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“Empujar la vaca”, ¿una historia aplicable a nuestra realidad?

Almorzando con un referente de los agronegocios local, el otro día recordaba un cuento que alguna vez me llegó, vinculado al mundo de los negocios y que creo que vale la pena compartirlo. Es más o menos así.

Mucho tiempo atrás, en algún recóndito lugar de Asia, el Maestro estaba terminando de formar a su Discípulo. Después de años de reclusión, la última enseñanza del maestro fue llevarlo a recorrer la región y la gente.

En una escarpada y agreste zona, la noche sorprendió a maestro y discípulo. Cerca de un risco, la luz de una modesta casa era el único refugio para ambos.

Se acercaron hasta sus moradores para pedir cobijo.

Era una modesta familia que aceptó compartir el techo y lo poco que tenían para comer con los dos viajeros.

¿Y ustedes de qué viven?”, preguntó el maestro al padre de familia.

“De la vaca que ustedes vieron al entrar. Ella nos da la leche que necesitamos para alimentarnos y una vez al año un ternero que cambiamos por ropa y cosas que necesitamos. No es mucho pero nos alcanza para vivir. Somos pobres, pero agradecemos la suerte de tener esta vaca”. (más…)

Una buena: duplicamos el consumo de maíz y soja para fabricar balanceados

“Good news, no new” (anónimo)

Las buenas noticias, paradójicamente no suelen ser noticia. A los fines de la comunicación resulta más interesante un asesinato que el hecho de cientos de miles de personas continúen con su vida normalmente.

Son las reglas del juego en el periodismo y el sector agro no iba a ser la excepción. Resulta más atractivo machacar en el cierre de tambos que en la apertura de plantas de balanceado.

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El caso entrerriano marca el norte para una Política de Estado agroindustrial

Desde este espacio vengo machacando en la necesidad de avanzar en la transformación de las materias primas dentro de las fronteras argentinas, y, de ser posible, lo más próximo al lugar donde se generan.

Unos años atrás, cuando era secretario de la Producción de Entre Ríos, el ingeniero Daniel Welschen ponía en términos muy sencillos cuál sería el ideal de una política favorable a la agroindustria: “Que ni un grano más salga de la provincia tal cual“.

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El factor Institucional detrás del “milagro” de la cadena arrocera argentina

Las estadísticas sobre exportaciones de arroz para los primeros once meses de 2009 (últimas disponibles) dan cuenta de que el cereal producido en la Argentina llegó a 39 países. El principal destino sigue siendo Brasil, que se quedó con el 38% de las 571.000 toneladas embarcadas.

En el puesto número 2 aparece Chile con el 17%, al que siguen Irak con el 15% y Senegal y Venezuela con el 8% cada uno.

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La agregación de valor es lo que define la pelea de los “modelos”

Desde hace un tiempo a la fecha ha ganado fuerza la idea de que existe un modelo sojero o agroexportador, rémora del modelo vigente a principios del Siglo XX (la Argentina Granero del Mundo). Ese modelo, guiado por un nuevo orden mundial tiene a la soja como buque insignia, a los transgénicos, agroquímicos y sus transnacionales como punta de lanza, y a la depredación social y ambiental como principales consecuencias. Es la soja que acaba con el trigo, el maíz, el tambo, la cría, los bosques naturales, los pueblos originarios, etcétera, etcétera.

Es obvio cuál es el modelo antitético en esta visión y es fácil encontrarlo en distintos medios.

Desde mi apreciación esto constituye una evidente falacia. La controversia o el choque de modelos se da entre una agricultura que agrega valor y oportunidades para su sociedad, y otra que no.

Una agricultura que no agrega valor sería aquella que importara todos los insumos necesarios para producir los granos y exportara todo el grano tal cual sale de la trilladora por los puertos. Genera riqueza, pero para pocos. (más…)

¿Qué ganadería veremos en los próximos años?

Este miércoles tuve la oportunidad de participar del Seminario de Aprocaboa sobre ganadería en el Mercosur.

El primer comentario que hay que hacer es que el tema sigue siendo convocante. Hace rato que no veía el auditorio de la Bolsa de Comercio de Rosario tan lleno, fenómeno que ocurrió desde la apertura y se profundizó sobre el cierre, lógicamente con la atracción que provoca el Rabino Bergman.

Pero vayamos al tema que nos convoca, la ganadería.

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Carnes: Qué produce el mundo, qué la Argentina

Siguiendo con el post de hace unos días, respecto del consumo inusualmente alto de carne vacuna por parte de los argentinos, me he permitido presentar a los amigos del blog el siguiente cuadro, cuyos datos están tomados del Food & Agriculture Policy Research Institute, para el año 2008.imagen-2

Como vemos, solo Australia tiene un patrón de produccion similar al nuestro, con la diferencia de que sus cultivos predominantes son de invierno (trigo, colza, cebada), mientras que en la Argentina tenemos una gran producción de dos alimentos básicos para los animales: maíz y soja.

En el resto de los países, la producción de carne vacuna, porcina y aviar está balanceada (Estados Unidos) o francamente volcada hacia la porcina (Europa) o levemente hacia la avícola (Brasil).

Hay un dato adicional que trae el outlook del Fapri, sumamente interesante y tiene que ver con el precio de las carnes. Por ejemplo, para 2008, el instituto cita como precio pagado a productor en la Unión Europea, 3,20 euros por kilo en el caso de la carne vacuna (17,5 $/kg), versus 1,53 euro por kilo para el pollo y el cerdo (8,22 $/kg).

Para los Estados Unidos, el Fapri da un valor promedio de 2 dólares por kilo para el novillo gordo (Nebraska Direct Fed Steers), contra 1,05 para el capón con 50/52% de magro y 1,75 dólar para el pollo (precio mayorista).

No está claro en ambos casos si se trata de peso vivo o al gancho, pero lo cierto es que hay una diferencia importante entre el valor de la carne vacuna y la de los otros productos. Los valores para otros países siguen esa tendencia.

Daría la impresión de que los cambios tecnológicos en la producción agropecuaria de nuestro país nos irán llevando hacia un modelo productivo con mayor participación del porcino y posiblemente direccionando los cortes vacunos de mayor hacia el mercado externo.

Carlos Leyba: “No hay condiciones para recrear un nuevo pacto social”

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Pasados sus 70 años, Carlos Leyba mantiene un lúcido análisis de la realidad político social argentina. Proveniente de las filas del Partido Demócrata Cristiano, se desempeñó como subsecretario de Programación y Coordinación del Ministerio de Economía, durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, durante la gestión de José Ber Gelbard.

En esos años fue testigo y partícipe del armado del Pacto Social, una experiencia política hoy casi olvidada que buscó el crecimiento económico con distribución del ingreso. La crónica de esos días fue volcada por Leyba en su libro “Economía y Política en el Tercer Gobierno de Perón” (Editorial Biblos).

En una sociedad actual con crecientes grados de intolerancia y radicalización, donde las opciones tienden a formas binarias extremas, ¿hay posibilidades de recrear un nuevo pacto social, un acuerdo de los argentinos en donde fijemos las metas y las formas de nuestra sociedad?

Sintéticamente, Leyba cree que no. Esencialmente porque no hay visiones de largo plazo en donde se apalanque el debate. Porque no hay liderazgos políticos como en aquellos días. Porque no hay producción intelectual del país que queremos a futuro. Y porque el aparato económico, en lo empresarial, sindical y estatal ha mutado en su naturaleza.

Sin embargo, deja la puerta abierta para otra vía de construcción. Leámoslo en sus propias palabras:

-(J.P.P.) En su libro hay un tema que es central: la posibilidad de generar un consenso entre los estamentos político, laboral y económico. ¿Sería necesario hoy recrear un acuerdo de esa magnitud? ¿Qué elementos faltan para poder hacerlo?

-(C.L.)Sin dudas, no hay ninguna posibilidad de resolver los problemas de esta sociedad sin un programa de largo plazo. Y para un país como la Argentina que ha caído por debajo de su potencial, que se ha subdesarrollado, se requiere una visión de largo plazo. La pregunta es, entonces, si la Argentina tiene disponible una visión a largo plazo. Y mi opinión personal es que no.

-¿Qué naciones cuentan con esa visión de largo plazo?

-No hay ningún caso de una nación que no lo tenga. No existe una política sanitaria, educativa, energética, de transporte que no tenga una visión de largo plazo. Después de eso, vienen las administraciones. Fíjese qué cosa importante, lo que legitima el poder, o la discusión por el poder es, justamente, una oferta de un proyecto a largo plazo. Qué sentido tendría que usted quiera el poder o pretenda retenerlo si no tiene una visión a largo plazo. Pero como nadie la tiene, ambos se deslegitiman; el opositor y el oficialista se deslegitiman mutuamente por no tenerlo y los dos tienen razón. Y ninguno de los dos lo tiene porque no lo tiene la sociedad. Si usted visita la CGT no se va a encontrar con ningún centro específico que esté proyectando la condición de la case obrera de acá de diez años. Si visita un industrial, tampoco. Si va a la universidad tampoco encontrará ningún centro poderoso donde profesionales, que los hay, estén estructurando una visión a largo plazo. Las carreras se construyen a ponchazos. Si usted va al gobierno nacional o a los provinciales, no hay más concejos nacionales de desarrollo ni institutos de planificación. La oficina, el centro del pensamiento a largo plazo no existe. Por supuesto puedo equivocarme, puede dar un pequeño ejemplo. Pero fíjese usted que si hubiera un proyecto de largo plazo en el tema de transporte, a nadie se le hubiera ocurrido plantear un tren bala a Rosario.

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Retenciones Felices, la propuesta que unifica al arco político para el 28 de junio

Tal vez el primero en reconocerlo haya sido Ricardito Alfonsín, a poco del fallecimiento de su padre, cuando comenzó a tener mayor exposición mediática: nadie en su sano juicio podría prescindir de las retenciones para administrar el país.

Esta afirmación premonitoria comienza a tomar forma ahora, a medida que los contendientes del 28 de junio dan a conocer sus definiciones en el tema agropecuario.

De esta forma nadie podrá sentirse traicionado el día después, pero se da la paradoja para el sector agropecuario que aquello por lo que se luchó tanto, difícilmente cambie: las retenciones parecen haber sido asimiladas por la política como una herramienta insustituible para la gestión de gobierno.

Comencemos por Francisco de Narváez, que presentaría su propuesta el próximo 9 de junio en Pergamino, por lo cual para conocer su opinión en la materia hay que remitirse a la página web.

Allí, en el ítem “Economía y Producción”, dice en el Punto 3 que su propuesta es: “Impulsar la revisión integral de la política de retenciones, disminuyendo gradualmente las alícuotas y segmentando el tributo por cultivos, escalas y regiones”.

Lo concreto de la propuesta es “impulsar el análisis”, a lo cual se supone devendrá una disminución (no eliminación) gradual y por segmentos.

Más concreto fue el candidato del PRO en Entre Ríos, Armando Saliva, que dio un indicio respecto de qué tan gradual podría ser el proceso: “cuatro o cinco años” aseveró.

En el otro extremo del espectro ideológico, el Frente Progresista del gobernador Binner tampoco se propone la eliminación de los derechos de exportación.

En su Propuesta Agropecuaria, el binnerismo plantea “un régimen de retenciones segmentadas y progresivas, con un tope que no afecte la rentabilidad de los productores”.

Como se ve, acá directamente no se habla de disminución sino de adecuación del canon en función de la escala del productor. Y en cuanto a la alícuota, la define como “aquella que no afecte la rentabilidad”, es decir un concepto tan inestable como el que disparó el conflicto, allá por marzo de 2008.

Más concretos, Elisa Carrió y sus adláteres del Acuerdo Cívico y Social han manifestado que promoverán la eliminación de las retenciones al trigo, maíz, sorgo, carnes y productos regionales, pero no a la soja, que pasaría a tributar el 25%.

Las crónicas periodísticas cuentan que un productor autoconvocado que participaba de la reunión les espetó “Los veo dubitativos. Las retenciones deben desaparecer.

Los líderes del acuerdo fueron sinceros: “va a pasar un tiempo hasta que gradualmente podamos eliminarla”, le contestó Prat Gay.

Por otra parte, el economista consciente de que los números fiscales tienen que cerrar sí o sí, adelantó que el agujero que dejen las retenciones sería cubierto por un impuesto que grave la “renta extraordinaria”.

El pensamiento de Carlos Reutemann, otro emergente del conflicto rural, podría ser el que plasmó en su proyecto de ley presentado en ocasión de la votación de la 125: retenciones de entre 22 y 30%, con segmentación por escala y excedentes aplicables al pago del impuesto a las Ganancias (al igual que el 70% del gasto en fertilizante).

Más actual, en una misiva dirigida a las entidades rurales de la provincia, los candidatos del peronismo entrerriano, donde Jorge Busti aparece ligado al proyecto reutemista, señalan estar dispuestos a “discutir sobre el nivel de retenciones y segmentación sobre distintos productos”.

Barrandeguy, número 1 de la lista y Cristina Cremer de Busti, número 2, apuntan que “en el caso de los cultivos agrícolas pampeanos se tiene que debatir en el marco de una mesa técnica (…) los niveles de retenciones que garanticen a los productores una rentabilidad razonable“.

Conclusión: a 14 meses del inicio del conflicto de la 125 pareciera que la discusión en torno a los derechos de exportación ha servido más a los fines políticos que a los sectoriales.

La eliminación de las retenciones ingresa al plano de la utopía, aún en aquellos partidos que han captado la simpatía de los ruralistas, y la discusión en torno a ellas seguirá girando en torno a zonas grises como “segmentación”, “asegurar rentabilidad”, “escala”, etcétera.

Así las cosas, tal vez lo único que cambie después del 28 de junio sea la sensación de que antes había retenciones “malas” y que ahora llegarán las retenciones “buenas”.

Javier Preciado Patiño

Acerca de la Plasticidad Profesional de los Ingenieros Agrónomos

Siempre me ha llamado la atención el hecho de encontrar a profesionales de la ciencia agronómica ejerciendo muy eficientemente tareas que están más allá de las incumbencias profesionales.

Recuerdo especialmente, con mucho afecto, a uno que se desempeñaba como gerente de Relaciones Institucionales de una empresa de servicios de salud. O a un ex compañero de la facultad que ahora gerencia desarrollos urbanos.

Entiéndase bien. No estoy hablando de aquellos profesionales que por no haberse podido insertar dentro de las áreas naturales de trabajo tuvieron que desarrollar otras tareas para ganarse la vida, sino de aquellos que por sus competencias intelectuales y de liderazgo hicieron una brillante carrera en áreas completamente ajenas.

En este sentido, leyendo las recomendables memorias de Gustavo Caraballo (“Entre Las Bambalinas del Poder”) me topé con un dato que ratifica mis sospechas. Se menciona allí que Orlando D’Adamo, artífice del Pacto Social con el que Perón asume su gobierno en el 73 y “quien dirigía las riendas del Ministerio de Economía” durante la gestión de José Ber Gelbard, era ingeniero agrónomo.

Carlos Leyba, subsecretario en esos años, en el también recomendable libro “Economía y Política en el Tercer Gobierno de Perón”, lo menciona como “ingeniero” a secas, “intelectual” y “empresario”.

Caraballo se refiere así a D’Adamo:

“Había sido asesor en los dos últimos años de Frondizi y realmente era un hombre extraordinario. Íntegro, trabajador hasta más allá del cansancio, lúcido, ajeno a todo interés personal ni a ninguna figuración política (…). D’Adamo viene de la CGE (Confederación General Económica), era un ingeniero agrónomo. Tenía una compañía que hacía forestaciones. Era de origen socialista y llevó al Gobierno (de Perón) a dos compañeros suyos ingenieros agrónomos, uno de los cuales fue el ingeniero Lucas Tortorelli (…). El verdadero factotum de la política económica era Orlando D’Adamo”.

En tanto, en el libro de María Seoane, “El Burgués Maldito” (dedicado a José Ber Gelbard), aparece mencionado en cuanto a su formación como ingeniero forestal.

Lo relevante, en cualquier caso, es que alguien que venía de las ciencias agropecuarias tuviera un rol clave en administraciones de dos figuras relevantes de la política argentina como fueron Perón y Frondizi.

Más allá de los juicios de valor que los lectores de este blog tengan sobre la tercera presidencia de fundador del PJ, el hecho aquí es destacar lo que yo entiendo como un meta atributo de la formación profesional de los agrónomos: su plasticidad.

Desconozco si en otras carreras ocurren procesos similares, a excepción de los ingenieros industriales y ramas afines que han sido descubiertos como extraordinarios talentos para gerenciar corporaciones.

En lo que respecta a los agrónomos me permito aquí esbozar una teoría: La plasticidad profesional tiene que ver con la visión se adquiere al aprender a manejar los complejos sistemas biológicos. (más…)