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Con la Resolución 187 el INASE busca desatar el nudo gordiano de la Bolsa Blanca

Por Javier Preciado Patiño

A fines de junio, el Instituto Nacional de Semillas decidió avanzar en la ordenación del mercado de las semillas autógamas, donde la participación de la semilla fiscalizada es minoritaria respecto del área sembrada. Esto es particularmente cierto para la soja, donde sobre una superficie de 20 millones de hectáreas la semilla fiscalizada alcanza apenas para plantar tres.

A esto se le podría sumar lo recaudado por la regalía extendida, que como lo definió un empresario del sector se parece más a una “contribución moral voluntaria” al reconocimiento del trabajo de los obtentores que a un sistema formal de recuperación de los derechos de propiedad intelectual.

Así, no menos de un 70% del área se siembra con semilla de uso propio (práctica contemplada en la Ley 20.247) o con semilla de origen ilegal. Poder determinar qué es cada cosa es el objetivo de la Resolución 187 del Inase, que obliga a los productores cuya facturación sea superior a tres monotributos de la más alta categoría (cuenta que da $1,8 millón al año) a declarar antes del 31 de enero de cada año de dónde salió la semilla de soja que utilizaron para la producción.

Ocho años atrás el mismo Inase había promulgado la Resolución 80 con el mismo objetivo. La diferencia es que en esa resolución se daba plazo hasta el 30 de junio, cuando el cultivo ya estaba levantado. Ahora hay que hacerlo mientras está implantado, dando tiempo a los inspectores del Inase a realizar las comprobaciones a campo.

Sin embargo, la nueva resolución mantiene cierta laxitud en materia de justificar el origen. El productor alcanzado tanto puede presentar la factura de compra de semilla de la campaña en curso, como de campañas anteriores, sin establecer un límite de tiempo

De todas modos, la industria semillera se muestra expectante que con esta normativa se pueda comenzar a acotar el mercado informal. “Al menos que pare de caer la proporción de semilla fiscalizada respecto del área total”, manifiestan no sin algo de resignación en el sector semillero. Es que cada campaña pareciera que el mercado legal no tiene piso, y su participación sigue cayendo.

Lo más curioso es que es un insumo que en vez de aumentar, baja. Desde una de las principales empresas sostienen que de un valor promedio del germoplasma (para excluir los eventos tecnológicos que tienen un canon aparte) de 27/28 dólares por bolsa en la campaña 2013/14, pasaron a uno de 24 dólares en la 2014/15. “La componente del grano en el costo se diluye y aumenta la participación del resto, la bolsa, el rótulo, el procesamiento, la logística, etcétera, que aumenta al ritmo de la inflación”, apuntan.

La norma entra en vigencia esta campaña y prevé el cruzamiento de datos entre el Inase y la Afip, entre otras cosas. También prevé que cada 30 de junio, el productor declara si va a hacer reserva para uso propio, para lo cual deberá identificar esos lotes (con un rótulo del Inase) además de declarar dónde se guarda esa semilla.

Aportes al debate de la ley de semillas: El silencioso trabajo de los fitomejoradores argentinos

 


Por Javier Preciado Patiño

¿Sabía usted que la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, un organismo público financiado por la cadena agroindustrial tucumana, está cerca de registrar sus primeras variedades de soja en Sudáfrica? ¿O que Asociados Don Mario es la cuarta semillera global de soja por escala de siembra de sus cultivares? ¿O que uno de los principales obtentores de la oleaginosa es una cooperativa, Santa Rosa para ser más específicos?

Cuando el cultivo de soja arrancó en la Argentina, la genética venía en avión desde los Estados Unidos o Brasil. Uno de los pioneros en el mejoramiento local fue Don Julio Ferrarotti, con su Ofpec Rendidora 627 allá por los años 60. Hoy, su hijo Julio lidera el programa de Horus, una de las semilleras más nuevitas que hay en el mercado.

Tal vez el ciudadano de a pie asocia soja con glifosato y con Monsanto, creyendo que esta compañía es la que tiene la sartén por el mango del germoplasma sojero en la Argentina. Nada que ver.

Me he tomado el trabajo de rastrear los programas de mejoramiento de soja que hay en la Argentina, más allá de la escala que tenga, su tecnología, si son globales o locales, antiguos u nuevos. Veamos el resultado.

1.- Asociados Don Mario. Arrancaron en los 80 en Chacabuco. Es una empresa familiar, que se expandió a la región y más allá también y hoy, con más del 30% del área latinoamericana sembrada con sus cultivares es la cuarta en escala global. Y es argentina. Tienen capacidad para hacer 80.000 escaneos diarios de ADN con sus laboratorios de biotecnología en Londrinas y Buenos Aires y han creado su propio software para procesar los datos de las cientos de miles de líneas que testean cada año.

2.- Nidera. Rodolfo Rossi es un ícono del mejoramiento en el país y está directamente asociado con la introducción de la biotecnología en el cultivo. Si bien como trader, Nidera puede ser considerada una multinacional, en materia del programa genético se la puede considerar una nacional, que se ha expandido al mercado regional y ahora planea integrarse en una red global, desde que Nidera fue comprada por la china Cofco.

3.- Santa Rosa. La cooperativa continuó el programa que fuera de FACA, la quebrada Federación Argentina de Cooperativas Agraria. Es uno de los principales obtentores del país y ha crecido muy fuerte en Paraguay. Hoy están preparados para salir con variedades transformados con los principales eventos biotecnológicos por venir.

4.- Bioceres. Los desarrolladores del gen de resistencia a sequía HB4 montaron su propio programa que lidera la ingeniera Mariana Chiozza. Ya registraron sus primeras variedades y van por más.

5.- Sursem. La compañía radicada en Pergamino mantiene activo su programa de mejoramiento, a cargo de Leonardo Milanesi.

6.- Asoc. de Cooperativas Argentinas. La ACA tiene uno de los programas más antiguos del país (data de 1984) y su programa, liderado por Lucas Sala, cuenta con el acceso a la tecnología de marcadores moleculares en su base de Pergamino.

Entre las nacionales también podemos mencionar a Argenetics, en Colón, donde Eliseo Juncos y Marianela Errasti están al frente del programa. También en esa localidad está Semara, de Diego Maranesi, que ya tiene sus primeros cultivares listos para su lanzamiento comercial. Y desde Junín, se prende Agriseed, con su marca BAUP para el Mercosur.

Pero en los últimos años hubo un reverdecer de las semilleras multinacionales. Syngenta, que compró SPS, reactivó su programa de mejoramiento en Venado Tuerto, integrándolo a su red global. Dow, desarrollador de biotecnología con sus eventos Enlist y Conkesta entre otros, también armó su base local del programa global, con Walter Santone a la cabeza. Monsanto introdujo Intacta, y luego de haber adquirido La Tijereta (que tenía su propio programa) se está metiendo en el negocio de la genética con un programa cuya cabeza es Uri Krieger. Por último, Bayer adquirió FN Semillas, un semillero de Salta (Buenos Aires) con el fin de armar su plataforma global de genética sojera, que se integra con el programa de Igra en Paraguay.

Finalmente, en el sector público también hay programas. Decíamos el de la EEA Obispo Colombres que logró las variedades más exitosas para el NOA, que llegó al mercado de Bolivia con su cultivar Munasqa y que ahora le apunta a Sudáfrica. El INTA tiene su centro de mejoramiento en Marcos Juárez, pero ha resignado protagonismo a manos del sector privado. Y en la FCA de Entre Ríos, Diana Fresoli está al frente de un programa enfocada en cultivares convencionales.

Como vemos, hay un trabajo interesante detrás el mejoramiento de la soja. Marcos Quiroga, de Don Mario, me decía que con sus variedades han logrado aumentarle 23% de rinde entre 1998 y 2013, mucha más de lo que agregaría cualquier trait biotecnológico.

A la hora de discutir una reforma de la ley de semillas, habría que tener en cuenta que la labor de mejoramiento está activa y en manos fundamentalmente nacionales. Que las introducciones desde terceros países son ínfimas y que hay mucho conocimiento argentino involucrado en lo que siembran los productores y que este año significan 61 millones de toneladas. Por otra parte, que apenas el 15% de la superficie se siembre con semilla fiscalizada es una cachetada a semejante esfuerzo.

Una jornada para conocer en profundidad el fascinante mundo de la genética vegetal

El próximo miércoles 15 de abril, en el microcentro de Buenos Aires, tenemos la posibilidad de ponernos al día con todo lo relacionado al mejoramiento genético en soja y trigo. Se trata de una jornada en la que participaré exponiendo cómo evolucionó la inscripción de cultivares de estas dos especies autógamas en los últimos treinta años. Allí conoceremos el volumen de nuevas obtenciones, el origen de las mismas, quiénes fueron sus desarrolladores, cómo se incorporaron las nuevas tecnologías a los germoplasmas, etcétera, etcétera. Les puedo asegurar que es una información más que interesante.

Pero para agregarle más valor a la reunión, contaremos con la presencia de Martín Lema, el director de Biotecnología del ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Martín nos comentará hacia dónde está yendo la ingeniería genética, donde hay una cantidad de nuevas tecnologías que ya están irrumpiendo en los sistemas agrícolas y cómo eso va a impactar en el marco regulatorio.

También será de la partida el presidente del Instituto Nacional de Semillas, Raymundo Lavignolle. El Inase es el punto de convergencia del mejoramiento genético vegetal para llegar a los productores. ¿Puede haber cambios en el sistema de registración? ¿Sigue siendo actual el sistema de inscripción según rasgos fenotípicos o podríamos ir hacia un sistema basado en el ADN? Seguramente Raymundo nos va a orientar y mucho en este debate.

La Asociación de Semilleros Argentinos estará presente por medio de su director Ejecutivo, el Dr. Miguel Rapela, que va a poner en valor todo el trabajo de la industria semillera por los rendimientos de los cultivos y nos abrirá las puertas a lo que podemos esperar en el agro argentino para los próximos años.

Participar de la jornada no tiene costo y es de acceso libre, con inscripción previa. Los cupos son limitados. Los interesados pueden inscribirse enviando un mail a riaconsultores@riaconsultores.com.ar.

Comercio de granos: Incluso China se basa en el aprovisionamiento de las grandes traders globales

Por Javier Preciado Patiño

En su editorial del domingo 7 de febrero, el periodista Horacio Verbitsky, del cual se puede cualquier cosa menos que sea opositor, admite que la idea de recrear una suerte de Junta Nacional de Granos o IAPI es en la práctica, imposible y encuadra esas iniciativas en lo que identifica como “sectores de lo que podría denominarse la izquierda K”.

La lógica que esgrime el editorialista es que no hay tiempo (considerando los dos años que restan del mandato de CFK), que hay iniciativas que no resisten el menor análisis (por ejemplo incautar los silos bolsa, como proponía Luis D’Elía) y que la estructura de la producción granaria argentina hoy es muy distinta  a la existente en el primer gobierno de Perón.

Incluso en un momento se muestra sorprendido que un cuarto de las exportaciones de poroto de soja sean manejadas por el cooperativismo agrario, es decir ACA y AFA, o que la ACA supere en ese ítem a las grandes multis.

Pero el baño de pragmatismo al que se sometió la principal pluma de Página 12 no contempló algunos factores estructurales del trading de commodities agrícolas que hoy hacen muy difícil pensar en la estatización del comercio granario.

El mejor ejemplo puede ser China, la segunda economía mundial y sobre la que nadie duda que podría manejar íntegramente la compra de granos si así quisiera.  La  nación asiática está importando casi 70 millones de toneladas esta campaña (de acuerdo al Dto. de Agricultura de los EE.UU.), que es casi una vez y media la cosecha argentina.

Semejante volumen es llevado a China por las grandes compañías globales, que adquieren el poroto en los EE.UU., Brasil, la Argentina y Paraguay.

Cargill, una compañía estadounidense que está en este negocio desde hace 150 años, comenzó a operar en China en la década del 70 y aceleró su desembarco a partir de los 90. Hoy cuenta con cuatro plantas de molienda de soja, tres en la provincia de Guandong y una en la de Jiangsu. Además actúa en el negocio de la nutrición animal, los almidones y edulcorantes. Allí emplea a más de 7.000 personas.

Pero no solo eso. Cargill es clave en la logística oceánica moviendo con habilitad todo tipo de graneles de un lugar a otro del mundo.

Pero además de Cargill, se encuentran en China operando sus pares ADM, Bunge y Dreyfus. De acuerdo a un artículo del portal Dailynews, estas empresas manejan el 80% del crushing de soja en la nación asiática.

En síntesis: Si uno piensa que estas empresas ya se acercan a los 200 años de existencia y que han sobrevivido a todo tipo de circunstancias políticas, económicas y sociales, es hora de pensar o mejor dicho de repensar cuál es el límite de la Argentina para avanzar sobre la comercialización granaria.

Es factible que China tenga interés en algún tipo de acuerdo país- país con la Argentina, pero que en todo caso sería complementario y no sustituto de su actual sistema de aprovisionamiento. En el mejor de los casos podría funcionar como un esquema sobre el cual se arbitraría el resto de las operaciones, pero hasta ahora esta voluntad, manifestada en más de un encuentro bilateral, no ha avanzado hacia acciones concretas.

Más pronto que tarde la soja de los silos bolsa va a ser vendida para su exportación

La “tragedia” de esta temporada de verano parece radicar en las 8 millones de toneladas de soja que todavía no entraron al circuito comercial de la exportación.

Con la habitual tendencia vernácula al paroxismo, sazonada con una buena dosis de histeria e ignorancia por parte de los medios de comunicación, dirigentes y líderes de opinión, comienzan a tejerse fábulas destituyentes y complots internacionales, mientras se vuelcan ríos de tinta por enésima vez sobre la constitución de una nueva Junta Nacional de Granos, que termina de enervar los ánimos a ambas orillas del Jordán.

La realidad es que la soja -como cualquier otro grano- es un bien que no se puede guardar indefinidamente. Dura un poco más en los silos metálicos y un poco menos en los plásticos y más temprano que tarde tiene que venderse.

En abril/mayo comenzará a entrar una nueva zafra, cuya cotización se encuentra unos 40 dólares por debajo del disponible, a principios de febrero. ¿Es lógico pensar que el productor no la va a realizar antes de que ese gap desaparezca? Los Estados Unidos ya han tenido una gran cosecha y ahora se espera una ultra récord por parte de Brasil, con más de 90 millones de toneladas.

Por otra parte, es claro que la soja no está en manos de los exportadores sino de los eslabones anteriores, seguramente el productivo. Las estadísticas oficiales muestran que el ritmo de molienda de la soja cayó abruptamente en el último trimestre de 2013 y la realidad de plantas que adelantaron su parada, o compañías que concentraron toda la actividad en las de mayor escala para eficientizar costos es una señal clara de las dificultades que enfrentan para originar la materia prima.

Es cierto que la devaluación del peso frente al dólar ha mejorado sensiblemente los márgenes de la oleaginosa. En comparación con mayo de 2013, a pesar de que el precio de la soja cayó 7%, la cuenta para el productor mejora 41% gracias a un peso que perdió 53% frente a la divisa norteamericana. ¿Es lógico jugarse el físico a la espera de una segunda devaluación?

Por otra parte, la estimación realizada por los exportadores ante el Jefe de Gabinete de Ministros, Jorge Capitanich, es que durante el corriente año estarían liquidando entre 27 y 29.000 millones, entre 15 y 30% más que en 2013 y a un tipo de cambio mayor, que aliviaría las cuentas públicas.

En síntesis: un escenario posible es que estemos atravesando un bache financiero que se compensará en unos meses y que no amerita que toda la atención esté volcada en ver si se liquidan o no los agro dólares o si hay que recrear la junta de granos o tejer fantasías estatistas (altamente funcionales a la oposición). Más bien la cadena y el sector público deberían ejercitar el diálogo y pensar en cómo producir más en la próxima campaña.

La genética de soja goza de buena salud: la inscripción de cultivares logra nuevo récord en 2013

Por Javier Preciado Patiño

De acuerdo a los registros del Instituto Nacional de Semillas, durante 2013 los mejoradores  pusieron a disposición de los productores argentinos 59 nuevos cultivares de soja.

La novedad ha sido consignada en el primer informe de 2014 de RIA Consultores, que agrega una serie de datos que ponen en perspectiva el logro de la industria semillera local.

a) Se trata de una cifra récord. Lo máximo registrado hasta el presente fueron 48 cultivares en un mismo año.

b) El 97% de lo registrado fue desarrollado en la Argentina. Solo dos variedades fueron introducidas y el origen fue Brasil

c) Ha sido relevante el impacto de la tecnología BtRR2 (Intacta). Se inscribieron 15 cultivares en la primera campaña luego de la liberación de la tecnología.

d) Es un mercado llevado adelante por empresas locales. El principal obtentor es Asociados Don Mario con 24 cultivares, seguido por Nidera con 10. En tercer lugar se ubica la Cooperativa Santa Rosa, una asociación de semilleros multiplicadores, con 7 nuevos cultivares, la misma cifra que la inscripta por FN Semillas, el semillero de Salto recientemente adquirido por Bayer CropSciences. Monsanto, Agseed, y Sursem/Relmó fueron los obtentores que también anotaron cultivares este año. ACA es otro importante desarrollador de genética, pero que este año no anotó nuevos cultivares, al igual que Syngenta.

Es importante destacar algunas consideraciones del citado informe. En los 90 la inscripción promedio fue de 16,2 cultivares por año. Esa cifra saltó en la década siguiente (2000/09) a 31,4, es decir que prácticamente se duplicó. Mientras, en los primeros cuatro años de esta década la inscripción promedio trepó a 44,3 por año, 41% más que en la década precedente.

En lo cualitativo es destacable la expansión de las empresas argentinas a los mercados regionales, incluso el gran mercado brasileño, que ya es prácticamente el primer productor mundial de la oleaginosa. La experiencia de Don Mario en este sentido es un ejemplo de la transnacionalización de una compañía argentina basada en el conocimiento.

Y el mainstream puede traer más satisfacciones aún, como el desarrollo de Bioceres con las sojas resistentes a sequía, que incorporan el trabajo del equipo de Raquel Chan en la UN del Litoral y el apoyo del MINCyT a la iniciativa, otro ejemplo de positiva articulación público privada.

Sin retenciones móviles, el precio de la soja explota en el arranque de un año eleccionario y que augura lluvias

Las circunstancias de la campaña agrícola estadounidense han llevado a la soja a un precio récord, expresado en moneda corriente, que en último de los casos es lo que sirve para comprar y vender. El techo de los 600 dólares ha sido quebrado en este invierno austral.

El fenómeno toma a la Argentina empezando a comercializar una cosecha que terminó decepcionando debido a la sequía, en un año donde la balanza comercial siente la falta de dólares que ingresen.

En el plano político, la coyuntura está signada por la pelea por la sucesión presidencial en 2015, con parada intermedia en las legislativas de 2013 que definirá la pole position para ese año.

Y la soja no será un jugador pasivo para la política.

La semana pasada, el titular de Agritrend, Gustavo López, daba sus primeras perspectivas para la campaña 2012/13, que le indicaban un crecimiento del área sojera en un millón y medio de hectáreas, lo que llevaría la superficie nacional a 20 millones. Por otra parte la perspectiva climática no augura sobresaltos, con un año llovedor (Niño), lo cual llevaría a especular con una cosecha por arriba de las 50 millones de toneladas, 56 para ser más precisos, es decir 16 Mt más que en la campaña actual (2011/12).

Si supusiéramos un precio promedio de 500 dólares la tonelada, el valor de la cosecha sojera treparía a 28.000 millones de dólares, de los cuales unos 9.500 irían a las arcas públicas nacionales, que a su vez repartiría unos 2.800 millones a provincias y municipios. Sirva como dato de comparación, que en 2011 las exportaciones argentinas por todo concepto totalizaron 84.269 millones de dólares.

Si el valor promedio de la tonelada se ubicara en 600 dólares, pasaríamos a hablar de 33.600, 11.400 y 3.400 millones de dólares respectivamente. Una verdadera fiesta.

Políticamente no es un dato neutro. El productor -que después del conflicto de 2008 “clavó” los aumentos de las retenciones- accedería a un buen margen económico, lo cual va directamente asociado al buen humor e inversamente a la conflictividad política.

La economía en general se encontraría con más dólares y mayor facilidad para sostener el superávit comercial. Y el Gobierno Nacional con más fondos no solo para sí mismo, sino para distribuir entre municipios y provincias, que también están con la soga al cuello. Todo, en un año donde se juega buena parte del futuro político de 2015.

Factoría Fotosintética o Agro con Desarrollo Industrial

Hace un tiempo publicaba en este mismo espacio que “la agregación de valor es lo que define al modelo”. Es hora de retomar la cuestión a la luz del debate eleccionario.

Podríamos imaginar una misma producción granaria, por ejemplo la de las 100  millones de toneladas, bajo dos formatos completamente distintos.

En el primero, el país importa todos los insumos y los bienes de capital que se necesitan para alcanzar esa producción -la genética, los fitosanitarios, los fertilizantes, los tractores, sembradoras, cosechadoras- y exporta esos granos tal cual como salen de los lotes.

En el segundo, también producimos 100 millones de toneladas. Pero todos los insumos y bienes se producen dentro de nuestras fronteras y el grano que se cosecha, se procesa y transforma ahí nomás de donde se producen.

En este segundo caso, en la Argentina hay fábricas de tractores, cosechadoras, sembradoras y fumigadoras, que consume energía y acero, y crean puestos de trabajo. Hay fábricas de fertilizante que demandaron inversiones multimillonarias y mucho conocimiento, generando además más puestos de trabajos. Hay ingenieros agrónomos argentinos con doctorados en mejoramiento genético junto a biotecnológos trabajando en semilleras pequeñas, medianas y grandes que crean germoplasma y eventos para los productores locales y licencian los frutos de su trabajo intelectual a otros países del Mercosur y más allá.

En este segundo caso en cada pueblo se ha montado una aceitera, que vuelca las harinas proteicas a los galpones de cría porcina y avícola que han surgido en torno a los campos de producción. Hay también plantas de bioetanol que producen energía para la región no solo a partir de granos sino también de la celulosa que hasta el presente se desperdiciaba.

Las granjas avícolas y porcinas se han integrado a la industria frigorífica y forman sus propias redes asociativas o se integran al tejido cooperativo rural.

De esta forma, el precio del grano ha ido dejando de arbitrarse por los puertos de exportación para basarse en la competencia de los transformadores por la materia prima. Pero muchos productores ya son socios o parte del negocio de la proteína animal, con lo cual ahora captan una tajada mucho mayor en la renta de la cadena agroalimentaria.

Por otra parte se ha desarrollado una fuerte cultura de marketing de los alimentos y ahora cualidades como el origen son reconocidos en el mercado internacional. Los productores, asociados en las industrias alimentarias, participan de los consejos de denominación de origen y marcas, y se integran a las misiones comerciales al exterior para posicionar sus productos.

Medido en toneladas de granos, el resultado sería el mismo, pero estamos hablando de dos países completamente distintos.

En el primero la Argentina constituye una plataforma fotosintética para que los cultivos capten la energía solar y el agua que cae en las pampas y produzcan el grano que necesitan los compradores internacionales.

En el segundo modelo, aprovechamos esa necesidad y la satisfacemos, pero generamos valor aguas arriba y abajo del eslabón productor de los granos. Podemos decir que así creamos riqueza con equidad.

En principio, ningún político diría que está en contra del segundo modelo. Sin embargo, la realidad nos muestra que el modelo de la factoría fotosintética se encuentra tan internalizado en algunos sectores políticos y sociales, que solamente haciendo explícita la necesidad de agregar valor en origen se puede revertir esa concepción del papel del agro en la economía argentina.

La respuesta de JPP a Pedro Peretti

Estimado Pedro

Nadie podría estar en contra -y de hecho estoy a favor- de profundizar tanto como sea posible la industrialización de las materias primas agrícolas en el origen, de la diversificación de la producción y del desarrollo de la Argentina rural.

Ahora bien, de tu respuesta quisiera contestar a dos cosas puntuales: la vuelta a la chacra mixta y la sojización durante el ciclo K a la que hacés mención.

Respecto de este último punto, afirmás que el gobierno de los Kirchner es “concentrador y sojizador” porque en su gobierno el área sembrada aumentó 6 millones de hectáreas.

Veamos un poco la historia. En el tercer gobierno del Gral. Perón, el área se incrementó 160%, porque pasó de 169.000 a 442.000 hectáreas. Durante el Proceso, el salto fue más grande aún, ya que desde esas 442.000 el área creció a 2,36 millones (433%).

Con Alfonsín, no aflojó para nada. Fue un incremento de 98%, hasta llegar a las 4,67 millones.

Menem aportó lo suyo y dejó su gobierno con 8,40 millones de hectáreas, es decir un 80% más.

Tampoco el tándem De la Rúa/Duhalde le sacó el pie del acelerador a la sojización, dejando 12,6 millones para 2003, o sea un salto de 58%.

Con Néstor, el aumento fue de 28% hasta llegar a 16,1 millones y con Cristina del 14% hasta alcanzar 18,7 millones.

O sea, tomás el valor absoluto (que efectivamente ocurrió), pero lo desprendés del resto de la tendencia y se lo imputás a quiénes son hoy tus adversarios políticos, aunque ya no para la Presidencia de la Nación. El hecho es que en el mundo entero, el área con soja creció mucho más que el área con cereales (hay un gráfico muy claro de la fundación Producir Conservando al respecto).

Te propongo, Pedro que tomemos otros indicadores más imputables a la realidad de estos años. Por ejemplo, ¿cuántas nuevas pequeñas aceiteras se abrieron en estos años? ¿Cuántas nuevas plantas de alimento balanceado hay hoy en la Argentina respecto de 2003? Un dato: el consumo de alimentos balanceados pasó de 8 Mt a 14 Mt entre 2004 y 2010, según la misma cámara de balanceadores. Eso, creo yo, tiene que ver con una tendencia a agregar valor en origen , por parte de las pymes, y no de las grandes compañías “concentradas”.

En cuanto a la diversificación, lamentablemente, la agricultura global extensiva es muy poco diversificada. Las 670 Mt de trigo, las 870 Mt de maíz, las 450 Mt de arroz y las 270 Mt de soja, explican casi todo lo que necesita el sistema mundial para producir alimentos, incluyendo las proteínas animales.

La forma de generar trabajo rural no es haciendo cuatro años de agricultura y cuatro de ganadería, sino integrando al productor en la cadena de valor, con la cría porcina, avicultura, acuicultura, etcétera, utilizando las redes de las cooperativas, u otras formas asociativas.

En cualquier pueblo de los que visito me encuentro no con el productor que hace de todo, sino con el que se integra a todo. Pueden ser dueños de campo, que alquilan o no, tienen maquinaria para su propia producción, pero también dan servicios a terceros, se asocian con distribuidores y acopios para sembrar y hasta ya están participando en emprendimientos de transformación industrial o en producciones ganaderas intensificadas, como es la cría porcina.

Coincido en lo de “qué culpa tiene la soja”, pero en vez de combatirla tendríamos que ver cómo la aprovechamos mejor.

Un fuerte abrazo

¿Alianza Anti Soja? Pedro Peretti contesta editorial

Tras la presentación de Chacareros en Proyecto Sur, la agrupación del dirigente de la FAA, Pedro Peretti, realicé una editorial basada en la proclama “ni un metro cuadrado más de soja” que el líder federado había manifestado en la reunión.

El artículo http://infocampo.com.ar/application/output/documentos/1f1abe277e87c5fee0aff8e172b144fd.pdf criticaba el alineamiento de Peretti, un hombre proveniente de la agricultura pampeana, con una fuerza donde sobresalen los críticos de lo que llaman “el modelo sojero”, centrado en que usa glifosato, en que es un cultivo transgénico, en que es donde reinan los monopolios, los pooles de siembra y los grandes grupos concentrados.

Como ya escribí en alguna oportunidad, más bien habría que preguntarse por qué más de 60.000 productores en la Argentina eligen cultivar la soja y no otros cultivos, antes que hacer campaña en contra de su producción.

A continuación, la respuesta de Pedro Peretti, del 03 de mayo de 2011.

En un artículo publicado en la semana del 15 al 21 de abril, Javier Preciado Patiño me ubica como parte de una supuesta “conspiración nacional contra la soja”. Parafraseando una vieja canción de la Guerra Civil española que cantaban los republicanos, decía: “qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en la mata, si viene un hdp que lo mete en una lata y lo manda para caracas”, podríamos decir exactamente lo mismo de la soja… qué culpa tiene esta noble oleaginosa de lo que se desata a partir de sus virtudes, ni tampoco puede hacerse cargo de sus exegetas.

No sé de donde sacó Javier que estamos contra la soja. De lo que estamos en contra es del monocultivo, de la deforestación indiscriminada, de los pooles de siembra, de los monopolios exportadores o de los que quieren cobrar patentes sin respetar el uso propio de las semillas, nunca se nos ocurrió asociar a la soja al pecado o al delito. Lo que si creemos fervientemente es que no hay monocultivo bueno, ni concentración económica que no sea perjudicial. Eso es lo que estamos discutiendo y cuestionando, y a eso se refiere la consigna que cita parcialmente Javier en la nota, “Ni un metro más de soja, ni un centímetro menos de bosque”. Como verás no dice no sembremos más soja o dejemos de sembrarla definitivamente, dice: “ni un metros más” o sembremos menos, tratando de explicar que estamos sobre lo razonablemente aconsejado, que es una cosa totalmente distinta.

Es importante remarcar que no somos sólo nosotros los que estamos alertando sobre el monocultivo sojero en el modelo agropecuario nacional. Otto Solbrig, casi el padre de la siembra directa en el mundo, lo señala en la teleconferencia del 20 de octubre de 2010 (que se puede ver en la página web de Agrositio ; también el premio Nóbel de Economía, Prof. Joseph Stiglitz, alerta sobre la primarización de la economía y soja-dependencia en un reportaje efectuado por el diario Clarín el día 25 de diciembre de 2010; y el trabajo del INTA Casilda sobre los efectos nocivos sobre el suelo del monocultivo de soja, publicado en el diario La Nación del día 16 del corriente mes, alerta en el mismo sentido. Son voces más que autorizadas del mundo científico y productivo. 

 Por esto, creo sinceramente que la Argentina debe discutir un plan de diversificación productiva, de agregación de valor en origen y recuperación de sus chacras mixtas, que saque al país de esta primarización de su economía agraria y ponga el field de la balanza también, en las cuestiones del arraigo y las migraciones rurales internas que tantos dolores de cabeza nos trajeron en los últimos tiempos y de las cuales el monocultivo es una de sus génesis.

Javier incurre en una confusión al meter a todos en una misma bolsa, y construye una teoría conspirativa que no tiene nada que ver con la realidad.

El oficialismo es el principal responsable de la sojización en la Argentina. A las pruebas me remito: desde que el kirchnerismo ocupó el sillón de Rivadavia, y tomando cifras oficiales, se sembraron 6.143.155 ha más de soja. Así que aquí el doble discurso de algunos está más que a la vista. Mientras muchos criticamos esta realidad, y actuamos en consecuencia, el oficialismo verbaliza críticas pero actúa a favor de la concentración y el monocultivo.

En cuanto a Proyecto Sur, nosotros hemos planteado con claridad el retorno a la chacra mixta y vamos a poner a consideración de la ciudadanía un proyecto de fideicomiso integrado por el 10% de las retenciones de los 5 principales cultivos, a los efectos de organizar un plan de recuperación de taperas, agregación de valor en origen y diversificación productiva para aquellos pequeños y medianos productores que quieran salir del monocultivo y volver a la ruralidad.

Queremos devolver las retenciones de hasta 10 mil quintales con tal de que se incorporen al programa antes mencionado. Ese es el principal instrumento financiero, con el cual proponemos un programa de retorno a la chacra mixta, que tiene que ver con la rotación y con la vuelta de la ganadería a la Pampa Húmeda.

La Argentina debe, además, discutir un plan de colonización lácteo que proteja a sus cuencas lecheras del avance del monocultivo, y que genere más tambos y más tamberos, pues esta es otra debilidad intrínseca de nuestra economía agraria, que cuenta con una ínfima cantidad de tamberos (apenas un poco más de 8 mil). Todas estas cosas tienen que ver con la seguridad y la soberanía alimentaria, y se relacionan directamente con la sojización.

La creación de una política nacional porcina -actividad típica de la agricultura familiar- que frene las importaciones de carne de Brasil, Chile y Dinamarca, tiene que ser parte de este debate y debemos tratar de construir en conjunto, con la presencia indispensable del Estado, y es el inicio a una salida razonable al monocultivo sojero.

Por lo tanto, estimado amigo, no es una cruzada antisoja, es una cruzada antimonocultivo: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Que exista rotación agrícola-ganadera es absolutamente más eficiente que el monocultivo sojero y no sé por qué Javier la subestima tratándola de “antigua”. Transformar cada chacra en una fábrica, agregando valor y generando trabajo, a mi entender, es la forma más eficiente y moderna de pensar la producción.

Vender soja en grano, sin agregar valor, solamente para satisfacer las necesidades del capitalismo asiático, no parece ser precisamente un modelo moderno y menos aún virtuoso, sino que es algo muy similar a lo que pasaba en la primera mitad del siglo veinte, en donde el “monocultivo era ganadero” y le vendíamos carne solamente a Inglaterra; proceso que terminó haciendo crisis en la década del 30 con el célebre pacto Roca-Runciman.

No creo que sea sólo es cuestión de modernidad o antigüedad, es cuestión de sentido común plantear que este país necesita industrializarse, porque no será reprimarizando la economía agraria ni sembrando soja hasta debajo de la mesa es como se va a generar el trabajo; y menos aún pensando que la Pampa Húmeda sólo puede ser agrícola.

Que en la Argentina haya 60.000 productores de soja es un dato que no dice nada en sí mismo, como tampoco lo hace que haya 211.000 ganaderos o 50842 porcinicultores; el número en sí no significa mucho si no se lo relaciona con el tamaño y facturación de la explotación, allí si podemos sacar conclusiones más significativas que puedan marcar concentración, minifundio, o tamaño óptimo de la chacra. Además, acá no estamos planteando que un pequeño o mediano productor no siembre soja, lo que estamos diciendo es que por el bienestar de él y de la Nación no debe poner todos los huevos en la misma canasta. Es un consejo de sana economía, tan viejo como la humanidad misma.

Proyecto Sur propone un programa completo para la diversificación productiva, con la creación de un fideicomiso que asegure fondos para la agregación de valor en origen y el financiamiento que debe ser necesariamente estatal de esta agricultura que genere arraigo y mucho trabajo, y debe necesariamente imbricarse con la industrialización del país.

Bajo ningún punto de vista estamos en contra del desarrollo científico tecnológico, y menos aún contra el avance en materia de biotecnología. Creemos que la Argentina debe proteger esa vanguardia de inteligencia productiva que tiene en su sector rural y que debe ser la punta de lanza para empresas de mayor valor agregado y generación de trabajo en otras ramas de la economía, como ser la metalmecánica, la siderúrgica, la industria del software, etc.

No tenemos ningún tipo de prejuicio antisoja ni antidesarrollo científico, ni somos atrasistas. Sí somos contundentes a la hora de condenar la concentración de tierras y rentas, los monocultivos, la deforestación y todo aquello que haga que la agricultura no sea sustentable en el tiempo y amigable con su entorno.