(Advertencia: material políticamente incorrecto)
La semana pasada, en el Congreso de Aapresid, un joven productor del sudeste bonaerense comentaba su situación. Allí la presión por alquilar campos los había llevado el año pasado a niveles de 400 dólares la hectárea, valores a los que solo aquellos que cuentan con amplias billeteras son capaces de acceder (hay que sumarle los costos de producción).
Con esa realidad, este productor veía imposible crecer en escala. Posee el conocimiento pero no el acceso al mercado del dinero.
Para este otoño, tras la mala campaña generalizada que hizo mella en los márgenes, la falta de liquidez hizo que esos precios se derrumbaran a 200 dólares.
Ahora, el productor pensaba que esta vez sí podría apuntar a expandir su superficie, dado que la relación entre valor de los granos e insumos había mejorado y el margen era atractivo, contando con agua en el suelo desde ya.
Pero la misma cuenta la hicieron sus colegas y los grandes grupos de siembra que operan en la zona, que salieron a conseguir el cash y empujaron los arrendamientos a un nivel de 280 dólares la hectárea.
El lamento del amigo productor -hombre de firmes convicciones liberales en lo económico- dejaba entrever que no le parecería mal que hubiera un coto a la acción de los grandes grupos de siembra.
Esta es la punta del ovillo, por el cual un sector del campo -los productores nucleados en la Federación Agraria- piden desde hace años una reforma en la ley de arrendamientos.
La entidad insistió numerosas veces en los últimos años para que el Congreso trate una modificación a la ley de alquileres que los beneficie. Finalmente lo han logrado, pero en circunstancias que no habían imaginado.
En este “mundo del revés” ahora la Federación prefiere no agitar las aguas del debate, un sector del kirchnerismo impulsa el debate, otro genera argumentos para no innovar y la oposición que al principio se hacía eco de los reclamos federados, ahora guarda prudente silencio.
Veamos la compleja trama del asunto. (más…)