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El mundo ve más trigo en la Argentina en esta campaña 2013/14

Internamente se puede decir que hay una sensación de que el área triguera dejará de caer esta campaña para dar lugar a una expansión en el orden del 10 por ciento.

Entre las principales razones se citan el precio, el clima y el desencanto con la cebada, tras haber alcanzado una superficie récord de más de 1,5 millón de hectáreas.

Si bien harían falta encuestas serias que sondeen las intenciones de siembra de los productores, el último anuncio del Gobierno Nacional sobre la devolución de las retenciones vía un fideicomiso administrado por los exportadores (cooperativos y empresarios) no habría influido demasiado en la decisión. Sí habría tenido más impacto la decisión de abrir un cupo temprano de 5 millones de toneladas para el trigo que se cosechará a partir de noviembre de este año.

Lo cierto es que el Dto. de Agricultura de los Estados Unidos en su informe de mayo dio la primera estimación de la cosecha de trigo argentino para este año, que la fija en 13 millones de toneladas, lo cual implica un crecimiento de 18% respecto de la campaña 2012/13. Ya en abril, el Usda había lanzado que espera un área sembrada en nuestro país de 4,2 millones de hectáreas. El ministerio de Agricultura argentino sostiene que en la última campaña se sembraron 3,16 millones y que la producción alcanzó a 9 millones de toneladas.

Por su parte, tanto las agencias de noticias Bloomberg como Reuters sostienen que el área triguera crecería en base a consultas hechas con técnicos de las bolsas de cereales y de las organizaciones de productores. En este caso, precio, clima y medidas políticas serían las clave para esperar un crecimiento.

Al respecto, en el Mercado a Término de Buenos Aires, el trigo enero 2014 venía cotizando a la suba, con un valor de 195 dólares. A la misma fecha de 2012, el valor era de 160 dólares. De los últimos 7 años, solo para mayo de 2008 se esperaba un valor superior al actual, en el orden de los 210 dólares, mientras que en mayo de 2011 se obtenía una cotización similar.

En el resto de los años, el trigo enero en el mes de mayo osciló entre 132 dólares (2007) y 160 dólares (2012).

La agencia Dow Jones, en tanto, reproduce para sus lectores internacionales la estimación de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que arroja un incremento del área en el orden del 8%.

Si bien todavía no se ha logrado un consenso público privado, amplio y general sobre un plan para que crezca la producción de este cereal, al menos hay algunas señales positivas al respecto.

Frente a la próxima campaña de invierno, planteemos el Gran Consenso Triguero Nacional

La realidad en el inicio de la campaña comercial del ciclo 2012/13 del trigo (tras concluirse la cosecha) es en absoluto alentadora. La producción ha sido baja (10,1 millones de toneladas según el Minagri, pero apenas más de 9 según las cámaras), lo cual ha obligado a deshacer contratos de exportación ya pautados mientras estuvo vigente la apertura y no solamente eso, sino incluso a cerrar la autorización de ROE’s para la exportación de harina de trigo. La situación se agravó por la mala calidad del cereal, muy afectado por el fusarium (fruto a su vez de las condiciones de humedad del fin de la campaña).

Pero no escapa que la producción de este cereal de invierno viene en franco declive. Casi un millón y medio de hectáreas fueron pasadas a la producción de cebada y la explicación ahí no es otra que la mayor seguridad de comercialización que el productor encuentra en el cultivo alternativo.

Mientras, la secretaría de Comercio Interior insiste en la fórmula de cuotificar mediante los ROE la exportación del saldo , en nombre de una seguridad alimentaria que nunca estuvo en riesgo en todo el tiempo previo en que no se había implementado el sistema de los permisos.

En la otra vereda, la dirigencia rural explota la cuestión del trigo más política que gremialmente, es decir más como un instrumento para hacer política partidaria en contra del Gobierno que para lograr medidas adecuadas que activen la producción en el marco político imperante.

Es que la Argentina tiene posibilidades inmediatas de pasar a producir más de 20 millones de toneladas de trigo por año. Tecnológicamente la solución está, tanto en genética, como en protección, nutrición y manejo. Por otra parte bastaría que una parte del área de soja de primera incorporara el doble cultivo, para que el salto en la superficie sembrada fuera fenomenal.

Alguien me preguntaba hace pocos días, ¿y vos que harías?

Le respondí que lo primero era continuar la metodología de diálogo que instaló Julián Domínguez durante su paso por la cartera agrícola y que se terminó plasmando en el PEA. Es evidente que hay muchos interesados, además de la Nación misma, en que se produzca más trigo sin que sea en desmedro de otros cultivos.

Sentados en una misma mesa, ¿qué pueden aportar los semilleros a los productores que vayan a sembrar más trigo este año? Lo mismo para los proveedores de defensivos y de nutrientes. ¿Qué compromiso pueden tomar molineros y exportadores? ¿Cuál va a ser el aporte del Estado si el campo genera más riqueza?

Sería muy difícil -y en este sentido la experiencia del PEA entiendo que es aleccionadora- que la Casa Rosada fuera a decirle no a una propuesta que viene respaldada por una cadena atrás, de la mano de legisladores y funcionarios. Incluso y dejando volar la mente (igual ya se planteó en el encuentro del Lide a fines del año pasado) la cuestión del trigo no pasa solo por una cuestión de la Argentina sino que es estratégico para Brasil. ¿Podrían también participar ese país, que va camino a ser uno de los mayores importadores mundiales del cereal, ser parte de un Gran Acuerdo Triguero?

Por otra parte, el momento ideal para un Gran Consenso es ahora, en febrero o marzo. Bastaría una señal positiva de la cadena y el Estados, dada a tiempo (el año pasado el anuncio de liberación del cupo fue tardío y no movió el amperímetro de la siembra, porque ya estaba jugada), para esperar una reacción positiva de los productores.

Alguien podría tildar esta propuesta de ingenua, pero lo que es seguro es que ningún espacio de diálogo es improductivo, sino todo lo contrario, sentarse a la misma mesa y con voluntad puede ser el 80% de la solución.

Retenciones: la propia trampa en la que está cayendo la oposición


A 22 días de que el Congreso posiblemente retome la facultad de establecer los aranceles al comercio exterior, el titular de la bancada radical en la cámara baja, Oscar Aguad, declara: “En cuanto a las retenciones, no creo que haya que hacer una exagerada rebaja”, para largar a continuación, “habría que explorar también e pago de retenciones a cuenta del impuesto a las ganancias”. ¿Qué entenderá Aguad por “exagerada”?

Pero el radical cordobés no está solo. Lo acompaña el líder del peronismo no K, Eduardo Duhalde. “Tampoco es cosa de definanciar el Estado”, sostiene. 

Lo curioso es que estas declaraciones ocurran apenas horas después de haber participado en el acto de fe que la oposición realizó en la casa palermitana de la Sociedad Rural Argentina, justamente en contra de las retenciones.

A la luz de estas declaraciones toma fuerza la idea de que el objetivo que persiguen es el veto del Poder Ejecutivo con la sola intención de crearle un costo político adicional y montarse sobre la ola de simpatía del campo.

Es que si realmente piensan en gestionar la Argentina a partir del 10 de diciembre de 2011, ya tienen que ir pensando de dónde saldrán los recursos si las eliminan ahora. Usando la lógica política: ¿No sería más redituable sacar o reducir las retenciones una vez llegados al gobierno que hacerlo cuando son opositores? (más…)

Solá, ¿la pata bonaerense para la nacionalización del proyecto PJ chacarero?

Apenas un mes después de las elecciones, el ámbito político ya está dejando trascender que el felipismo podría encontrar en el peronismo no kirchnerista del interior una mayor afinidad política que en los socios electorales con los que fue a las elecciones.

En paralelo sigue tomando color la construcción de un espacio pejotista en el Congreso que involucra a los liderazgos de Busti en Entre Ríos y Schiaretti (/De la Sota) en Córdoba, pero fundamentalmente al triunfante Reutemann desde Santa Fe.

La presentación del proyecto de ley para extender el Fondo Federal Solidario de la soja al resto de las exportaciones -un claro desafío al kirchnerismo- fue un paso adelante. El proyecto lo firmaron nueve diputados de las provincias agrícolas de la Región Centro.

Esta semana se confirma la partida de los diputados entrerrianos Cristina Cremer de Busti, María de los Ángeles Petit y Gustavo Zavallo hacia un bloque propipo de similares características que Santa Fe Federal.

A partir del 10 de diciembre, ambos espacios se verán reforzados con el ingreso de los nuevos legisladores electos, ya decididamente ajenos al kirchnerismo.

Pero para tener alcance nacional, este proto-proyecto necesita la pata bonaerense y allí es donde aparece Solá.

El felipismo siente que durante la campaña fue herido por sus socios electorales de Unión Pro, por las colectoras retiradas de la justicia electoral o el desaire a sus figuras. La palabra “humillación” está en sus bocas.

Por otra parte se preguntan: ¿cuál es el papel de Felipe en una sociedad política con De Narváez, que aspiraría como mínimo a la gobernación y Macri jugando para presidente?

Y ahí la mirada se desvía hacia el peronismo no K del interior.

La convergencia en un bloque o interbloque comienza a tomar forma lentamente.

Algunos opinan que para eso es necesario que el ex gobernador se despegue de sus aliados de Unión Pro. Sería la prueba de amor que le pedirán sus colegas del PJ no kirchnerista.

El ex gobernador bonaerense ya se ha mostrado con Schiaretti -”hablamos del futuro”, dijo- y vuelto a hablar de peronismo.

Por otra parte, tiene tropa propia en el Congreso, que se incrementará a partir del 10 de diciembre con la asunción de los diputados electos el 28 de junio.

En el pausado juego de la política, se especula con que el 11 de diciembre sea la fecha a partir de la cual todo este proceso de centrifugación peronista cambie de sentido. La conformación de un bloque o interbloque peronista federal -al cual ya no le cabría el mote de “disidente”- empieza a tomar forma en el horizonte de la política

Retenciones Felices, la propuesta que unifica al arco político para el 28 de junio

Tal vez el primero en reconocerlo haya sido Ricardito Alfonsín, a poco del fallecimiento de su padre, cuando comenzó a tener mayor exposición mediática: nadie en su sano juicio podría prescindir de las retenciones para administrar el país.

Esta afirmación premonitoria comienza a tomar forma ahora, a medida que los contendientes del 28 de junio dan a conocer sus definiciones en el tema agropecuario.

De esta forma nadie podrá sentirse traicionado el día después, pero se da la paradoja para el sector agropecuario que aquello por lo que se luchó tanto, difícilmente cambie: las retenciones parecen haber sido asimiladas por la política como una herramienta insustituible para la gestión de gobierno.

Comencemos por Francisco de Narváez, que presentaría su propuesta el próximo 9 de junio en Pergamino, por lo cual para conocer su opinión en la materia hay que remitirse a la página web.

Allí, en el ítem “Economía y Producción”, dice en el Punto 3 que su propuesta es: “Impulsar la revisión integral de la política de retenciones, disminuyendo gradualmente las alícuotas y segmentando el tributo por cultivos, escalas y regiones”.

Lo concreto de la propuesta es “impulsar el análisis”, a lo cual se supone devendrá una disminución (no eliminación) gradual y por segmentos.

Más concreto fue el candidato del PRO en Entre Ríos, Armando Saliva, que dio un indicio respecto de qué tan gradual podría ser el proceso: “cuatro o cinco años” aseveró.

En el otro extremo del espectro ideológico, el Frente Progresista del gobernador Binner tampoco se propone la eliminación de los derechos de exportación.

En su Propuesta Agropecuaria, el binnerismo plantea “un régimen de retenciones segmentadas y progresivas, con un tope que no afecte la rentabilidad de los productores”.

Como se ve, acá directamente no se habla de disminución sino de adecuación del canon en función de la escala del productor. Y en cuanto a la alícuota, la define como “aquella que no afecte la rentabilidad”, es decir un concepto tan inestable como el que disparó el conflicto, allá por marzo de 2008.

Más concretos, Elisa Carrió y sus adláteres del Acuerdo Cívico y Social han manifestado que promoverán la eliminación de las retenciones al trigo, maíz, sorgo, carnes y productos regionales, pero no a la soja, que pasaría a tributar el 25%.

Las crónicas periodísticas cuentan que un productor autoconvocado que participaba de la reunión les espetó “Los veo dubitativos. Las retenciones deben desaparecer.

Los líderes del acuerdo fueron sinceros: “va a pasar un tiempo hasta que gradualmente podamos eliminarla”, le contestó Prat Gay.

Por otra parte, el economista consciente de que los números fiscales tienen que cerrar sí o sí, adelantó que el agujero que dejen las retenciones sería cubierto por un impuesto que grave la “renta extraordinaria”.

El pensamiento de Carlos Reutemann, otro emergente del conflicto rural, podría ser el que plasmó en su proyecto de ley presentado en ocasión de la votación de la 125: retenciones de entre 22 y 30%, con segmentación por escala y excedentes aplicables al pago del impuesto a las Ganancias (al igual que el 70% del gasto en fertilizante).

Más actual, en una misiva dirigida a las entidades rurales de la provincia, los candidatos del peronismo entrerriano, donde Jorge Busti aparece ligado al proyecto reutemista, señalan estar dispuestos a “discutir sobre el nivel de retenciones y segmentación sobre distintos productos”.

Barrandeguy, número 1 de la lista y Cristina Cremer de Busti, número 2, apuntan que “en el caso de los cultivos agrícolas pampeanos se tiene que debatir en el marco de una mesa técnica (…) los niveles de retenciones que garanticen a los productores una rentabilidad razonable“.

Conclusión: a 14 meses del inicio del conflicto de la 125 pareciera que la discusión en torno a los derechos de exportación ha servido más a los fines políticos que a los sectoriales.

La eliminación de las retenciones ingresa al plano de la utopía, aún en aquellos partidos que han captado la simpatía de los ruralistas, y la discusión en torno a ellas seguirá girando en torno a zonas grises como “segmentación”, “asegurar rentabilidad”, “escala”, etcétera.

Así las cosas, tal vez lo único que cambie después del 28 de junio sea la sensación de que antes había retenciones “malas” y que ahora llegarán las retenciones “buenas”.

Javier Preciado Patiño

La Tierra, la Renta, los Impuestos y el Debate que hay que dar

Recientemente, un profesional agrónomo comentaba el caso de un cliente al que asesora.

Se trataba de un productor de la zona de San Nicolás, que suele arrendar unas 200 hectáreas.

El profesional contaba que para la campaña 2003/04 el margen bruto esperado de su cliente era de unos 125 u$s/ha, mientras que el del arrendador (propietario) era de 117 u$s/ha.

Previo al conflicto de las retenciones móviles los números habían variado sustancialmente, no tanto para el productor, que esperaba un margen levemente inferior a los 120 dólares por hectárea, como para el propietario, que superaba largamente los 500 dólares. Después de pagar Ganancias, les quedaría a cada uno 78 y 325 u$s/ha respectivamente.
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