivo era ganadero” y le vendíamos carne solamente a Inglaterra; proceso que terminó haciendo crisis en la década del 30 con el célebre pacto Roca-Runciman.

No creo que sea sólo es cuestión de modernidad o antigüedad, es cuestión de sentido común plantear que este país necesita industrializarse, porque no será reprimarizando la economía agraria ni sembrando soja hasta debajo de la mesa es como se va a generar el trabajo; y menos aún pensando que la Pampa Húmeda sólo puede ser agrícola.

Que en la Argentina haya 60.000 productores de soja es un dato que no dice nada en sí mismo, como tampoco lo hace que haya 211.000 ganaderos o 50842 porcinicultores; el número en sí no significa mucho si no se lo relaciona con el tamaño y facturación de la explotación, allí si podemos sacar conclusiones más significativas que puedan marcar concentración, minifundio, o tamaño óptimo de la chacra. Además, acá no estamos planteando que un pequeño o mediano productor no siembre soja, lo que estamos diciendo es que por el bienestar de él y de la Nación no debe poner todos los huevos en la misma canasta. Es un consejo de sana economía, tan viejo como la humanidad misma.

Proyecto Sur propone un programa completo para la diversificación productiva, con la creación de un fideicomiso que asegure fondos para la agregación de valor en origen y el financiamiento que debe ser necesariamente estatal de esta agricultura que genere arraigo y mucho trabajo, y debe necesariamente imbricarse con la industrialización del país.

Bajo ningún punto de vista estamos en contra del desarrollo científico tecnológico, y menos aún contra el avance en materia de biotecnología. Creemos que la Argentina debe proteger esa vanguardia de inteligencia productiva que tiene en su sector rural y que debe ser la punta de lanza para empresas de mayor valor agregado y generación de trabajo en otras ramas de la economía, como ser la metalmecánica, la siderúrgica, la industria del software, etc.

No tenemos ningún tipo de prejuicio antisoja ni antidesarrollo científico, ni somos atrasistas. Sí somos contundentes a la hora de condenar la concentración de tierras y rentas, los monocultivos, la deforestación y todo aquello que haga que la agricultura no sea sustentable en el tiempo y amigable con su entorno. 

¿Cuánto glifosato se aplica con avión?

El Movimiento Antisoja Argentino ha instalado en la sociedad, con bastante éxito por cierto, la imagen de un avión fumigando la soja con glifosato, como ícono de la amenaza a la salud y el ambiente.

Ahora bien, realmente, ¿cuánto glifosato se aplica con avión en la Argentina?

Hace pocos días, en Arequito, en una charla que daba para productores pregunté cuántos de ellos habían aplicado glifosato alguna vez con avión. Nadie levantó la mano.

De vuelta en Buenos Aires estuve indagando con aeroaplicadores acerca del uso más frecuente del avión.

Las tres fuentes que consulté indican lo más demandado es la aplicación de insecticidas, seguido de fungicidas.

Herbicidas, en cambio, no es más de un 10% de lo que trata un avión al año y de esa parte, el glifosato es mínimo.

Pero los aplicadores aportaban otro dato: la posibilidad de deriva aplicando herbicidas es mínima porque se usa un tamaño de gota mayor, entre otras cosas para evitar dañar cultivos aledaños.

Otra conclusión que surge de aplicar el sentido común es que al productor no le haría ninguna gracia pagar producto y aplicación que terminen más allá de su lote. Económicamente es un desperdicio.

“El chacarero te da lo justo o un poco menos, incluso”, reconoció uno de los consultados.

Conclusión: el avión que aplica glifosato es algo así como la fotografía de los marines plantando la bandera estadounidense en el monte Suribachi de Iwo Jima, es decir, una ficción magistralmente utilizada.

Los tres errores en los que cae el ambientalismo cuando habla contra la soja

Es posible que de acá a un tiempo la cruzada antisoja (con la batalla antiglifosato) forme parte del arcón de los recuerdos, porque la dinámica demográfica mundial es un tsunami que arrasa con todo lo que se le ponga enfrente.

Mientras tanto vale la pena que nos detengamos en tres errores importantes que cometen los nuevos cruzados antisoja cuando hablan en contra del cultivo.

1) Sostienen que la soja es “monsantiana”.

En nuestro país eso no así. La producción de semilla de soja estuvo históricamente (desde los 60) ligadas a empresas locales. La pionera fue Relmó, que recién hace un par de años fue vendida a un fondo de capitales de inversión. Y quienes hoy dominan el mercado son Nidera, que hace todo el proceso de mejoramiento íntegramente en la Argentina, y Asociados Don Mario, un emprendimiento de ingenieros agrónomos en Chacabuco. Es más, en tercer o cuarto lugar se ubica el Criadero Santa Rosa, ¡que es una cooperativa! Por el contrario, en la Argentina, las multis como Monsanto, Pioneer, Syngenta, Dow, etc, prefieren concentrarse en los híbridos que les dejan un mejor margen.

2) Sostienen que la soja RR es el cerrojo de las patentes

Nuevamente aquí no es así. Monsanto, desarrolladora de la tecnología de resistencia a glifosato (RR) no patentó el gen. Durante un tiempo cobró regalías a los semilleros obtentores, a quienes les licenciaba el gen. Pero el de las autógamas no es un mercado fácil en términos de cobrar la propiedad intelectual. Finalmente dejó de cobrarles regalías y buscó la compensación por la vía judicial mediante juicios en Europa sin éxito, como es de público conocimiento. Lógicamente las biotecnológicas (Monsanto, DuPont, Syngenta, etc.) presionan para que cambie el marco jurídico y les asegure el retorno de la tecnología. Pero en lo que respecta a la soja RR, se puede decir que el gen es casi como de dominio público.

3) Sostienen que la sojización es el negocio del Roundup

Nuevamente se confunden, cuando consideran que todo el glifosato que se utiliza en nuestro país corresponde a la marca Roundup, de Monsanto. La patente del glifo en la Argentina expiró hacia fines de los 80, con lo que el herbicida pasó a convertirse en un genérico, lo que quiere decir que cualquiera que cumpla con las normas puede sintetizarlo o formularlo sin pagarle patentes al inventor. Así, cuando en 1996 se liberó la soja RR y fue el boom del cultivo gracias a la combinación de la siembra directa, los chacareros argentinos tuvieron acceso a un glifosato mucho más barato que los farmers estadounidenses, porque acá el principio activo que le ponía un precio al mercado era el de origen chino. Hoy la marca Roundup puede tener entre un 30 o 40% del mercado, en el mejor de los casos. El resto son otras marcas de empresas como Atanor, ACA (las cooperativas), FG Rural, etcétera.

Epílogo

Si a las ONG ligados al movimiento ambientalista y antiglobalización les interesa sacar de circulación más pequeños y medianos productores, lo mejor que pueden hacer es continuar con su cruzada anti soja y anti glifosato.

La razón es que la oleaginosa es el cultivo más barato de hacer en nuestro país, donde lo que no abunda es justamente el crédito, con seguridad de cosecha y una renta interesante. La soja democratiza el acceso a la agricultura.

Pero si lo que quieren es menos productores, entonces adelante con la campaña.

La Persecución Ideológica del Glifosato y Otras Disquisiciones sobre el Ambientalismo

Días atrás ojeaba un proyecto de declaración de dos diputados provinciales en Buenos Aires, expresando su preocupación por las consecuencias que sobre la salud humana pueden tener las aplicaciones de glifosato que las empresas de ferrocarriles realizan en torno a las vías de tren.

En los fundamentos, los bienintencionados legisladores señalaban la movida que venían haciendo varias ONGs del partido de Vicente López para impedir la aplicación del herbicida.

Este hecho, si se quiere minúsculo, es la punta de un iceberg de un frente que, parado en la vereda del ambientalismo y la salud, pide a gritos el fin de los agroquímicos.

Pero antes de entrar en el tema, quiero señalar dos o tres cosas que me llaman profundamente la atención:

1) Si el glifosato es tan peligroso para la gente, que la sola fumigación de los yuyos en las vías del tren representa un riesgo para los vecinos, ¿como es que los contratistas rurales, que manejan los tractores y las fumigadoras, o los mismos ingenieros agrónomos no están ya todos muertos?

2) ¿No deberíamos entonces parar la fumigación contra el mosquito del dengue? Seguramente hay algún estudio científico que dice que el principio activo del insecticida genera mutaciones en el tracto intestinal del embrión de los batracios.

3) ¿Por qué los presuntos efectos nocivos del glifosato sobre la salud ocurren en proporciones escandalosas en determinados lugares, y en otros, donde las condiciones son exactamente iguales, parece que nunca hubo problemas?

4) ¿Por qué la única voz que se escucha es la del ambientalismo, y las cámaras empresarias de la industria de los agroquímicos guarda un extraño silencio, así como las asociaciones profesionales (salvo honrosa excepción) o las mismas entidades de productores? (corrección post publicación: el viernes Ciafa y Casafe salieron a cruzar las denuncias con un comunicado).

5) ¿Quién gana y quién pierde si se prohiben agroquímicos genéricos como el endosulfán o el glifosato?

Vayamos desgranando estas cuestiones.

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