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Cresud o el arte de saber cuándo entrar y cuándo salir del negocio: “Tal vez, un día compremos el Corn Belt”

Por Javier Preciado Patiño

A mediados de los 90 y recién egresado de la UBA con el título de ingeniero agrónomo, a los 27 años Alejandro Elsztain entraba en el gran tablero de los agronegocios, de la mando de su hermano mayor Eduardo, con la compra de Cresud, una compañía creada por capitales belgas en 1936 y que cotizaba en el panel de la Bolsa de Buenos Aires. Hoy la compañía no solamente maneja un millón de hectáreas agrícolas en el Cono Sur, sino que es la controlante de IRSA, la empresa de real estate que opera en el negocio de los shoppings y la hotelería.

A diferencia de otras empresas icónicas del agro argentino como Los Grobo o El Tejar, Cresud se mantuvo alejada del negocio de agricultura por arrendamiento y se concentró en el negocio inmobiliario y el desarrollo de los campos. Veinte años después, en la primavera de 2013, conversamos sobre la perspectiva del agronegocio desde sus oficinas centrales del Edificio Interamericano, en la ciudad de Buenos Aires.

-Arrancaste con Cresud a los 27 años. ¿Cómo veías el agronegocio en ese momento?

-Era un momento de caída para los commodities. El surgimiento de Brasil, Paraguay y Bolivia era incipiente y la Argentina tenía una agricultura madura, pero en declive por el tema precio. El precio de la tierra también estaba mal y el sector no resultaba muy atractivo. Yo acababa de terminar mi carrera de ingeniero agrónomo en la UBA y no tenía mucho contacto con la agricultura pampeana. En ese momento, mi hermano Eduardo tuvo la visión de que esto iba a pasar a los emerging markets; que la mejora iba a venir a las regiones más pobladas, emergentes. En el 94, Eduardo decía que se venía una cuchara más de arroz, pero esta vez frito, por semana para los chinos y que eso iba a cambiar la demanda. Él veía en ese entonces que se venía una gran demanda por alimentos y que América latina iba a ser el proveedor.

-Veinte años después, ya todos comparten esta visión y los commodities están en la cresta de la ola.

-No sé si en la cresta de la ola, pero sí en un piso muy diferente. Lo que pasa es que los precios tientan a poner en producción nuevas áreas. Para poder suplir esos 50 o 60 millones de toneladas que demanda China se incorporaron nuevas regiones, las más lejanas, las menos productivas, por la vía del precio.

-Pero a la hora de encarar los negocios, ¿qué diferencia hay entre ambos momentos?

-En ese momento la disyuntiva era cómo hacerlo y nuestra estrategia fue captarlo vía la tierra. Ahí capaz haya una combinación familiar, porque ya nuestro abuelo le gustaba el real estate. También se podría haber hecho una empresa de insumos, o de comercialización, pero nos gustó la tierra y el desarrollo de la tierra, de pasar de nada a ganadería, de ganadería a agricultura y de agricultura a urbano. Nosotros tenemos la fantasía que los campos rodeando los pueblos se compraban por hectárea y se vendían por metro cuadrado. Y eso es lo que nos dedicamos a hacer. Porque la pura apreciación de la tierra es menor al incremento que se da cuando le sumás el desarrollo. Y eso fue lo que hicimos. Ojo, también hicimos agricultura en campo de terceros y dijimos “vamos a hacer la internacional” yendo a buscar la apreciación de la tierra en otros países de América del sur, repitiendo el modelo que habíamos hecho acá.

-Mirando la línea de tiempo de Cresud y las operaciones inmobiliarias, daría la impresión que compraron más en aquellos años iniciales y venden más ahora.

-El modelo es comprar pedazos grandes y vender chicos, partirlos, financiarlos. La gente no quiere o no le gusta mucho el riesgo del desarrollo. Pero yendo al planteo, en la Argentina sí compramos más en los 90, pero en Bolivia o Brasil estuvimos comprando entre 2006 y 2008. También es cierto que el año que más vendimos fue el que acaba de cerrar (ejercicio 2012/13), con 65 millones de dólares. Hoy estamos encontrando mucha clientela para nuestros productos, se apreciaron mucho y nosotros sentimos que cuando se está cerca del techo productivo es hora de volver a empezar. Es medio raro vender un campo maduro, predecible, pero en ese momento para nosotros ya no hay más que hacer.

-¿Por qué decís que es raro?

-Al principio fue todo un tema, porque el típico farmer quiere un año predecible atrás de otro. Y nosotros decíamos, “ahora nos tenemos que ir”. Los gerentes de campo, que estaban hacía muchos años ya proyectaban que sus hijos trabajarían allí, pero para Cresud no es desafiante quedarse produciendo al tres o cuatro por ciento, no es nuestro modelo de negocios. Ahí es el momento de vender y empezar con otra cosa.

-El punto es que vendés, te quedás con el billete, pero todo el resto de los campos también se apreció, un poco más o un poco menos. La pregunta es que hacen con esa liquidez.

-En la Argentina, cuando tuvimos plata recaudada por la venta de campo, en un momento compramos acciones de IRSA y terminamos convirtiendo a Cresud en la principal accionista de IRSA. Después, cuando nos pareció que los campos en la Argentina ya no eran tan atractivos nos fuimos a comprar a Brasil, Paraguay y Bolivia. En Brasil compramos el 7% de la compañía y cuando vimos que era atractiva llegamos al 40%. Tal vez en la Argentina haya una oportunidad de comprar de nuevo, es una cuestión de olas y ciclos. Se puede ir a otros países y a otras regiones en donde ya estamos. Esa es nuestra historia, de netos compradores.

-¿Es un negocio que lo ves con perspectiva o pensás que en el mediano plazo se agota?

-No lo veo. Primero que no llegamos a todos los países en Sudámerica y por otra parte el mundo no se agota en Sudamérica. Capaz que el día que seamos una empresa multilatina peguemos el salto a otras regiones. También puede venir una crisis a las regiones centrales y quién dice que tengamos la oportunidad de comprar el Corn Belt americano. Creo que en un momento seremos grandes compradores en una región y en otro vendedor en otras regiones. Viste cómo son los ciclos; espero tener la fortaleza para poder captarlos.

-Qué opinión te merece el modelo de empresa basado en hacer agricultura en campos alquilados.

-No me gusta y nunca la hicimos principal, siempre secundaria.

-Pero, ¿por qué?

-Porque es un negocio atrapado entre partes muy fuertes. El pool puro tiene el costo de los insumos de la mano de grandes consolidadores; el precio de los productos arbitrados en grandes compañías; los gobiernos que cuando hay mucha ganancia se ven tentados a tomarla…

-No nos olvidemos de los propietarios.

-…que apenas ven que a vos te va bien un año, al siguiente te lo piden. Entonces, qué tenes. Mucho riesgo, de clima, de precio. Son muchos riesgos no remunerados. El upside nosotros pensamos que iba a estar en la tierra, que es un negocio donde necesitás mucho más capital, porque en el alquiler la barrera de entrada es muy baja. El dueño del campo, por un quintal más te cambia. No veo que se pueda ganar ahí la apreciación del commmodity, porque el grano subió pero el alquiler se ajustó inmediatamente.

-¿Por qué Cresud no ha jugado muy fuerte en la transformación de los granos, más allá del feedlot Cactus y el frigorífico Carnes Pampeanas, por ejemplo en la comercialización o el acopio?

-Tal vez no es tan conocido, pero en el comercio tenemos a la empresa FyO, que está entre los primeros 5 brokers de grano. Es una iniciativa del rosarino Alejandro Larosa, del cual hoy Cresud tiene el 60%. Era un portal y hoy es un bróker y vendedor de insumos muy importante con más de 100 empleados.

-Bueno, pero no es que han comprado una red de acopios.

-Hmm, no todavía. Pero esta empresa tiene su evolución. Empezó como un portal, se hizo operador del mercado de futuros y opciones, después hizo forwards, ahora tiene un volumen de transacciones de insumos de las más grandes del país. Creo que va a seguir creciendo y se va a internacionalizar, tal como hizo Cresud. Respecto de Cactus y el frigorífico, no teníamos ese negocio en la sangre y lo hicimos con los número uno del mundo, dos empresas norteamericanos que no sobrevivieron a los avatares argentinos. Hoy Cactus y Carnes Pampeanas son 100% Cresud, pero estamos empezando a entender la operación.

-¿Es común que le vengan a plantear negocios asociativos? ¿Cómo valúan los casos donde puede haber un aporte de capital?

-Nos pasó tanto con FyO, que la fundó Larosa y donde compramos la mayoría, o incluso en Brasilagro. En las asociaciones cada uno pone sobre la mesa qué es lo que va a poner, se hace la proyección del capital, etcétera. Si la fundó el otro le pagás el futuro de la compañía, si se funda en conjunto es más fácil. Diría que tenemos todo tipo de fórmulas según la asociación que hagamos.

-Por ejemplo son accionistas de Agrouranga y uno escucha que las grandes compañías siempre toman el 51% de la empresa, nunca una porción minoritaria.

-Y fijate que nosotros lo hicimos. Podemos tener el 80, el 50 o el 36% como es el caso de Agrouranga y la verdad es que nos llevamos muy bien. Es una familia tradicional argentina, con 160 años de historia, donde los únicos no Uranga somos Cresud, y tenemos una sociedad espectacular.

-¿Cuál es el interés de Cresud en Agrouranga?

-Primero que compramos en una época donde la hectárea valía relativamente poco, en la zona núcleo. Y por otra parte son los más sofisticados farmers de la Argentina, apalancados en las especialidades, que hoy te pueden estar vendiendo bolsas de 20 o 50 kilos en contenedores, llegando a Europa con muy buen margen de rentabilidad, en lugar de hacer commodities. Vimos que eran gente seria y honesta y de la cual íbamos a aprender mucho. Y ellos también aprendieron mucho con nosotros.

-Yendo al plano del capital, Cresud cotiza en bolsa y emite obligaciones negociables. ¿Qué es el mercado de valores para ustedes?

-Lo primero es que no todo el crecimiento de la compañía se hace con ganancias. Lo que nos da el mercado de capitales son recursos para financiar nuestra expansión en el mercado de tierras. El mercado local ya probó nuestra responsabilidad de pagos, como fue en 2001 cuando cumplimos puntualmente con nuestras responsabilidades y por eso cada que sacamos obligaciones las toman. El otro día emitimos 32 millones de dólares en pesos al 1,5% a cinco años, lo que quiere decir que la gente tiene confianza en nosotros. Las empresas crecen con las ganancias, con equity o con deuda.

-¿Cómo es eso de financiarse al 1,5%?

-Esa fue la
tasa que pagó Cresud en dólares. Hoy compraste un bono con el dólar a 5,80 y en cinco años vas a recibir ese dólar a lo que valga, con un interés del 1,5% anual. Eso es lo que pagó Cresud hace unos meses atrás. Hoy incluso se está discutiendo si se emite a tasa cero.

-¿Hasta dónde creés que pueden crecer?

-Hasta donde nos dejen. Hasta donde encontremos. Si no encontramos la oportunidad no compramos, no es que tenemos un business plan que tenemos que cumplir. Si no nos gusta la propiedad, no compramos. No es un hobby esto. Tiene que haber un racional que permita la inversión. Mientras haya ese racional y el dinero, venga prestado, de un accionista o un socio, lo vamos a hacer. La limitante está más en nosotros que en el mercado, porque cuando hay una buena idea, el capital aparece.

Las cosas como son: el aumento del trigo se sextuplica en el bolsillo del consumidor

Por Javier Preciado Patiño

No vamos a hacer la macro de la cuestión del trigo, -más que trillada en los medios de comunicación- sino la micro, la diaria, la que le llega al bolsillo de la gente y del comerciante. Veamos.

Mi pizzero de cabecera, en el porteño barrio de Colegiales, vendía la grande de muzzarela a $50. Con los aumentos de la harina -sostiene que la bolsa de 50 kg de la cuatro ceros pasó de $200 a $360- decidió aumentarla a $55, es decir un 10%. A priori no parece mucho para quien se sienta a comer este tradicional plato desembolsar cinco pesos más, pero, ¿cuál es la relación exacta entre el aumento de la bolsa de harina y el de la pizza?

Dándole crédito a mi fuente, su costo se incrementó en $160 o el 80%, asumiendo que el resto de los insumos se haya mantenido igual.

Pero de una bolsa de harina de 50 kg estaría sacando unas 200 pizzas. Si suponemos que todas fueran de muzzarella mi amigo habría pasado de facturar $10.000 por bolsa de harina a $11.000, con lo cual el aumento de $160 en su insumo se transforma en uno de $1.000 en sus ingresos, o 6,25 veces más.

Sin entrar en la discusión de la cuestión del IVA  y la parte tributaria, es evidente que no hay ninguna proporcionalidad entre el aumento de la harina y el de la pizza. Le pregunté cuál era su criterio para aumentar el precio de la pizza y me dijo que “tres por uno”, es decir que a la tercera vez que le aumentó la harina (las primeras dos los habría absorbido), él se decide a aumentar el precio de sus productos.

Tengo la sospecha de que este criterio se aplica con cualquier aumento en los costos, sean los sueldos, el alquiler del local, los otros insumos o los servicios. Así, la falta de racionalidad en la manera de trasladar aumento de costos al producto final dispara la inflación.

La pregunta final que no obtuvo respuesta de mi amigo pizzero: ¿bajará el precio cuando la bolsa de harina retorne a valores normales?

En 1876 Vicente F. López ya anticipaba el debate por el Valor Agregado en Origen

El debate respecto de la orientación del país, si ser proveedor global de materias primas sin valor agregado (factoría fotosintética) o ser proveedor de alimentos de alimentos que han pasado por el proceso industrial (con consiguiente valor agregado) lleva por lo menos  135 años.

Es que en 1876, cuando se debatía la Ley de Aduanas, Vicente Fidel López, hijo del autor del himno nacional y destacada figura de la política, anticipaba la precariedad de una sociedad que no agregaba valor a su producción.  “Él (por Norberto de la Riestra) cree que nosotros, limitándonos a la producción de materias primas, podremos hacer frente con nuestras exportaciones al valor de las importaciones, ahora y siempre… tenemos que aclararlo: o dejamos de ser un país reducido a proveer materias primas, o persistimos en no producir sólo materias primas para llegar a ser ricos.  Si nos limitamos a seguir como hasta ahora, jamás saldremos de la pobreza, de la barbarie y del retroceso”, decía en ese momento en su rol de legislador nacional.

Otra frase es tan esclarecedora como esta: “Llamo la atención sobre la situación difícil en que se encuentra nuestro país (…) ¿y por qué? Porque no sabe manufacturar las materias primas que produce (…) nosotros tenemos nuestro desierto: pero nuestro desierto se agota tanto más cuanto que está habitado por gente que no trabaja y yo le diré al señor ministro por qué es que no trabajan; es porque cuando se tiene una expansión de 20 leguas que da una excelente renta al capitalista se la da a condición de tener la tierra y el país despoblado (…) es necesario que vayamos poblando nuestros inmensos campos y radicaremos menos (…) en la teoría de Azara que quería siempre el desierto con 40.000 habitantes y 40 millones de vacas. La república Argentina cuando tenga 40 millones de habitantes –que algún día no lejano lo llegará a tener- no ha de poder tener desiertos para 240 millones de ganados y aquel número de habitantes no lo podremos tener sino a condición de que seamos ricos por el trabajo. ¿Y sobre qué vamos a trabajar? Sobre nuestras materias primas precisamente”.

La argmentación de Vicente Fidel López es más que clara y cobra un vigencia inusitada. Hoy la remake del modelo agroexportador no alcanzaría para sostener un país de 40 millones de habitantes, como magistralmente preveía López. De ahí que esta reformulación hacia la “industrialización de la ruralidad” o el modelo del “valor agregado en origen” retoma el debate existente en el Siglo XIX.

Recientemente, un documento del INTA Manfredi plantea en términos muy sencillos el desafío que enfrentamos como Nación. Nuestras exportaciones tienen un promedio de 700 dólares por tonelada, mientras que las importaciones lo tienen a 1.800 dólares. Los productos industriales (MOI) exportados por la Argentina constituyen el 30% del conjunto, mientras que en las importaciones trepan al 90%.

Es decir, exportamos productos que dan trabajo fronteras afuera e importamos otros con el trabajo ya incluido. Para el grupo de Mario Bragachini esto significa que nos estamos perdiendo 400.000 puestos de trabajos.

Los de Manfredi traen a colasión ejemplos contundentes. Italia es proveedor reconocido de pastas y artículos de panadería, cuya materia prima es el trigo. El país europeo importa unas 6 millones de toneladas del cereal (mayormente de países de la UE) y le exporta al mundo productos industrializados por unos 4.500 millones de dólares. El documento sostiene que mientras 10.000 toneladas de trigo significan 15 empleos, 10.000 toneladas de pastas y panificados significan unos 314 puestos.

El caso más patente de la falta de agregación de valor lo da el caso del maíz: la Argentina ostenta el segundo lugar en el ránking exportador global, vendiendo unas 15 millones de toneladas sobre una cosecha de 22 Mt (68%). Brasil, que trilla 55 solo exporta 8, es decir el 14%.

La contracara de este proceso es que hasta 2002, la Argentina no existía como exportador de pollo, que es maíz y soja pasados por el tracto digestivo de estas aves. Las ventas externas no superaban los 30 millones de dólares. Hoy estamos ubicándonos como séptimos productores y exportadores mundiales, con exportaciones que se estiman llegarán a 520 millones de dólares este año. Pero el riesgo de perder lo hecho siempre está acechando a la vuelta de la esquina. Por eso es el momento de apretar el acelerador a fondo de la industrialización rural.

Por qué Miguel de Achával dejó el feedlot para gerenciar Avex. Mi lectura personal

La noticia ya es pública. Miguel de Achával, el CEO del feedlot Cactus Argentina, asumirá la gerencia de la avícola Avex, en lugar de Fernando Oris de Roa.

Fernando fue el artífice de este emprendimiento que se instaló en Río Cuarto (Córdoba) y que le está cambiando la cara a la región a fuerza de agregar valor transformando granos en proteína animal.

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La Fascinante Historia de los Orígenes de la Soja

Con Carlos Steiger, Luis Alberto Porzio, Roberto Feeney y Bernardo Piazzardi, durante la presentación en la Maestría de Agronegocios de la U. Austral, en Rosario

Así como los niños no nacen de un repollo, la soja no apareció en la Argentina por obra y gracia de la fortuna.

A fines de marzo tuve la grata oportunidad de presentar en la Maestría de Agronegocios de la Universidad Austral el fruto de un trabajo que me ha ocupado los últimos doce meses: bucear en los orígenes del cultivo de la oleaginosa en nuestro país -desde la óptica de las instituciones- hasta lo que podría llamarse su “instalación” definitiva en la agricultura argentina, cosa que ocurrió a mediados de los 70.

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Tiempos de Añoranza: En los ‘70 la Soja era Buena

Una revisión rápida de alguna literaruta de fines de los 60 y principios de los 70 me llevan a la conclusión de la existencia de una pasión entre los argentinos: beatificar todo lo que es chico y no tiene éxito y demonizar a lo que es grande y exitoso.

Y la soja no le escapa a estas generales.

Revisé ediciones de esa época de Agro Nuestro, una publicación de la Federación Agraria Argentina, que gentilmente me ha obsequiado mi amigo y colega Danilo Gallay.

Hay que empezar por el título de una de las notas: “Soja: un cultivo de gran demanda que mejora los suelos“. “Que mejora los suelos”, qué paradoja con la publicidad negativa que se le está tirando en la actualidad como el cultivo que estropea todo lo que toca: el suelo, el ambiente, la salud…

El artículo refiere a que en entre el 15 y el 17 de agosto de 1971 se había realizado en Arequito la Primera Fiesta Provincial de la Soja, con la presencia de referentes del cultivo como fueron Carlos Ramussi y Antonio Pascale (de la Fauba), o el economista agrario Adolfo Coscia, del Inta Pergamino.

Por aquellos años era muy poquito lo que se producía del “yuyo”, pero se avizoraba que el potencial que tenía era impresionante. Entonces Ramussi y otros colegas organizaron una Comisión para el fomento del cultivo. Transcribo lo que en ese momento veían como beneficios que iba a traer la soja.

“El productor contará con un excelente cultivo para las rotaciones, mejorando los suelos; obteniendo mejores ingresos y aumentando los rendimientos de los cultivos posteriores (sic!). b) A los fabricantes de aceites, que tendrán una nueva semilla para cubrir su capacidad ociosa. c) A los fabricantes de alimentos balanceados que podrán incorporar a sus productos la harina de soja. d) A los exportadores, que contarán con una producción de gran aceptación en el mercado internacional; y e) Al país, por la mayor entrada de divisas” (¡que le preguenten a los gobiernos de la devaluación para acá!).

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¿De Quién es la Culpa de que cada vez haya Menos Productores?

Parece que de vez en cuando los números del Indec son creíbles. Ahora la oposición los utiliza para decir que de 2002 a la fecha, salieron del sistema 60.000 productores agropecuarios.

La conclusión, en manos del senador provincial bonaerense por la Coalición Cívica y dirigente de la FAA, Roberto Molini, es obvia: “El único responsable de esta destrucción es Néstor Kirchner“.

Dejemos por ahora de lado los avatares de la política y concentrémonos en los datos detrás de la noticia. Evidentemente hay un proceso de concentración o de pérdida de diversidad productiva, que atraviesa gobiernos tan dispares como el menemismo, la Alianza (sí, no se olviden), Duhalde y el kirchnerato.

¿Es evitable este proceso? ¿Se da en la Argentina únicamente? ¿Ocurre solo en el sector agropecuario?

Mi intuición me dice que en líneas generales hay menos de todo. Hay menos fabricantes de agroquímicos, menos semilleros, menos agronomías, menos almacenes, incluso menos cadenas de supermercados, etcétera, etcétera. Y no solo aquí, sino en todo el mundo.

Pero no quiero mirar la realidad desde mi intuición, sino compartir algunos números con los que me he topado en los últimos días.
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El G-9 en Diputados o el primer paso hacia la conformación del PJ Chacarero

Nueve diputados peronistas de Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba (G-9) acaban de presentar un proyecto que resulta una declaración de principios: proponen extender el Fondo Federal Solidario que distribuye el 30% de las retenciones al total de lo recaudado por derechos de exportación.

La lógica detrás de esta propuesta que piloteó el joven legislador entrerriano Gustavo Zavallo es que así como estas tres provincias sojeras comparten los recursos que los productores ceden con la cosecha de la oleaginosa al resto de las provincias y la ciudad de Buenos Aires, por qué no hacer lo mismo con el resto de los bienes y servicios que tributan retenciones.

Es por un lado poner en un pie de igualdad solidario a todos los sectores productivos y exportadores. Es por otra parte un planteo implícito de que hay que rediscutir la distribución de la riqueza del país entre la Nación y las provincias.

Zavallo y el resto de los diputados aclaran que esto no significa avalar o perpetuar el sistema de retenciones, sino simplemente hacerlo solidario sobre la base del Decreto PEN 206/2009 mientras se encuentren vigentes.

Pero hay un trasfondo político que no hay que dejar pasar. Se trata de nueve diputados que responden a los liderazgos de Busti en Entre Ríos, Schiaretti en Córdoba y Reutemann en Santa Fe.

Es el embrión del PJ Chacarero, que en pleno conflicto del campo se animó por primera vez a plantear una disidencia en voz alta con el oficialismo, y que luego tampoco exageró o sobreactuó esa disidencia.

Los de Reutemann ya han migrado hacia un bloque propio, Santa Fe Federal, que espera los refuerzos de sus colegas de la Región Centro actuales y de los que asumirán el 10 de diciembre.

Ya se ha hecho explícito que la idea es conformar un bloque Federal, que podría sumar a más legisladores de más provincias.

Como escribía un tiempo atrás puede resultar el contrapeso al emergente de De Narváez en la provincia de Buenos Aires, encolumnado detrás de un liderazgo con aspiraciones presidenciables (Reutemann), con proyección nacional, y brotando desde la Argentina chacarera y gringa.