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Carlos Leyba: “No hay condiciones para recrear un nuevo pacto social”

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Pasados sus 70 años, Carlos Leyba mantiene un lúcido análisis de la realidad político social argentina. Proveniente de las filas del Partido Demócrata Cristiano, se desempeñó como subsecretario de Programación y Coordinación del Ministerio de Economía, durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, durante la gestión de José Ber Gelbard.

En esos años fue testigo y partícipe del armado del Pacto Social, una experiencia política hoy casi olvidada que buscó el crecimiento económico con distribución del ingreso. La crónica de esos días fue volcada por Leyba en su libro “Economía y Política en el Tercer Gobierno de Perón” (Editorial Biblos).

En una sociedad actual con crecientes grados de intolerancia y radicalización, donde las opciones tienden a formas binarias extremas, ¿hay posibilidades de recrear un nuevo pacto social, un acuerdo de los argentinos en donde fijemos las metas y las formas de nuestra sociedad?

Sintéticamente, Leyba cree que no. Esencialmente porque no hay visiones de largo plazo en donde se apalanque el debate. Porque no hay liderazgos políticos como en aquellos días. Porque no hay producción intelectual del país que queremos a futuro. Y porque el aparato económico, en lo empresarial, sindical y estatal ha mutado en su naturaleza.

Sin embargo, deja la puerta abierta para otra vía de construcción. Leámoslo en sus propias palabras:

-(J.P.P.) En su libro hay un tema que es central: la posibilidad de generar un consenso entre los estamentos político, laboral y económico. ¿Sería necesario hoy recrear un acuerdo de esa magnitud? ¿Qué elementos faltan para poder hacerlo?

-(C.L.)Sin dudas, no hay ninguna posibilidad de resolver los problemas de esta sociedad sin un programa de largo plazo. Y para un país como la Argentina que ha caído por debajo de su potencial, que se ha subdesarrollado, se requiere una visión de largo plazo. La pregunta es, entonces, si la Argentina tiene disponible una visión a largo plazo. Y mi opinión personal es que no.

-¿Qué naciones cuentan con esa visión de largo plazo?

-No hay ningún caso de una nación que no lo tenga. No existe una política sanitaria, educativa, energética, de transporte que no tenga una visión de largo plazo. Después de eso, vienen las administraciones. Fíjese qué cosa importante, lo que legitima el poder, o la discusión por el poder es, justamente, una oferta de un proyecto a largo plazo. Qué sentido tendría que usted quiera el poder o pretenda retenerlo si no tiene una visión a largo plazo. Pero como nadie la tiene, ambos se deslegitiman; el opositor y el oficialista se deslegitiman mutuamente por no tenerlo y los dos tienen razón. Y ninguno de los dos lo tiene porque no lo tiene la sociedad. Si usted visita la CGT no se va a encontrar con ningún centro específico que esté proyectando la condición de la case obrera de acá de diez años. Si visita un industrial, tampoco. Si va a la universidad tampoco encontrará ningún centro poderoso donde profesionales, que los hay, estén estructurando una visión a largo plazo. Las carreras se construyen a ponchazos. Si usted va al gobierno nacional o a los provinciales, no hay más concejos nacionales de desarrollo ni institutos de planificación. La oficina, el centro del pensamiento a largo plazo no existe. Por supuesto puedo equivocarme, puede dar un pequeño ejemplo. Pero fíjese usted que si hubiera un proyecto de largo plazo en el tema de transporte, a nadie se le hubiera ocurrido plantear un tren bala a Rosario.

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Acerca de la Plasticidad Profesional de los Ingenieros Agrónomos

Siempre me ha llamado la atención el hecho de encontrar a profesionales de la ciencia agronómica ejerciendo muy eficientemente tareas que están más allá de las incumbencias profesionales.

Recuerdo especialmente, con mucho afecto, a uno que se desempeñaba como gerente de Relaciones Institucionales de una empresa de servicios de salud. O a un ex compañero de la facultad que ahora gerencia desarrollos urbanos.

Entiéndase bien. No estoy hablando de aquellos profesionales que por no haberse podido insertar dentro de las áreas naturales de trabajo tuvieron que desarrollar otras tareas para ganarse la vida, sino de aquellos que por sus competencias intelectuales y de liderazgo hicieron una brillante carrera en áreas completamente ajenas.

En este sentido, leyendo las recomendables memorias de Gustavo Caraballo (“Entre Las Bambalinas del Poder”) me topé con un dato que ratifica mis sospechas. Se menciona allí que Orlando D’Adamo, artífice del Pacto Social con el que Perón asume su gobierno en el 73 y “quien dirigía las riendas del Ministerio de Economía” durante la gestión de José Ber Gelbard, era ingeniero agrónomo.

Carlos Leyba, subsecretario en esos años, en el también recomendable libro “Economía y Política en el Tercer Gobierno de Perón”, lo menciona como “ingeniero” a secas, “intelectual” y “empresario”.

Caraballo se refiere así a D’Adamo:

“Había sido asesor en los dos últimos años de Frondizi y realmente era un hombre extraordinario. Íntegro, trabajador hasta más allá del cansancio, lúcido, ajeno a todo interés personal ni a ninguna figuración política (…). D’Adamo viene de la CGE (Confederación General Económica), era un ingeniero agrónomo. Tenía una compañía que hacía forestaciones. Era de origen socialista y llevó al Gobierno (de Perón) a dos compañeros suyos ingenieros agrónomos, uno de los cuales fue el ingeniero Lucas Tortorelli (…). El verdadero factotum de la política económica era Orlando D’Adamo”.

En tanto, en el libro de María Seoane, “El Burgués Maldito” (dedicado a José Ber Gelbard), aparece mencionado en cuanto a su formación como ingeniero forestal.

Lo relevante, en cualquier caso, es que alguien que venía de las ciencias agropecuarias tuviera un rol clave en administraciones de dos figuras relevantes de la política argentina como fueron Perón y Frondizi.

Más allá de los juicios de valor que los lectores de este blog tengan sobre la tercera presidencia de fundador del PJ, el hecho aquí es destacar lo que yo entiendo como un meta atributo de la formación profesional de los agrónomos: su plasticidad.

Desconozco si en otras carreras ocurren procesos similares, a excepción de los ingenieros industriales y ramas afines que han sido descubiertos como extraordinarios talentos para gerenciar corporaciones.

En lo que respecta a los agrónomos me permito aquí esbozar una teoría: La plasticidad profesional tiene que ver con la visión se adquiere al aprender a manejar los complejos sistemas biológicos. (más…)

Más paralelismos 1973 – 2009: La Intervención del Comercio Granario

 

El 13 de febrero pasado escribía en este blog sobre las similitudes existentes en materia de relación campo Gobierno entre el tercer gobierno de Perón y el actual momento político.

Decía allí que “a diferencia de lo ocurrido en el 73, en esta ocasión no hubo iniciativa política del kirchnerismo de desafiar al establishment agropecuario con proyectos como Ley Agraria, Impuesto a la Renta Potencial de la Tierra o algún otro pudiera ser interpretado como un ataque a la propiedad privada“.

Si bien esto continúa vigente, la posibilidad de que la administración de CFK impulse la creación de un organismo que actúe en el comercio granario no hace sino reforzar los paralelos.

En 1973, el gobierno del Gral. Perón promulgó la ley 20.573, en cuyo Artículo 1 se establecía que “la comercialización de la producción nacional de granos y otros productos agrícolas y sus productos y subproductos de la industrialización primaria estará a cargo del Estado nacional (…) con carácter exclusivo y excluyente a través de la Junta Nacional de Granos“.

Con mucha justeza, observa Mario Lattuada, investigador que estudió este período político, que la aprobación de esta ley en el Congreso provocó fisuras entre los legisladores del bloque gobernante “que tomó forma de una oposición entre la Cámara de Diputados y la de Senadores”, citado por Carlos Makler. (más…)