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Factoría Fotosintética o Agro con Desarrollo Industrial

Hace un tiempo publicaba en este mismo espacio que “la agregación de valor es lo que define al modelo”. Es hora de retomar la cuestión a la luz del debate eleccionario.

Podríamos imaginar una misma producción granaria, por ejemplo la de las 100  millones de toneladas, bajo dos formatos completamente distintos.

En el primero, el país importa todos los insumos y los bienes de capital que se necesitan para alcanzar esa producción -la genética, los fitosanitarios, los fertilizantes, los tractores, sembradoras, cosechadoras- y exporta esos granos tal cual como salen de los lotes.

En el segundo, también producimos 100 millones de toneladas. Pero todos los insumos y bienes se producen dentro de nuestras fronteras y el grano que se cosecha, se procesa y transforma ahí nomás de donde se producen.

En este segundo caso, en la Argentina hay fábricas de tractores, cosechadoras, sembradoras y fumigadoras, que consume energía y acero, y crean puestos de trabajo. Hay fábricas de fertilizante que demandaron inversiones multimillonarias y mucho conocimiento, generando además más puestos de trabajos. Hay ingenieros agrónomos argentinos con doctorados en mejoramiento genético junto a biotecnológos trabajando en semilleras pequeñas, medianas y grandes que crean germoplasma y eventos para los productores locales y licencian los frutos de su trabajo intelectual a otros países del Mercosur y más allá.

En este segundo caso en cada pueblo se ha montado una aceitera, que vuelca las harinas proteicas a los galpones de cría porcina y avícola que han surgido en torno a los campos de producción. Hay también plantas de bioetanol que producen energía para la región no solo a partir de granos sino también de la celulosa que hasta el presente se desperdiciaba.

Las granjas avícolas y porcinas se han integrado a la industria frigorífica y forman sus propias redes asociativas o se integran al tejido cooperativo rural.

De esta forma, el precio del grano ha ido dejando de arbitrarse por los puertos de exportación para basarse en la competencia de los transformadores por la materia prima. Pero muchos productores ya son socios o parte del negocio de la proteína animal, con lo cual ahora captan una tajada mucho mayor en la renta de la cadena agroalimentaria.

Por otra parte se ha desarrollado una fuerte cultura de marketing de los alimentos y ahora cualidades como el origen son reconocidos en el mercado internacional. Los productores, asociados en las industrias alimentarias, participan de los consejos de denominación de origen y marcas, y se integran a las misiones comerciales al exterior para posicionar sus productos.

Medido en toneladas de granos, el resultado sería el mismo, pero estamos hablando de dos países completamente distintos.

En el primero la Argentina constituye una plataforma fotosintética para que los cultivos capten la energía solar y el agua que cae en las pampas y produzcan el grano que necesitan los compradores internacionales.

En el segundo modelo, aprovechamos esa necesidad y la satisfacemos, pero generamos valor aguas arriba y abajo del eslabón productor de los granos. Podemos decir que así creamos riqueza con equidad.

En principio, ningún político diría que está en contra del segundo modelo. Sin embargo, la realidad nos muestra que el modelo de la factoría fotosintética se encuentra tan internalizado en algunos sectores políticos y sociales, que solamente haciendo explícita la necesidad de agregar valor en origen se puede revertir esa concepción del papel del agro en la economía argentina.

La respuesta de JPP a Pedro Peretti

Estimado Pedro

Nadie podría estar en contra -y de hecho estoy a favor- de profundizar tanto como sea posible la industrialización de las materias primas agrícolas en el origen, de la diversificación de la producción y del desarrollo de la Argentina rural.

Ahora bien, de tu respuesta quisiera contestar a dos cosas puntuales: la vuelta a la chacra mixta y la sojización durante el ciclo K a la que hacés mención.

Respecto de este último punto, afirmás que el gobierno de los Kirchner es “concentrador y sojizador” porque en su gobierno el área sembrada aumentó 6 millones de hectáreas.

Veamos un poco la historia. En el tercer gobierno del Gral. Perón, el área se incrementó 160%, porque pasó de 169.000 a 442.000 hectáreas. Durante el Proceso, el salto fue más grande aún, ya que desde esas 442.000 el área creció a 2,36 millones (433%).

Con Alfonsín, no aflojó para nada. Fue un incremento de 98%, hasta llegar a las 4,67 millones.

Menem aportó lo suyo y dejó su gobierno con 8,40 millones de hectáreas, es decir un 80% más.

Tampoco el tándem De la Rúa/Duhalde le sacó el pie del acelerador a la sojización, dejando 12,6 millones para 2003, o sea un salto de 58%.

Con Néstor, el aumento fue de 28% hasta llegar a 16,1 millones y con Cristina del 14% hasta alcanzar 18,7 millones.

O sea, tomás el valor absoluto (que efectivamente ocurrió), pero lo desprendés del resto de la tendencia y se lo imputás a quiénes son hoy tus adversarios políticos, aunque ya no para la Presidencia de la Nación. El hecho es que en el mundo entero, el área con soja creció mucho más que el área con cereales (hay un gráfico muy claro de la fundación Producir Conservando al respecto).

Te propongo, Pedro que tomemos otros indicadores más imputables a la realidad de estos años. Por ejemplo, ¿cuántas nuevas pequeñas aceiteras se abrieron en estos años? ¿Cuántas nuevas plantas de alimento balanceado hay hoy en la Argentina respecto de 2003? Un dato: el consumo de alimentos balanceados pasó de 8 Mt a 14 Mt entre 2004 y 2010, según la misma cámara de balanceadores. Eso, creo yo, tiene que ver con una tendencia a agregar valor en origen , por parte de las pymes, y no de las grandes compañías “concentradas”.

En cuanto a la diversificación, lamentablemente, la agricultura global extensiva es muy poco diversificada. Las 670 Mt de trigo, las 870 Mt de maíz, las 450 Mt de arroz y las 270 Mt de soja, explican casi todo lo que necesita el sistema mundial para producir alimentos, incluyendo las proteínas animales.

La forma de generar trabajo rural no es haciendo cuatro años de agricultura y cuatro de ganadería, sino integrando al productor en la cadena de valor, con la cría porcina, avicultura, acuicultura, etcétera, utilizando las redes de las cooperativas, u otras formas asociativas.

En cualquier pueblo de los que visito me encuentro no con el productor que hace de todo, sino con el que se integra a todo. Pueden ser dueños de campo, que alquilan o no, tienen maquinaria para su propia producción, pero también dan servicios a terceros, se asocian con distribuidores y acopios para sembrar y hasta ya están participando en emprendimientos de transformación industrial o en producciones ganaderas intensificadas, como es la cría porcina.

Coincido en lo de “qué culpa tiene la soja”, pero en vez de combatirla tendríamos que ver cómo la aprovechamos mejor.

Un fuerte abrazo

¿Alianza Anti Soja? Pedro Peretti contesta editorial

Tras la presentación de Chacareros en Proyecto Sur, la agrupación del dirigente de la FAA, Pedro Peretti, realicé una editorial basada en la proclama “ni un metro cuadrado más de soja” que el líder federado había manifestado en la reunión.

El artículo http://infocampo.com.ar/application/output/documentos/1f1abe277e87c5fee0aff8e172b144fd.pdf criticaba el alineamiento de Peretti, un hombre proveniente de la agricultura pampeana, con una fuerza donde sobresalen los críticos de lo que llaman “el modelo sojero”, centrado en que usa glifosato, en que es un cultivo transgénico, en que es donde reinan los monopolios, los pooles de siembra y los grandes grupos concentrados.

Como ya escribí en alguna oportunidad, más bien habría que preguntarse por qué más de 60.000 productores en la Argentina eligen cultivar la soja y no otros cultivos, antes que hacer campaña en contra de su producción.

A continuación, la respuesta de Pedro Peretti, del 03 de mayo de 2011.

En un artículo publicado en la semana del 15 al 21 de abril, Javier Preciado Patiño me ubica como parte de una supuesta “conspiración nacional contra la soja”. Parafraseando una vieja canción de la Guerra Civil española que cantaban los republicanos, decía: “qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en la mata, si viene un hdp que lo mete en una lata y lo manda para caracas”, podríamos decir exactamente lo mismo de la soja… qué culpa tiene esta noble oleaginosa de lo que se desata a partir de sus virtudes, ni tampoco puede hacerse cargo de sus exegetas.

No sé de donde sacó Javier que estamos contra la soja. De lo que estamos en contra es del monocultivo, de la deforestación indiscriminada, de los pooles de siembra, de los monopolios exportadores o de los que quieren cobrar patentes sin respetar el uso propio de las semillas, nunca se nos ocurrió asociar a la soja al pecado o al delito. Lo que si creemos fervientemente es que no hay monocultivo bueno, ni concentración económica que no sea perjudicial. Eso es lo que estamos discutiendo y cuestionando, y a eso se refiere la consigna que cita parcialmente Javier en la nota, “Ni un metro más de soja, ni un centímetro menos de bosque”. Como verás no dice no sembremos más soja o dejemos de sembrarla definitivamente, dice: “ni un metros más” o sembremos menos, tratando de explicar que estamos sobre lo razonablemente aconsejado, que es una cosa totalmente distinta.

Es importante remarcar que no somos sólo nosotros los que estamos alertando sobre el monocultivo sojero en el modelo agropecuario nacional. Otto Solbrig, casi el padre de la siembra directa en el mundo, lo señala en la teleconferencia del 20 de octubre de 2010 (que se puede ver en la página web de Agrositio ; también el premio Nóbel de Economía, Prof. Joseph Stiglitz, alerta sobre la primarización de la economía y soja-dependencia en un reportaje efectuado por el diario Clarín el día 25 de diciembre de 2010; y el trabajo del INTA Casilda sobre los efectos nocivos sobre el suelo del monocultivo de soja, publicado en el diario La Nación del día 16 del corriente mes, alerta en el mismo sentido. Son voces más que autorizadas del mundo científico y productivo. 

 Por esto, creo sinceramente que la Argentina debe discutir un plan de diversificación productiva, de agregación de valor en origen y recuperación de sus chacras mixtas, que saque al país de esta primarización de su economía agraria y ponga el field de la balanza también, en las cuestiones del arraigo y las migraciones rurales internas que tantos dolores de cabeza nos trajeron en los últimos tiempos y de las cuales el monocultivo es una de sus génesis.

Javier incurre en una confusión al meter a todos en una misma bolsa, y construye una teoría conspirativa que no tiene nada que ver con la realidad.

El oficialismo es el principal responsable de la sojización en la Argentina. A las pruebas me remito: desde que el kirchnerismo ocupó el sillón de Rivadavia, y tomando cifras oficiales, se sembraron 6.143.155 ha más de soja. Así que aquí el doble discurso de algunos está más que a la vista. Mientras muchos criticamos esta realidad, y actuamos en consecuencia, el oficialismo verbaliza críticas pero actúa a favor de la concentración y el monocultivo.

En cuanto a Proyecto Sur, nosotros hemos planteado con claridad el retorno a la chacra mixta y vamos a poner a consideración de la ciudadanía un proyecto de fideicomiso integrado por el 10% de las retenciones de los 5 principales cultivos, a los efectos de organizar un plan de recuperación de taperas, agregación de valor en origen y diversificación productiva para aquellos pequeños y medianos productores que quieran salir del monocultivo y volver a la ruralidad.

Queremos devolver las retenciones de hasta 10 mil quintales con tal de que se incorporen al programa antes mencionado. Ese es el principal instrumento financiero, con el cual proponemos un programa de retorno a la chacra mixta, que tiene que ver con la rotación y con la vuelta de la ganadería a la Pampa Húmeda.

La Argentina debe, además, discutir un plan de colonización lácteo que proteja a sus cuencas lecheras del avance del monocultivo, y que genere más tambos y más tamberos, pues esta es otra debilidad intrínseca de nuestra economía agraria, que cuenta con una ínfima cantidad de tamberos (apenas un poco más de 8 mil). Todas estas cosas tienen que ver con la seguridad y la soberanía alimentaria, y se relacionan directamente con la sojización.

La creación de una política nacional porcina -actividad típica de la agricultura familiar- que frene las importaciones de carne de Brasil, Chile y Dinamarca, tiene que ser parte de este debate y debemos tratar de construir en conjunto, con la presencia indispensable del Estado, y es el inicio a una salida razonable al monocultivo sojero.

Por lo tanto, estimado amigo, no es una cruzada antisoja, es una cruzada antimonocultivo: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Que exista rotación agrícola-ganadera es absolutamente más eficiente que el monocultivo sojero y no sé por qué Javier la subestima tratándola de “antigua”. Transformar cada chacra en una fábrica, agregando valor y generando trabajo, a mi entender, es la forma más eficiente y moderna de pensar la producción.

Vender soja en grano, sin agregar valor, solamente para satisfacer las necesidades del capitalismo asiático, no parece ser precisamente un modelo moderno y menos aún virtuoso, sino que es algo muy similar a lo que pasaba en la primera mitad del siglo veinte, en donde el “monocultivo era ganadero” y le vendíamos carne solamente a Inglaterra; proceso que terminó haciendo crisis en la década del 30 con el célebre pacto Roca-Runciman.

No creo que sea sólo es cuestión de modernidad o antigüedad, es cuestión de sentido común plantear que este país necesita industrializarse, porque no será reprimarizando la economía agraria ni sembrando soja hasta debajo de la mesa es como se va a generar el trabajo; y menos aún pensando que la Pampa Húmeda sólo puede ser agrícola.

Que en la Argentina haya 60.000 productores de soja es un dato que no dice nada en sí mismo, como tampoco lo hace que haya 211.000 ganaderos o 50842 porcinicultores; el número en sí no significa mucho si no se lo relaciona con el tamaño y facturación de la explotación, allí si podemos sacar conclusiones más significativas que puedan marcar concentración, minifundio, o tamaño óptimo de la chacra. Además, acá no estamos planteando que un pequeño o mediano productor no siembre soja, lo que estamos diciendo es que por el bienestar de él y de la Nación no debe poner todos los huevos en la misma canasta. Es un consejo de sana economía, tan viejo como la humanidad misma.

Proyecto Sur propone un programa completo para la diversificación productiva, con la creación de un fideicomiso que asegure fondos para la agregación de valor en origen y el financiamiento que debe ser necesariamente estatal de esta agricultura que genere arraigo y mucho trabajo, y debe necesariamente imbricarse con la industrialización del país.

Bajo ningún punto de vista estamos en contra del desarrollo científico tecnológico, y menos aún contra el avance en materia de biotecnología. Creemos que la Argentina debe proteger esa vanguardia de inteligencia productiva que tiene en su sector rural y que debe ser la punta de lanza para empresas de mayor valor agregado y generación de trabajo en otras ramas de la economía, como ser la metalmecánica, la siderúrgica, la industria del software, etc.

No tenemos ningún tipo de prejuicio antisoja ni antidesarrollo científico, ni somos atrasistas. Sí somos contundentes a la hora de condenar la concentración de tierras y rentas, los monocultivos, la deforestación y todo aquello que haga que la agricultura no sea sustentable en el tiempo y amigable con su entorno. 

¿Cuánto glifosato se aplica con avión?

El Movimiento Antisoja Argentino ha instalado en la sociedad, con bastante éxito por cierto, la imagen de un avión fumigando la soja con glifosato, como ícono de la amenaza a la salud y el ambiente.

Ahora bien, realmente, ¿cuánto glifosato se aplica con avión en la Argentina?

Hace pocos días, en Arequito, en una charla que daba para productores pregunté cuántos de ellos habían aplicado glifosato alguna vez con avión. Nadie levantó la mano.

De vuelta en Buenos Aires estuve indagando con aeroaplicadores acerca del uso más frecuente del avión.

Las tres fuentes que consulté indican lo más demandado es la aplicación de insecticidas, seguido de fungicidas.

Herbicidas, en cambio, no es más de un 10% de lo que trata un avión al año y de esa parte, el glifosato es mínimo.

Pero los aplicadores aportaban otro dato: la posibilidad de deriva aplicando herbicidas es mínima porque se usa un tamaño de gota mayor, entre otras cosas para evitar dañar cultivos aledaños.

Otra conclusión que surge de aplicar el sentido común es que al productor no le haría ninguna gracia pagar producto y aplicación que terminen más allá de su lote. Económicamente es un desperdicio.

“El chacarero te da lo justo o un poco menos, incluso”, reconoció uno de los consultados.

Conclusión: el avión que aplica glifosato es algo así como la fotografía de los marines plantando la bandera estadounidense en el monte Suribachi de Iwo Jima, es decir, una ficción magistralmente utilizada.

Ley de Arrendamientos, una pieza clave en la relación Campo Gobierno

Según parece, alrededor del 70 por ciento de la agricultura argentina se realiza en campos alquilados. Vale decir que solo en 30 de cada 100 hectáreas es el propietario de la tierra quien asume el riesgo productivo. 

La razón de por qué ocurre eso es muy sencilla. Aquel que en los 90 estaba semifundido con un campo de 100 hectáreas en pampa húmeda, hoy saca al año no menos de $120.000 solo por el hecho de poseer campo.

Y esto es así, porque hay rentabilidad en la producción, a tal punto que se puede destinar un tercio de la cosecha esperada de soja en alquilar el campo y encima ganar dinero.

Es sintomático lo del propio Eduardo Buzzi, cuando relata que perdió un campo que alquilaba en el Chaco a manos de El Tejar, en su habitual diatriba contra los pooles de siembra. De los dichos del líder de la FAA se desprenden dos cosas:

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Una buena: duplicamos el consumo de maíz y soja para fabricar balanceados

“Good news, no new” (anónimo)

Las buenas noticias, paradójicamente no suelen ser noticia. A los fines de la comunicación resulta más interesante un asesinato que el hecho de cientos de miles de personas continúen con su vida normalmente.

Son las reglas del juego en el periodismo y el sector agro no iba a ser la excepción. Resulta más atractivo machacar en el cierre de tambos que en la apertura de plantas de balanceado.

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Tiempos de Añoranza: En los ‘70 la Soja era Buena

Una revisión rápida de alguna literaruta de fines de los 60 y principios de los 70 me llevan a la conclusión de la existencia de una pasión entre los argentinos: beatificar todo lo que es chico y no tiene éxito y demonizar a lo que es grande y exitoso.

Y la soja no le escapa a estas generales.

Revisé ediciones de esa época de Agro Nuestro, una publicación de la Federación Agraria Argentina, que gentilmente me ha obsequiado mi amigo y colega Danilo Gallay.

Hay que empezar por el título de una de las notas: “Soja: un cultivo de gran demanda que mejora los suelos“. “Que mejora los suelos”, qué paradoja con la publicidad negativa que se le está tirando en la actualidad como el cultivo que estropea todo lo que toca: el suelo, el ambiente, la salud…

El artículo refiere a que en entre el 15 y el 17 de agosto de 1971 se había realizado en Arequito la Primera Fiesta Provincial de la Soja, con la presencia de referentes del cultivo como fueron Carlos Ramussi y Antonio Pascale (de la Fauba), o el economista agrario Adolfo Coscia, del Inta Pergamino.

Por aquellos años era muy poquito lo que se producía del “yuyo”, pero se avizoraba que el potencial que tenía era impresionante. Entonces Ramussi y otros colegas organizaron una Comisión para el fomento del cultivo. Transcribo lo que en ese momento veían como beneficios que iba a traer la soja.

“El productor contará con un excelente cultivo para las rotaciones, mejorando los suelos; obteniendo mejores ingresos y aumentando los rendimientos de los cultivos posteriores (sic!). b) A los fabricantes de aceites, que tendrán una nueva semilla para cubrir su capacidad ociosa. c) A los fabricantes de alimentos balanceados que podrán incorporar a sus productos la harina de soja. d) A los exportadores, que contarán con una producción de gran aceptación en el mercado internacional; y e) Al país, por la mayor entrada de divisas” (¡que le preguenten a los gobiernos de la devaluación para acá!).

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La discusión por la ley de arrendamientos o bienvenidos al mundo del revés

(Advertencia: material políticamente incorrecto)

La semana pasada, en el Congreso de Aapresid, un joven productor del sudeste bonaerense comentaba su situación. Allí la presión por alquilar campos los había llevado el año pasado a niveles de 400 dólares la hectárea, valores a los que solo aquellos que cuentan con amplias billeteras son capaces de acceder (hay que sumarle los costos de producción).

Con esa realidad, este productor veía imposible crecer en escala. Posee el conocimiento pero no el acceso al mercado del dinero.

Para este otoño, tras la mala campaña generalizada que hizo mella en los márgenes, la falta de liquidez hizo que esos precios se derrumbaran a 200 dólares.

Ahora, el productor pensaba que esta vez sí podría apuntar a expandir su superficie, dado que la relación entre valor de los granos e insumos había mejorado y el margen era atractivo, contando con agua en el suelo desde ya.

Pero la misma cuenta la hicieron sus colegas y los grandes grupos de siembra que operan en la zona, que salieron a conseguir el cash y empujaron los arrendamientos a un nivel de 280 dólares la hectárea.

El lamento del amigo productor -hombre de firmes convicciones liberales en lo económico- dejaba entrever que no le parecería mal que hubiera un coto a la acción de los grandes grupos de siembra.

Esta es la punta del ovillo, por el cual un sector del campo -los productores nucleados en la Federación Agraria- piden desde hace años una reforma en la ley de arrendamientos.

La entidad insistió numerosas veces en los últimos años para que el Congreso trate una modificación a la ley de alquileres que los beneficie. Finalmente lo han logrado, pero en circunstancias que no habían imaginado.

En este “mundo del revés” ahora la Federación prefiere no agitar las aguas del debate, un sector del kirchnerismo impulsa el debate, otro genera argumentos para no innovar y la oposición que al principio se hacía eco de los reclamos federados, ahora guarda prudente silencio.

Veamos la compleja trama del asunto. (más…)

El G-9 en Diputados o el primer paso hacia la conformación del PJ Chacarero

Nueve diputados peronistas de Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba (G-9) acaban de presentar un proyecto que resulta una declaración de principios: proponen extender el Fondo Federal Solidario que distribuye el 30% de las retenciones al total de lo recaudado por derechos de exportación.

La lógica detrás de esta propuesta que piloteó el joven legislador entrerriano Gustavo Zavallo es que así como estas tres provincias sojeras comparten los recursos que los productores ceden con la cosecha de la oleaginosa al resto de las provincias y la ciudad de Buenos Aires, por qué no hacer lo mismo con el resto de los bienes y servicios que tributan retenciones.

Es por un lado poner en un pie de igualdad solidario a todos los sectores productivos y exportadores. Es por otra parte un planteo implícito de que hay que rediscutir la distribución de la riqueza del país entre la Nación y las provincias.

Zavallo y el resto de los diputados aclaran que esto no significa avalar o perpetuar el sistema de retenciones, sino simplemente hacerlo solidario sobre la base del Decreto PEN 206/2009 mientras se encuentren vigentes.

Pero hay un trasfondo político que no hay que dejar pasar. Se trata de nueve diputados que responden a los liderazgos de Busti en Entre Ríos, Schiaretti en Córdoba y Reutemann en Santa Fe.

Es el embrión del PJ Chacarero, que en pleno conflicto del campo se animó por primera vez a plantear una disidencia en voz alta con el oficialismo, y que luego tampoco exageró o sobreactuó esa disidencia.

Los de Reutemann ya han migrado hacia un bloque propio, Santa Fe Federal, que espera los refuerzos de sus colegas de la Región Centro actuales y de los que asumirán el 10 de diciembre.

Ya se ha hecho explícito que la idea es conformar un bloque Federal, que podría sumar a más legisladores de más provincias.

Como escribía un tiempo atrás puede resultar el contrapeso al emergente de De Narváez en la provincia de Buenos Aires, encolumnado detrás de un liderazgo con aspiraciones presidenciables (Reutemann), con proyección nacional, y brotando desde la Argentina chacarera y gringa.

Una política de Estado basada en la agregación de valor

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(publicado en el Semanario Infocampo del viernes 6 de febrero)

Valor agregado y desarrollo regional. Dos consignas que deberían ser el norte de cualquier gestión política nacional en materia de política agropecuaria. Gobernar es dar trabajo.

En un reciente periplo por Mendoza tuve oportunidad de palpar directamente lo que significa crecer en la cadena de producto, agregando valor.

Tomé contacto con una empresa familiar dedicada al negocio del vino. Producen unos 600.000 litros anuales a partir de la uva que cosechan en sus 120 hectáreas de finca. Su política es vinificar sólo lo que producen en sus fincas.

Operan en lo que se conoce como segmento de alta gama de los vinos y exportan el 80% de su producción, principalmente a Europa y América del Norte.

En la actualidad, la tercera y la cuarta generación tienen el control íntegro del negocio: desde la decisión de cuánta y qué uva producir, hasta la elección de la etiqueta que le pondrán a la botella.

Pero no siempre fue así. Los abuelos y bisabuelos fueron esforzados viñateros que vendían su producto a los bodegueros. Es a fines de los 80 cuando la familia da el salto adquiriendo una bodega que languidecía pasando de mano en mano.
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