
Marcelo Belmartino es uno de los productores que encuadra en la categoría de los “autoconvocados”. Su base de operaciones es la carpa montada al costado de la rotonda de Salto, en la provincia de Buenos Aires, donde se reúnen para seguir los discursos de la Mesa de Enlace o los funcionarios del Gobierno nacional.
Su caso, multiplicado por mil o tres mil constituye lo que los dirigentes llaman “las bases”, cuya “presión” los obliga a ser duros en las negociaciones.
Pero ¿quién es Marcelo Belmartino?
Su bisabuelo llegó en un barco desde Génova, que traía gente para que levantara las cosechas de la Argentina granero del mundo. Es la historia del gringo chacarero.
Su abuelo se ganó la vida con un horno de ladrillos. Fue su padre quien se pudo dedicar de lleno al campo. A los 43 años, Marcelo recuerda con orgullo que en los 70, “con un grupo de amigos se metieron con la cooperativa del lugar, para levantarla, porque estaba media fundida”. Se trata de la Cooperativa Agropecuaria e Industrial de Salto, una poderosa organización de la zona.
Hoy Marcelo tiene 100 hectáreas, que le vienen de la herencia de su padre. Desde ese punto de vista, encuadra dentro de la tipología del “pequeño y mediano productor”.
Pero la apelación a la superficie es solo una parte de su realidad. En los 90 tuvo un avión fumigador y se dedicó a las aeroaplicaciones.
Después de la devaluación comenzó con la compra de equipos: un tractor, la sembradora, la cosechadora, un carro monotolva. Así fue creciendo, hasta que llegó a comprar 800 novillos que iba a engordar en un feedlot casero que se había armado en el campo.
En esta parte de la historia comienza a expresar su odio a la política de los K. “Cuando los tenía gordos, que los tenía que vender para pagar los créditos, Moreno dijo que la carne no tenía que valer 3 pesos, sino 2,75, para que la carne bajara en el mostrador. Y yo tuve que venderlo a eso en vez a de a 3,10, porque estaba subiendo y bueno, me significó una pérdida de plata en vano, porque la carne no bajó y la pequeña riqueza mía la distribuyó entre dos o tres frigoríficos que me compraron la hacienda”, se queja.
A partir de ahí, Belmartino se fue metiendo en la política. Armó el PRO en Salto y se candidateó para intendente. Pero sacó pocos votos. Perdió a manos del Frente para la Victoria, curiosamente apoyado los productores.
En pleno conflicto se afilió a la Federación Agraria. Como socio contribuye con $200 al año, aunque dice que estaría dispuesto a poner hasta $1.000. Sin embargo, dice que en las asambleas “se habla mucho de socialismo, de comunismo, se van por las ramas” y que él “no es tan fanático”.
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