
(publicado en el Semanario Infocampo del viernes 6 de febrero)
Valor agregado y desarrollo regional. Dos consignas que deberían ser el norte de cualquier gestión política nacional en materia de política agropecuaria. Gobernar es dar trabajo.
En un reciente periplo por Mendoza tuve oportunidad de palpar directamente lo que significa crecer en la cadena de producto, agregando valor.
Tomé contacto con una empresa familiar dedicada al negocio del vino. Producen unos 600.000 litros anuales a partir de la uva que cosechan en sus 120 hectáreas de finca. Su política es vinificar sólo lo que producen en sus fincas.
Operan en lo que se conoce como segmento de alta gama de los vinos y exportan el 80% de su producción, principalmente a Europa y América del Norte.
En la actualidad, la tercera y la cuarta generación tienen el control íntegro del negocio: desde la decisión de cuánta y qué uva producir, hasta la elección de la etiqueta que le pondrán a la botella.
Pero no siempre fue así. Los abuelos y bisabuelos fueron esforzados viñateros que vendían su producto a los bodegueros. Es a fines de los 80 cuando la familia da el salto adquiriendo una bodega que languidecía pasando de mano en mano.
La integración los toma cuando el vino argentino comienza el despegue hacia el mercado mundial. Plan estratégico mediante, la vitivinicultura tomó el norte del crecimiento.
En esta edición del semanario Infocampo nos referimos a este buen ejemplo de la Argentina verde.
Pero en lo que a esta columna respecta, interesa ver qué significa agregar valor.
Según me estuve informando por esos lares, una hectárea de uva para vinos varietales puede dar unos 8.000 kilos (rinde y calidad son inversamente proporcionales).
El precio que el productor recibe por esta uva puede oscilar enre $1 y 2, según una gran cantidad de variables.
En el caso de que el negocio de la familia se redujera a vender uva, el ingreso de la empresa oscilaría, grosso modo, entre $1 y 2 millones por año.
Ahora, suponiendo que esos 600.000 litros de vinos varietales obtuviera un precio promedio de 20 euros por litro (un valor conservador, según los especialistas que consulté), la facturación de la empresa treparía a unos $54 millones, es decir de 27 a 54 veces de lo que ganarían como viñateros.
Por supuesto que este salto requiere de inversiones (con capital propio o tomando crédito), toma de riesgos, formación de management, contratación de servicios, vocación exportadora, etcétera.
Pero la pregunta es: A la sociedad donde se afincan estos emprendedores, ¿les es indiferente cuál fuere el destino de estas uvas?
Mi respuesta es que decididamente no. Una bodega en el mismo origen del viñedo genera, por ejemplo, turismo. Esto significa gente que deja sus divisas de paso por la región, alojándose, comiendo, visitando lugares y comprando artículos para regalar.
Significa también oportunidades para los profesionales de la enología, los agrónomos, los fabricantes de insumos y bienes para las bodegas, los diseñadores gráficos, los estudiantes de turismo, los licenciados en márketing, los consultores de imagen, etcétera, etcétera.
Hasta certificar el origen de las uvas con las que se hace el vino (la Argentina cuenta ya con una ley de denominación de origen e indicación geográfica) es parte del agregado de valor y eso también genera oportunidades.
Pasando a nuestras producciones extensivas pampeanas, es claro que no se puede lograr algo similar en escala con la soja, el trigo o el maíz.
Sin embargo, es tanto lo que hay para hacer y de tanta dimensión, que cualquier avance, por mínimo que sea, en la agregación de valor multiplica oportunidades.
Estoy al tanto de proyectos para la producción de harinas especiales que no se concretan porque ¡el inversor además tiene que pagar el transformador para que la energía eléctrica le llegue a la planta! Increíble.
De ahí que si el Estado debe estar presente en alguna instancia, es justamente en la facilitación del proceso de agregación de valor. Lo relevante es convertir esto en una política de estado, que trascienda la mezquindad de las coyunturas. Establecer bases sólidas para que los emprendedores sepan que invertir en avanzar en la cadena de valor será premiado, siempre.
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Está claro q están hablando de la alta gama de los productores diferenciados y no de la atomización reinante. También de q el estado no ayude en el transformador de 1 proyecto en harinas especiales seguramente sería beneficioso pero para la Industria Molinera tan subsidiada x este modelo
Lo bueno sería llegar en incentivos para la gran masa de productores de la baja gama. Supongo q es Ahí donde debería estar puesto el foco del asunto. Si bajan las retenciones q sean diferenciadas. bienvenidas las inversiones de los poderosos productores y empresarios Agroindustriales q dan trabajo y q seguramente generan movilidad ascendente pero a los productores q hay q fortalecer es justamente a los de la F.A.A., lástima q Buzi sea tan de Duhaldista, me gusta q sea tan político pero no entiendo xq exponer tanto su inclinación política personal hacia personas…Claro está x la institución q representa hacia donde vá su ideología la cuál comparto.
Distinto es el caso de C.R.A. Supongo q sus asociados no están fundiéndose, sí entiendo q no están bien; pero realmente ahogados estuvieron en los ´90 si no pudieron capitalizarse e invertir en sus explotaciones.
Entiendo ´al campo´ como un ´movimiento social´ q bien podría equipararse ´al justicialismo´. Depende hacia q vertiente ideológica se quiere volcar, si hacia el Neoliberalismo de Menem y de la S.R.A. o hacia la gran masa de productores de baja gama de la F.A.A.
Comentario publicado por: elpepe880 | 20 Febrero, 2009 en 22:24
Javier
Mas claro que el agua…y gracias al agua de riego!!!!
El ejemplo mendocino es para copiar. Creo que es posible e imprescindible agregar valor pero además hoy todas las producciones del país necesitan que el estado se ocupe de que se moje el suelo, del insumo básico, EL AGUA!!!! Como en Mendoza, pero en cada zona productora del pais.
Abrazo y felicitaciones
En este sentido,
Comentario publicado por: Marcelo | 9 Febrero, 2009 en 12:42
excelente articulo, con la esperiencia del autor seria interesante que tome otras producciones como lactea y produccion de quesos, porcina y chacinados, cereales y avicolas, etc.
Comentario publicado por: cantero | 6 Febrero, 2009 en 20:26
Si bien no son casos exactamente equiparables, la experiencia del sector vitivinícola es un buen referente donde el sector lácteo podría comenzar a mirar.
Comentario publicado por: Letxi | 6 Febrero, 2009 en 11:58